Es ya tradición que a la rapaza y a mí los reyes nos dejen de regalo un par de entradas para un musical. Esta vez, aconsejados por el simpar Aemilius, nos acercamos a ver Houdini, en el Teatro Calderón. El montaje es magnífico y gira en torno a la muerte Erik Weisz, el mítico mago, de orígenes judíos centroeuropeos, claro.
Una reflexión sobre la vida, la muerte, el amor y el deseo. Y, a la vez, un numero de magia e ilusionismo fascinante.
En cuanto te despistas tres minutos, Madrid te devora...




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