Este párrafo de Jordi Ibáñez, en El País: En La república tecnológica se dice claramente que las exigencias geopolíticas obligan a reconocer que la gran potencia rival, China, juega con ventaja por el hecho de no ser una democracia, del mismo modo que Estados Unidos juega con ventaja frente a Europa por las posibilidades de una actividad empresarial y tecnológica mucho menos regulada. En un texto muy citado de 2004, The Straussian Moment, Peter Thiel lo dijo de un modo que ha de leerse dos veces para saber que se ha entendido bien: “O perdemos nuestra identidad, o perdemos la guerra”.
El artículo continúa con otra reflexión bien interesante: En 1996 el filósofo italiano Emanuele Severino dijo que la técnica suponía el final de la buena fe porque las razones técnicas habían ocupado el lugar de las razones morales. Es una afirmación tan exagerada como, desgraciadamente, verosímil en tiempos exagerados e imprevisibles como los actuales.
