Esto de Buruma en Letras Libres, a vueltas con la identidad y el fútbol: "Digo “nosotros”, un pronombre que suelo evitar. Pero, como creo que señaló una vez Arthur Koestler, está el nacionalismo y luego está el nacionalismo futbolístico, siendo este último mucho más intenso. Koestler, ciudadano británico criado en Budapest, fue un nacionalista futbolístico húngaro toda su vida. Nací y crecí en los Países Bajos y, aunque me fui en 1975, confieso ser un acérrimo chovinista futbolístico neerlandés.
Lo mismo ocurre con Simon Kuper.
Nacido en Uganda de padres judíos sudafricanos, criado y educado en los Países
Bajos y en Gran Bretaña, y ahora ciudadano francés, Kuper es, como Koestler y
como yo, alguien a quien Stalin habría llamado un “cosmopolita sin raíces”. No
obstante es un ferviente seguidor de la selección holandesa, cuyos jugadores
visten los colores naranja de la casa real holandesa. Le encanta su estilo
fluido. Sin embargo, Kuper solo tenía cuatro años cuando Alemania se impuso
sobre su equipo adoptivo en 1974. Su opinión sobre aquella derrota es que los
holandeses no le habían dado ninguna importancia, porque, con su hermoso juego
ofensivo, habían tenido una victoria moral. En realidad no fue así: a la gente
sí le importó, y mucho. Ser derrotados por los krauts fue como revivir la
Segunda Guerra Mundial."

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