Sacaba el otro día El País un análisis sobre el modelo chino de capitalismo, un modelo antiguo, rancio, y trufado de amiguismo y falta de libertad. A lo que más se parece el mundo empresarial chino en estos momentos, es a la España de los años sesenta, aunque con mano de obra esclava, lo que aquí no había: Estos dos párrafos:
"Cualquier empresa que opere en China —pública, privada o
extranjera— es consciente de que su crecimiento y triunfo en el mayor mercado
del mundo depende, en parte, del beneplácito del poderoso Partido Comunista
Chino (PCCh)"
Con células del partido, como en el sueño falangista de los años cuarenta: "En su constitución, el PCCh establece que cualquier empresa
en la que trabajen tres o más de sus miembros debe constituir una célula del
partido dentro de ella"
No hay comentarios:
Publicar un comentario