¿Qué pinta un gestor aeroportuario ofreciendo un premio literario de dimensiones estratosféricas? De verdad, ¿ese es su territorio? ¿Qué hay detrás de esa maniobra? ¿No tiene otro lugar en el que invertir el dinero, cuando el aeropuerto de Extremadura no tiene sistema de aproximación con niebla?
Me quedo con esta aguda, y angustiosa, reflexión de Ángel Fernández Recuero en Jot Down: "El Premio Planeta podrá
gustar más o menos. Se le podrá acusar de comercial, de previsible, de popular.
Pero es un gran evento privado, financiado con dinero privado, parte de un
sector que asume riesgos empresariales. Si ahora el Estado coloca una cifra
mayor para marcar territorio, lo que hace no es complementar: es desplazar. No
prohíbe ni sustituye. Sobredimensiona y deja a una histórica editorial punta de
lanza de la narrativa hispana en un segundo plano. ¿Con qué derecho se utilizan
nuestros impuestos para esto?"