Esto de Jacobo Bergareche, el otro día en el periódico: "Juan Luis caminó
hasta el quiosco de la plaza y se sentó en un banco a hacer otra pausa.
Alrededor de él un enjambre de niños y niñas de varias edades jugaban un
desordenado partido de fútbol. Miré cómo él los observó durante el rato que
descansaba. Quién sabe lo que estaría pensando. Ahora que
recuerdo a mi tío mientras escribo esta última entrada de mi cuaderno de verano
hay algo que me parece enormemente bello en aquella escena. Hace ochenta años
mi tío era aquellos niños que correteaban en la misma plaza; sus padres estaban
en esa misma barandilla donde estaba yo tomando un zurito. Hace cincuenta años
él era el padre en la barandilla que miraba a sus hijos y sobrinos en esa plaza
donde yo jugaba, y también veía caminar a un tío ya anciano que, como él, se
sentaría en la plaza a ver a los niños. Dentro de unos años mis primos y yo
seremos los que estemos en ese banco, y quizás nuestros hijos estén en la
barandilla y nuestros nietos jugando en la plaza. Quizás mi tío vio a los niños
y recordó que él era esos niños, y los jóvenes de la barandilla, y todos los
ancianos de los bancos.
Siempre es esa
misma plaza, en las fotos ya centenarias que tengo de los álbumes familiares,
siempre son los mismos niños, y siempre son los mismos padres con su vermú..."