Aún quedan esperanzas en el ámbito intelectual. El maravilloso manifiesto denunciando el Derecho a extorsionar de los secesionistas catalanes. Las mejores firmas, nada que ver con las bobadas de Pérez Royo y de Susote...
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3.12.19
10.1.17
Bauman
Murió Bauman y hoy somos todos un poco más pobres. Son los pensadores que no piensan como nosotros los que nos hacen crecer. Que la tierra le sea leve...
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14.3.16
Intelectuales
Tengo casi rematado El cura y los mandarines, la desoladora visión que Gregorio Morán dibuja de la cultura española en la transición.
En la página 670, hablando de Jorge Semprún señala "En el fondo confirmaba que un intelectual es un animal capaz de matar y de hacer el elogio de la víctima, algo que no puede hacer la gente común,ni especie alguna".
En la página 670, hablando de Jorge Semprún señala "En el fondo confirmaba que un intelectual es un animal capaz de matar y de hacer el elogio de la víctima, algo que no puede hacer la gente común,ni especie alguna".
10.6.15
Pobreza de ideas
Esa mezcla de la consigna y el insulto que puebla nuestra vida pública. Ese retrato. Certero. Y demoledor. Acérquense a la columna Ideas, de Enric González, el otro día en el mundo. Hay que ser insobornablemente libre para escribir estas cosas. Para reivindicar a Raymond Aron o a Jean François Revel. Para citar a Terstch con respeto.
Un diez, maestro.
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29.12.14
Un (otro) enemigo del pueblo
Se llama Kamel Daoud y es argelino. Y piensa. Y por ello molesta a los totalitarios. Allí donde los barbudos ven a un enemigo del pueblo, yo veo a un clérigo que no traiciona su misión.
Conozca su historia, lector, y ayúdeme a difundirla.
Toda la suerte, Kamel. Todo el afecto. Todo el apoyo.
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4.12.13
Amos Oz. Brillante.
Amos Oz. Ya hablé sobre él alguna vez aquí. El hombre al que muchas veces en la vida lo llamaron traidor. Una hermosísima lectura en el Babelia del sábado pasado. Ideal para leer como, era mi caso, sobrevuela uno el continente. Hay lecturas que nos buscan. Y hay lecturas que hemos de hacer, forzosamente, en un avión.
Disfrútela lector. Es difícil no dejarse llevar por la nostalgia, en estos tiempos de estúpidos patrioterismos:
"Hoy, todo el mundo es europeo, y el que no lo es está
haciendo cola para serlo. Hace 80 ó 90 años, los únicos que eran auténticos
europeos eran los judíos como mis padres. Todos los demás eran patriotas
búlgaros, patriotas irlandeses, patriotas noruegos... Los judíos eran europeos
devotos. Eran poliglotas, les encantaba que hubiera historias distintas, y los
legados literarios, y los tesoros artísticos y, sobre todo, amaban la música. Y
amaban los paisajes, los prados y los bosques, los torrentes y los bosques
nevados, los estrechos callejones de las ciudades antiguas, las universidades y
los cafés. Pero Europa nunca les quiso a ellos. Por ser genuinos europeos les
tacharon de "cosmopolitas", "parásitos",
"intelectuales sin raíces" [...].
El artículo completo, ("Árboles en la nieve") disponible pinchando aquí.
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9.9.13
Cainismos...
Me
pasa el amigo Batera, del que leo todo lo que me manda, una tribuna en el país de un tal Lapuente a vueltas con lo malvada que es la derecha
española. Son artículos un poco bobos, la verdad. Con tal de atacar al PP, el
autor hasta asegura que el reaganismo y el thatcherismo estaban basados en
intelectuales que buscaban una vida mejor (no como estos que son unos hijosdeputa, le falta decir). Vivir para ver. Toda la vida nuestra
izquierda considerando a Thatcher la quintaesencia del mal sin matices y ahora resulta que aquella derecha sí que era buena y no la nuestra. Son artículos del montón. Metralla intelectual sin fundamento. Tópicos tristes, manidos, en esa sectaria tradición al estilo Sánchez en las que el autor
intenta colar de matute una barbaridad detrás de otra refugiado en su condición de "científico”.
Confundir la realidad con los deseos.
Hay
algo en la izquierda española, no sé si llamarlo guerracivilismo latente, que
le impide ver ningún aspecto positivo en nada relacionado con sus adversarios
ideológicos. Quizá estemos así desde que enterraron a Sagasta y se enamoraron de Pablo Iglesias, no lo sé. Es una tradición antigua. Hacer del sectarismo una forma de vida: en democracia, no han tenido reparo en pactar ni con los de la Liga Norte en
Cataluña, ni con la extrema izquierda en Galicia o con los comunistas en
Andalucía, cuando se ha tratado de cerrarle el paso al PP. Incluso en Guipúzcoa
contemplan arrobados como gobierna la marca electoral de Herri Batasuna, con el
lamentable Garitano, ya saben, el de “Ortega Lara vuelve al a cárcel” de presidente...
Esa obsesión por considerar franquista a cualquiera que no comulgue con ellos.
Esa obsesión por negar legitimidad al otro...
En fin.
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10.2.13
El haz y el envés (diez años, ya)
El haz. Diez años, decíamos, de la
muerte de Pagaza. Y ahí está el estremecedor
artículo de su hermana, comentado por Santi
González en su bitácora, a cuenta de la persona que lo asesinó cuando,
desarmado, desprevenido, desayunaba en un bar de su ciudad.
El envés. La lúcida
reflexión de Savater, a cuenta de la incomodidad que las víctimas provocan a la progresía vasca y española. Los mismos que quieren abrir tumbas de hace
setenta años y juzgar a los que murieron hace cuarenta, consideran de mal gusto
que se persiga a los asesinos aún vivos y que sus colegas y cómplices sean
expulsados del juego democrático.
Es
lo que hay. Una parte de lo que nos pasa está relacionado con el nivel intelectual
y discursivo de la izquierda española. A veces, cuando veo a mis caros amigos socialdemócratas,
no puedo dejar de pensar, con el romancero, aquello de “¡Dios, que buen
vassalo!¡Si oviesse buen señor!”
11.1.13
Aquel Congreso...
Llega
a puerto mi repaso del magnífico libro de Trapiello con el Congreso de
julio de 1937. Hay para mucho más en el libro, pero creo que, con las
pistas que le he ido dando, desocupado lector, tiene usted ya más que
suficiente como para zambullirse en él y descubrirlo por usted mismo.
El
Congreso de Valencia certifica la superioridad moral que la causa republicana
obtuvo de la guerra civil. Y el análisis que hace el autor es muy bueno: el
papel de los ingleses, de los que vinieron, pero también de los que no vinieron
(Joyce, Shaw, Waugh…), el papel de los
Iberoamericanos, con las querellas entre el petulante Neruda y el
grandísimo Vallejo,
a mi juicio el mejor poeta en castellano del siglo XX. Desfilan por las páginas
del libro, a cuenta del Congreso, algunas de las personalidades más fascinantes
del siglo: aquellos Spender,
Orwell o aquel Koestler, convertidos con los
años en notorios y furibundos anticomunistas.
Un
libro necesario, este de Trapiello. Un libro necesario para entendernos,
sin destrozarnos, para sentarnos y conversar…
PS: Aseguraba
Evelyn Waugh que “la “legitimidad” del Gobierno de Valencia no me impresiona
más de lo que impresionan a los comunistas ingleses la legitimidad de la Corona
y el Parlamento”
Citado
por Trapiello, Andrés: Las
armas y las letras. Literatura y guerra civil (1936-1939). Círculo de lectores,
Barcelona, 2011. Página 361
8.1.13
Prejuicios a la carta
Ya
digo que el libro de Trapiello es un torrente. A poco que se asome uno a él con
ganas, descubre historias como el que se acerca a pescar renacuajos a un río.
Aquellas
vidas paralelas entre el extremeño Valdés y el malagueño Hinojosa. Si Valdés escribió en La Gaceta Literaria
y en Madrid se codeó con lo más granado de las vanguardias, Hinojosa, el
simbolista, editor de Litoral y que fue
amigo de todos los del 27, fue uno de los introductores de la poesía simbolista en España.
Los
dos murieron fusilados al inicio de la guerra pero, ¡ay!, frente al artículo doliente en Público o el lamento
en la tertulia de la ser, aquel murió en su pueblo natal, asesinado por
milicianos del Frente Popular en una saca
a principios de septiembre del treintayseis. Hinojosa, el amigo de Altolaguirre, cayó también fusilado, junto a su hermano y a su padre, en Málaga al mes de
iniciada la guerra, en la tapia del cementerio, asesinado en paralelo por milicianos
frentepopulisas…
Está
claro que leer destruye prejuicios. Y es que la realidad siempre es más
compleja de lo que parece…
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6.1.13
Cuando los comunistas se transformaron en teólogos...
Hubo
miles de guerras dentro de la terrible guerra de España. Hubo también, a lucha
en las revistas, dentro del ámbito republicano. La diferencia entre Nueva Cultura,
dirigida por el estalinista Renau, aquel cuyos
cuadros hubieran podido también valer para el III Reich, y Hora de España. Revista pasiva, llamaban a esta última
los estalinistas que dirigían aquella, en tanto que se configuró como un
intento de hacer literatura en medio del conflicto sin más sectarismos de los
necesarios. Me interesa en cualquier caso la reflexión sobre Renau y los de Nueva
Cultura. Su estética
es similar a la de los fascismos, y está claro que el valenciano hubiera
sido, a poco que lo hubiera intentado, un magnífico falangista. En Renau y en sus amenazas está,
asegura Trapiello, una de las causas de la marcha al exilio, disfrazada de
servicio diplomático, de Salazar Chapela en el verano de 1937.
Aquellas
revistas. Aquellas dos Españas, también en el bando republicano. Aseguró años
después Octavio Paz, y lo cita también Trapiello que, en aquella Valencia de la
Hora de España “Los escritores y los artistas vivían bajo la mirada celosa
de unos comunistas transformados en teólogos”.
5.1.13
Los bohemios, en el libro de Trapiello
El libro
de Trapiello es un puzzle del que van saliendo piezas que acaban encajando en
mi memoria. Si las máscaras
del héroe me abrieron la puerta de este mundo, fue debido a que la vida
de Pedro Luis de
Gálvez daba para mucho más que para una novela. Gálvez, el ínclito Gálvez,
tiene también su espacio en el libro, como lo tienen Cansinos, Hoyos y Vinent
y tantos otros de un mundo bohemio que, a medio camino entre al atraso y la
modernidad, acabó desapareciendo para siempre en el horror de la guerra.
Una
bohemia del Madrid de los años treinta, descrita con acierto en el libro y por la que desfilan amistades impensables para
la progresía actual, como la de Federico con
José Antonio
(quizá a los dos únicos españoles de la primera mitad del XX a los que se
conoce sólo por el nombre de pila) y que analiza con precisión el autor.
Aquella
bohemia, en fin, y aquel Gálvez, ya digo. El mismo al que Muñoz Seca
respondió con un “honradísimo, Gálvez, honradísimo", cuando se
enteró de que el escritor, chekista por aquel
entonces, había solicitado fusilarlo en persona.
Fascinantes, por lo lejos que están. Aunque alguno de ellos hubiera podido ser nuestro abuelo...
3.1.13
Hombres buenos para empezar el año
Salen
de refilón también en el
libro de Andrés Trapiello los hombres decentes. Hubo muchos durante la
guerra, aunque entre los intelectuales, me temo, hubo menos que entre el resto
de la ciudadanía. Casi todos acabaron de una u otra manera cerca de la tercera
España, la mía. Aquel Moreno
Villa, autor de la vida
en claro. Aquel Jiménez Fraud,
director de la Residencia, que abandona Madrid en el verano de 1936 para no
volver. Aquel Carlos
Morla, diplomático chileno que tantas vidas salvó y a los que los
vencedores trataron de olvidar enseguida y al que Neruda intentó chantajear
cuando la guerra terminó. Aquel José
María Chacón, otro diplomático que arriesgó su vida para salvar otras. Pero
también aquel Chaves
Nogales, del que ahora vamos sabiendo poco a poco, o de aquel Salazar Chapela,
el hombre que decía la verdad....
Aquella
España que en aquel horror ni encontró banderas bajo las que luchar ni refugio
donde cobijarse.
Aquella
España.
La
única de la que sentirse compatriota. Incluso orgulloso compatriota.
PS: Escribe
Carlos Morla en algún lugar que: “Recibo una llamada de Pablo Neruda y de
Manolín Altolaguirre. Pablo es de un egoísmo y de un ensimismamiento abrumador,
y si reconozco que es gran poeta, es persona no poética”. Citado por Trapiello,
Andrés: Las
armas y las letras. Literatura y guerra civil (1936-1939). Círculo de
lectores, Barcelona, 2011. Página 116
30.12.12
El papel de Ortega...
El
papel de Ortega durante la guerra también es tratado en el libro de Trapiello.
Después de
la fantástica obra de Morán, la figura de Ortega ha ido, para mí, ganando
en matices. “Todos le debemos mucho, y a todos nos ha hecho mucho daño”,
dijo uno de sus discípulos, y eso mismo podríamos decir cualquier de nosotros
de muchos de nuestros maestros. Un Ortega desengañado con la República, que se
pasará los primeros meses de la guerra intentando sobrevivir, sólo eso, no más. Sale de Madrid en agosto porque sabe que
van a matarlo y, vía Valencia, consigue llegar a Francia. Tardará casi diez
años en volver a pisar tierra española, y lo hará por Portugal, mendigando al
Régimen de Franco la oportunidad de volver a su patria a morir…
PS: El
drama de Ortega, como el de otros, fue ser un liberal en un mundo que no aceptaba
los liberalismos, obligado, por tanto, a elegir un campo de batalla, cuando
ninguno se acomodaba a sus ideas.
Trapiello,
Andrés: Las
armas y las letras. Literatura y guerra civil (1936-1939). Círculo de
lectores, Barcelona, 2011. Página 97
29.12.12
La guerra desde Madrid
Más allá de aquellos “a paseo”,
similares a los señalamientos que hacía el vocero etarra Egin en los años ochenta en el
País Vasco, la sección muestra en qué medida la guerra fracturó, a veces por
azar, a una generación de señoritos dispuestos a que otros murieran por ellos: muchos
de los señalados habían sido amigos de los señaladores pocos meses antes: Sánchez Mazas lo fue de Bergamín; tan amigos
que se iban a hacer una casa pareada. Como María Zambrano lo
fue del falangista Alfonso
García Valdecasas.
Vidas
cruzadas antes de la guerra.
Vidas
derrotadas tras el conflicto.
Todos
perdieron.
PS: “Entre
agosto y noviembre de 1936, se habla de entre ocho y diez mil paseados en
Madrid. Pongamos de ochenta a cien diarios. Eso debería hacernos recordar la
seriedad de un asunto porque la izquierda siempre ha pasado de puntillas,
desviando las responsabilidades hacia los “incontrolados”. Pero lo cierto es
que cien muertos diarios no son posibles sin un “control” férreo de la
situación, del presidente del gobierno al último mono (azul)”.
Trapiello,
Andrés: Las
armas y las letras. Literatura y guerra civil (1936-1939). Círculo de
lectores, Barcelona, 2011. Página 84
28.12.12
La guerra desde Burgos...
Aquellas
ciudades en las que la cultura residió durante la guerra. Salamanca y Burgos sumadas
a Sevilla y Pamplona por un lado. Madrid, Barcelona y Valencia.
De
aquella Salamanca plateresca y de aquel Burgos cuartelario las primeras
referencias que tengo me llegaron por el Umbral que nos relató la leyenda
del César visionario. Aquella Salamanca de Unamuno, quien ejemplifica en sí
el fracaso de toda una generación: la muerte como respuesta a las dudas de toda
una vida. Una Salamanca de outsiders, como el histrión
de Gecé o el conde de Foxá en la
que se fue consolidando el Estado nuevo. Pero me interesa más lo que ocurría al
norte, en la petrista
Burgos, el burgo de mi caro Hornuez y de mis inviernos en la calle Laín
Calvo. Un Burgos frío al que llegan los catalanes que huyen de una muerte
segura a manos de la justicia revolucionaria. Traza Trapiello retratos frescos
de todos ellos, Ignacio Agustí,
José Verges…
pero también de los Pemán, los
Laínes, los Tovar y los Torrente Vallausteasaber…
Algunas
figuras enlazan ambos grupos, como el Ridruejo que acabó empezó
gobernando y acabó en la oposición tras el desengaño que le causó el mediocre
régimen puesto en pie por lo generales… Al final, una parte importante de la
élite cultural que se sumó al Golpe Militar acabó ganando la guerra, pero
perdiendo la victoria.
Ellos
pintaban poco allí…
PS: “Fue
Baroja el que dijo que la diferencia entre los intelectuales de la República y
los de Franco estribaba en que a los primeros les pagaba el Gobierno y los
segundos se lo pagaban, guerra y propaganda, de su bolsillo”.
Trapiello,
Andrés: Las
armas y las letras. Literatura y guerra civil (1936-1939). Círculo de
lectores, Barcelona, 2011. Página 338
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27.12.12
La irracionalidad de los clérigos (seguimos con Trapiello)
Sigo
con el el
libro de Trapiello. Hay un fondo de irracionalidad en la vida política y
social española y europea de la época sin la cual es imposible entender la
tragedia que supuso la guerra civil. Una irracionalidad que venía de antiguo. Una
irracionalidad que en nuestro país viene desde antes del noventayocho y que
encuentra uno de sus faros en ese Costa que reivindica
al cirujano de hierro, o en ese Ganivet que proclama,
como recuerda Trapiello, que “es necesario arrojar un millón de españoles a
los lobos si no queremos irnos todos a los cerdos”. Pero también enfrente,
aquel tal Giner, resentido siempre con un país que no le entregó el timón a él,
tan listo y tan brillante. La modernidad era urbana y era plural, y esto
cuadraba mal con el sueño de un país rural con una élite rentista. No en vano
dice Juaristi que el delirante Sabino Arana se hizo nacionalista porque el
crecimiento de Bilbao le impidió ser alcalde de su pueblo.
A toda esta irracionalidad, y pasando por encima de la Generación del
catorce, se les sumó en los años veinte y treinta los delirios
comunistas en un lado y fascistas en otro. En el medio, una élite cultural encantada
de viajar a Siracusa. Total, la factura no la iban a pagar ellos...
¿Cómo
no íbamos a hundirnos en la miseria si aquí los clérigos
también nos traicionaron a todos?
PS: de nuevo en la Raya.
22.12.12
El idiota sigue confesándose...
Hace
años, las máscaras del héroe despertaron en mí una rara fascinación por
el mundo cultural de la España del final de la Monarquía, de la República de trabajadores y de la aterradora guerra civil. Se trata
del mejor libro que ha escrito, y que escribirá nunca, me temo, el zamorano Juanmanuel
de Prada. Un tema que, por
cierto, vuelve a salir de refilón también en esa obra hermosa y grave de Antonio MuñozMolina que alguna vez se perderá en la noche de los tiempos.
El
libro de Trapiello, decía, es magnífico. Algo que hacía falta. Claro que hacía falta. Un repaso a la
vida y milagros de los hombres de letras durante el conflicto. En general, un
papel lamentable, con muy pocas (pero honrosas) excepciones. De fondo, la tesis
de Trapiello, que reparte conocimiento y estopa a diestros y a siniestros, y que desliza
la idea de que la guerra fue un juego de aquella juventud alegre y combativa
cuya factura acabamos pagando los padres, los hijos y los nietos…
Para
empezar, los cruces, las amistades. Cómo los que acabaron en la extrema
izquierda pudieron haber acabado en la extrema derecha, y viceversa. De fondo,
una pandilla de señoritos, hijosdeputa la gran mayoría, que miraban con
desdén a un país que intentaba superarse con esfuerzo. Detrás de Largo Caballero y sus proclamas guerracivilistas,
detrás de Joseantonio y sus payasadas, hay un fondo de común de
desprecio a la verdad y de rencor hacia las clases media de un país que se
modernizaba poco a poco. Al histrión de Giménez Caballero y a Ramiro Ledesma los
presentó el que acabaría siendo fervoroso comunista César Arconada, amigo de ambos.
Pero hay más. El propio Gecé recordaría años después que el primer
escritor que la saludó brazo en alto al estilo fascista fue, en 1926, Rafael Alberti.
Son
solo dos ejemplos sacados de las primeras páginas del libro, pero no me dirán
que no son reveladores…
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Ramiro Ledesma César Arconada
2.12.12
La Puebla de Sanabria, noviembre de 2034
Fue hace muchos años. Creo que en 2012 ó
2013, no lo recuerdo bien. Una Mesa Redonda en una Universidad Pública. Dos
profesores universitarios. Uno de ellos, como si fuera un personaje de Koba el temible, se presenta como un “activista del movimiento quince de mayo” y
defiende en su intervención líneas de actuación que alternan de manera apasionada el maoísmo con el
pensamiento de los jémeres rojos. El otro, en medio del debate, se saca el
palillo de la boca y, tras eructar, se enorgullece antes los casi doscientos
alumnos: “yo hace años que no compro ningún periódico y la música y las
películas me las bajo todas de Internet”.
Ese día empecé a escribir “De la Universidad
como causa del fracaso de un país”, el libro que hoy presentamos en este marco incomparable que es el Castillo de La Villa.
Buenas tardes a todos.
21.11.12
No me han quitado estos labios...
Voy
leyendo los
culturales con
retraso. Venía en el del abecé un interesante artículo de Anna
Caballé sobre Contra toda esperanza, las memorias de Nadiezdha, la mujer de Osip Mandesltam
que acaba de publicar Acantilado. No dejo de asombrarme cada vez que me acerco
al horror nazi o comunista de los años treinta del pasado siglo. La historia es
conocida: Osip dedica en 1934 un poema al montañés del Kremlin una forma
como otra cualquier de conocer al padrecito de los pueblos, y ahí empieza su calvario, un calvario
que finalizará en Kolymá, quién sabe en qué punto exacto, en 1938. Las memorias de su
viuda narran aquellos últimos años de horror. Y me interesa el artículo de la
Caballé porque remarca algunas cosas que aquí se suelen pasar por alto, como
que las campañas de terror contra los intelectuales empezaron con Lenin, no con
Stalin. Un Lenin que los definió una vez como la mierda de la nación. O que el
terror soviético fue, a diferencia del nazi, un terror que no diferenció entre
sus víctimas convirtiéndose por lo tanto
en un Estado que luchaba contra su propio pueblo: “dadnos al hombre y os
daremos la acusación”, como decían los siniestros agentes del NKVD.
Y
al fondo, el recuerdo de los que no se doblegaron. Aquellos que, como
Mandesltam, pudieron decir hasta el final “no me han quitado estos labios que
se mueven”.
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