Esto de Jorge Bustos, recuperado de Asombro y Desencanto: "La democracia liberal, con su refinado equilibrio de poderes y su respetuosa representación de la vida de los otros, fue inventada por hombres que leían, argumentaban y escribían; no está claro que sepan conservarla hombres que ven, sienten y comentan.”
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30.9.26
29.11.19
Rumanía y la historia
Un par de vuelos domésticos, es decir, por Europa, y remato A la sombra de Europa, un ensayo de Kaplan centrado en Rumanía. Varias páginas luminosas. Como la 168: "Los aciertos de un gobernante
no se suelen cifrar tanto en la consecución de un objetivo concreto como en
evitar que lleguen a producirse hechos aún peores". Y es que, como señala poco más adelante Kaplan, "Cuanto peor es la tiranía, peor es el vacío de poder que, indefectiblemente, sigue a continuación"
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10.2.16
Torga el nuestro (y Portugal) IV
Torga, y su Portugal. Algunas reflexiones que parezco estar oyendo en La Raya, a la lumbre, sentados en una escañeta: "Los años nos dan la admirable convicción de que todo tiende
al equilibrio."
La reivindicación del carácter abierto de Oporto. El comercio hace libre al hombre. Y tolerante. Señala Torga: "Mientras quemaban a sus semejantes a diestro y siniestro en
Lisboa, en Oporto no hubo más que un auto de fe, y si la primera voz que clamó contra la pena de muerte en Portugal salió de su corazón podemos tener
confianza."
Y siempre, global y local. Local y global: "Cuando se quiere imitar y suplantar lo ajeno, lo que se consigue es reducir lo propio. Sólo es grande la multiplicación incansable del auténtico."
Y siempre, global y local. Local y global: "Cuando se quiere imitar y suplantar lo ajeno, lo que se consigue es reducir lo propio. Sólo es grande la multiplicación incansable del auténtico."
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28.10.14
Kaplan y el monzón (I)
Cierra uno Monzón, y lo primero que le viene a la cabeza es la idea de que el mundo sigue girando. Es algo difícil de creer en un sitio como España, donde algunos de mis conciudadanos creen que hay una cosa que se llama derechos medievales que les permiten tener privilegios y otros se ofrecen, en un alarde de modestia, a reconducir la Unión europea ellos solos.
Pero sigue. Y sigue su camino hacia el oeste. Y no se detendrá en el Pacífico. Y ahí un grande entre los grandes para recordárnoslo. Robert Kaplan, el hombre que nos cuenta lo que no imaginamos. No sé como hay gente que va por la vida sin haberlo leído. Podrá uno estar de acuerdo con él o no, pero es un must, o como se diga en castellano. No comprenderá el siglo XXI quien a estas alturas no entienda cosas como las peculiaridades de los Baluchis y el carácter sincrético de ciudades como Karachi. O que no sepa que la diferencia básica entre Bombay y Calcuta es mucho más que la distancia entre este y oeste del país...
El Índico, un mar convertido en una ruta comercial gracias al sistema monzónico.
Deje de leerme y vaya comprarlo.
9.7.12
Cultura clásica, a la vuelta de la esquina
El
viaje
mediterráneo de Kaplan, decía, continúa haciendo escala en Sicilia, la isla que parte en
dos el mediterráneo. La isla en la que se encontraron los mundos griegos y
latinos. La isla a la que iré. Y
no será el primer sitio al que Kaplan me lleva,
de la mano. La isla en la que tanto hay que recordar: la sabiduría de Hermócrates,
contada por Tucídides.
La fatal atracción que hoy sigue despertando Alcibiades,
frente a la prudencia de Nicias...
La
leyenda de los tiranos de Siracusa, de Gelón a Hipócrates, pasando por ese Dionisio
que atrajo a Platón y que dio lugar a la gráfica imagen de la Seducción de Siracusa,
tan de actualidad en el pasado Siglo XX. Pero la atracción siciliana no
descansa sólo en la antigüedad: el
repaso que Kaplan hace de la llegada normanda a la isla, un crisol bajo el
reinado de Rogelio
II, un punto clave de la historia medieval. La llegada de los Altavilla y de sus
mercenarios normando cambió la geopolítica de la zona, tal y como también cuenta
Holland en su fascinante Milenio.
La
civilización clásica. Un lugar en el que refugiarse en estos tiempos de
mediocridad abrumadora. O de abrumadora mediocridad.
PS:
[…] el viaje ofrece el mejor tipo de
soledad, puesto que la auténtica aventura no radica en el riesgo físico, sino
en la adquisición de conocimiento.
Kaplan,
Robert D.: Invierno
mediterráneo. Un viaje por Túnez, Sicilia, Dalmacia y Grecia.
Barcelona, Ediciones B, 2004. Pág. 106
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8.7.12
Los lotófagos y la patria olvidada
El
invierno de Kaplan continuó su viaje por Sicilia, tras dejar atrás Kairuán
y la isla
de los lotófagos, quizá la actual Yerba.
Una hermosa isla, que permitía a los que comían sus frutos olvidar su patria,
tal y como cuenta Homero en la Odisea. Mientras el autor embarca, el lector medita
sobre la necesidad de esa isla en nuestra vida. Ese sitio en el que empezar de
nuevo, en el que olvidarlo todo, en el que construir desde cero. Por eso,
mientras el lector reflexiona, venían a su cabeza los versos de Luis Cernuda, aquel poema,
peregrino, que principiaba “¿Volver? Vuelva
el que tenga, / tras largos años, tras un largo viaje, / cansancio del camino y
la codicia / de su tierra, su casa, sus amigos, / del amor que al regreso fiel
le espere”.
Ese
lema, final, que aparece acompañar a Ulises durante todo su viaje: “tus pies sobre la tierra antes no hollada, /
tus ojos frente a lo antes nunca visto”.
Es
domingo
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7.7.12
Disquisiciones conceptuales, a vueltas con el turismo...
Basándose
en una obra de Paul
Fussell, Kaplan establece, en su invierno
mediterráneo, una distinción entre exploradores, viajeros y turistas. Aquellos llegaron hasta el
XVIII, los viajeros son propios del XIX y los turistas del XX. Si los
exploradores buscan llegar donde no llegó nadie, los viajeros buscan descubrir
y comprender aquellos rincones en los que se fraguó la historia del mundo,
mientras que los turistas disfrutan de lo que alguien ha preparado, con más o
menos gracia, para ellos.
La
disquisición es pertinente. Viajar es tener los ojos abiertos, buscar,
confirmar, leer, dudar… ser turista en dejarse llevar. En efecto, viajar cuesta
un gran esfuerzo, no sólo económico. Viajar exige tenacidad y por eso el viaje
ha de ser visto como una forma de crecimiento personal (será que estoy
empezando la Odisea). O de refinamiento del espíritu, si se prefiere.
Kaplan,
una de las personas que me enseñó a viajar, no se deja llevar por los tópicos.
Se puede ir de hotel barato en hotel barato, vestido de perroflauta, y no enterarse uno de nada, y se puede
ser jubilado, ir en un viaje del inserso,
e intentar comprender todo lo que nos rodea.
Como
casi siempre, la clave está en nosotros.
Por mi parte, yo viajo poco pero, cuando lo hago, procuro no hacer
turismo. Ya
me conoce, desocupado lector.
PS:
[…] el hecho de que haya muchos lugares
donde uno sólo puede ser un turista no significa que dichos lugares carezcan de
valor o que por lo menos no puedan resultar tan inspiradores como las mejores
clases.
Kaplan,
Robert D.: Invierno
mediterráneo. Un viaje por Túnez, Sicilia, Dalmacia y Grecia.
Barcelona, Ediciones B, 2004. Pág. 208
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6.7.12
El viaje como placer estético
Aunque
en realidad es uno de sus últimos libros, el invierno
mediterráneo de Kaplan lo que recoge, en realidad, es el
primero de sus viajes. El texto recoge el recorrido que, a finales de 1975 y
con veintipocos años, el joven escritor realizó, durante un invierno, por el
mediterráneo. Es un libro magnífico,
como casi todo lo que le he leído a Kaplan cuando viaja, en el que se mezclan de
manera sencilla reflexiones sobre el propio concepto del viaje con la historia
de los lugares que el autor visita. El viaje comienza en Cartago.
Aquel Cartago con el que yo me tropecé por primera vez unas fiestas de Barrio a
finales de los ochenta. Era una tarde agosto y ya sabe, lector, que Lisboa
resplandecía. El día que muera, mi espíritu vagará libre por esos pocos
quilómetros cuadrados de superficie que contiene el triángulo que forman la Villa, el Mercado y el mi pueblo. Con todo lo que contiene,
claro. Y el grupo repetía, incansable: “Hijos
de Cartago, la victoria es nuestra, sabrán los romanos de nuestro valor…”.
Quizá ningún sitio como Cartago, aquella ciudad fundad por los fenicios en el
siglo IX antes de Cristo, como para comprender por qué el concepto “historia”
está ligado de manera íntima al de “conocer”. Sin historia, no podemos entender
nada del presente. Cartago, aquel Cartago que se ve desde
Chez Magui mientras uno ve caer la tarde con una copa de vino en la mano y
unas aceitunas en el plato. Todo empezó aquí, cuando las dos riberas del
mediterráneo eran en realidad un solo territorio, más unidos entre sí que con
el resto de Europa o el Sahel
africano.
El
viajero recorre también, para nosotros, la Muqadima
de Iben
Jaldún y nos muestra lo que un texto intemporal nos
puede enseñar, tantos siglos después. Y algunas pinceladas mayores. No es
extraño que la primavera árabe estallara en Túnez, precisamente. Una sociedad
articulada y razonablemente urbana; una civilización ancestral frente a lo que
han sido Argelia o Libia: meros nombres geográficos sin ninguna tradición
societaria detrás. Más pinceladas: la llegada del cristianismo, una religión
revolucionaria, ligada a los pobres, y que también llegó por mar. San Agustín
es una muestra de aquella África mediterránea más ligada, ya digo, al mar que
al desierto, y que desapareció en el siglo VII con la llegada, esta vez por
tierra, de unos nuevos invasores que
esta vez venían por tierra. Y llegaron para quedarse
muchos siglos…
PS:
Cuanto más bello es el paisaje, más arde
uno en deseos de devorar su pasado y su cultura: toda la vida intelectual
reposa en última instancia en la estética.
Kaplan,
Robert D.: Invierno
mediterráneo. Un viaje por Túnez, Sicilia, Dalmacia y Grecia.
Barcelona, Ediciones B, 2004. Pág. 37
28.5.12
Canadá y los pecados
El
presente y el pasado de Canadá
se aborda, en cierta medida, en el
libro de Reverte. Todos los países tienen su historia
negra, aunque
quizá sólo los españoles la hayan interiorizado de manera
acrítica. Ventajas de tener una élite
como la nuestra. Si Australia masacró
a sus aborígenes, o si Bélgica práctico un genocidio
brutal en el Congo, no podían faltar los canadienses. Y
esto sale en el libro. Traslados forzosos de población durante la guerra fría.
Creación de ciudades artificiales a las que se forzó a ir a vivir a población
esquimal. Población reducida hoy a la nada. Alcoholizados. Sin esperanza
vital. La otra cara de la modernidad. La
otra cara de un mundo que quizá, lo vemos ahora, era sólo un espejismo. El
mundo necesita más Canadás, dice uno de los eslóganes del país. Es posible. Pero
el que esté libre de pecado…
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27.5.12
Aquellas tragedias de leyenda...
El
libro de Reverte. El objetivo de abrir el Paso del Noroeste
estuvo claro durante siglos. Para las monarquías británica y francesa (sí, hubo
una época, desocupado lector en la que los franceses
tuvieron reyes, y no esa colección de naderías que va del ególatra
De
Gaulle a la bobada holandesa,
pasando por colaboracionista Mitterrand o el corrupto Chirac.) el tema estaba
claro. Para llegar a China el problema era que había que bordear África o América
por el sur. Y si los puertos de África eran posesiones portuguesas, qué decir
del Caribe, un mar español, de los virreinatos del sur del continente. La
leyenda hablaba de un camino que permitía llegar al Pacífico por el Norte. Muchos
hombres murieron en el intento. Hudson,
el pusilánime Hudson, que arrastró con él a la muerte a su hijo de dicicocho
años, tras sufrir un motín en 1611. La expedición de John
Ross en 1818, los viajes de
Parry años después. La tragedia de los hombres de Franklin,
desaparecidos en una época en la que los medios de comunicación ya eran capaces
de componer relatos completos sobre los dramas humanos. Franklin era un insensato
que no había aprendido anda de sus anteriores andanzas en el Ártico, sólo así
se explica que llevara copas de cristal o vajilla de plata. Un hombre que
siempre pensó que los esquimales eran salvajes y que no entendía, por ejemplo,
la necesidad de comer hígado de foca para prevenir el escorbuto. Franklin
partió en una expedición en busca del paso cuando ya era un hombre anciano para
la época, en 1845, con más de ciento veinte hombres. Ninguno regresaría con
vida. Tras más de dos años sin saber nada de su expedición, la insistencia de su
mujer, modelo de dama victoriana, hizo que empezaran a
organizarse expediciones en su búsqueda. Más de medio centenar entre 1848 y
1859, algunas de ellas financiadas por su esposa. Su desaparición lo convirtió
en una leyenda. En el héroe que parte para no volver. Un divinal Odiseo que no volverá
jamás. Poemas, canciones populares. Una historia de amor imposible. Una viuda
que no descansó hasta localizar sus huesos.
Finalmente,
fue Roald
Amundsen, quien supo aprender de los esquimales, e primer
occidental que cruzó el Paso y despejó las dudas y las leyendas. Ironías de la
vida, al igual que Franklin, Amundsen también acabó desapareciendo entre los
hielos, en este caso en el mar de Barents,
años después.
PS:
Dice un personaje del libro de Reverte que “a los hombres inteligentes sólo nos interesan las
tragedias. Los finales felices los dejamos para los escritores mediocres”
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25.5.12
Vivir es viajar
El
libro de Reverte sobre su viaje al Ártico. Mi segunda
incursión en la literatura española de viajes. Es curiosa porque la primera, del
amigo Moretón, resultó fascinante, tanto en lo personal como
en lo literario. Esta ha sido más floja. O más desigual. No me gusta como
enfoca Reverte
la literatura de viajes. Quizá porque mi
visión es la de Kaplan,
o simplemente que me hice mayor con Ascherson
de maestro. Lo único que importa es el camino, no quien lo está viendo. Y si
quien lo está viendo quiere contar algo de su día a día, ha de hacerlo si eso
le aporta algo al lector. Un ejemplo. Kaplan
cuenta en Bucarest su estancia en el Hotel
Athénée. Lo hace porque durante la guerra fría, todos
los empleados trabajan para el Servicio de
Seguridad comunista. Ahí tiene sentido meter la visita al
hotel. El problema es que Reverte cuenta el menú del barco. O las partidas de
cartas que juega con sus compañeros. No me interesan. Nada. Por eso, el libro es
muy irregular. Gana mucho cuando describe lo que ve y cuando lleva de la mano
al lector por la mítica historia de la búsqueda del Paso del
Noroeste. Una historia que se convirtió en leyenda, con la
trágica suerte de algunas expediciones como la de Frankin
y una historia en la que, ya lo siento progres
jeremíacos, la Monarquía hispánica jugó también un
papel destacado durante décadas.
PS:
Hablando de viajes. Aquella Guinea. Llegar tarde ya.
1.8.05
Una aproximación al concepto de historia
Para todos aquellos improbables lectores que sigan creyendo en el determinismo histórico. Para los que creen en las conspiraciones de la masonería, el gran capital, la gran banca o la iglesia. Ahí va una aproximación conceptual:
"La historia es a menudo producto de la irreflexión. Es una hija bastarda de la estupidez humana, el fruto de unas mentes obnubiladas, de la idiotez y de la locura".
Ébano. Ryszard Kapuscinski ABC Madrid, 2004. Págs. 244/245.
Ya en el centro. Es lo que ando leyendo ahora.
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