25.5.13
Cierra El Adelanto
28.12.12
La guerra desde Burgos...
2.3.11
Empieza el baile para las elecciones locales...
Algo de política, ahora que se van acercando las elecciones municipales. Como en otras ocasiones, me guío más, a escala local, por las sensaciones que cada uno me produce que por otra cosa. Así que espero que en la Puebla repita Pepe, que es la garantía de que en la villa se sigan haciendo bien las cosas. En la ciudad de Salamanca, por el contrario, espero que gane el candidato del pepé. A Mañueco lo conozco sólo por referencias, pero tengo la mejor opinión de la gente que está con él. No hay más que ver lo que se lo está currando el amigo Jorge en la página web, así que espero que todo vaya bien y ganen con holgura las elecciones…
En Tarragona, espero también un buen resultado para la gente de Alejandro Fernández y deJordi Roca. Desde luego, el trabajo que están haciendo para que se les oiga es bueno, y el trabajo desarrollado estos años, también.
Ya les contaré más impresiones sobre otras ciudades…
PS: "La renuncia de los ricos a la política se debía a los éxitos de la revolución americana y al fracaso de Hamilton para organizar el Estado según los intereses de la clase gobernante. Los principios democráticos de Jefferson y Jackson habían triunfado".
Tuchman, Barbara W.: La torre del orgullo. Península, Barcelona, 2007. Página 130
23.11.10
Salamanca...
Fuimos a Salamanca. No fue Toledo. No podía serlo, aunque la mentira fuera piadosa. El amigo Jorge. Un guía de alto nivel. Paseamos la ciudad. A mi Salamanca me ha quedado siempre lejana. Había que elegir, y yo me quedé en Zamora. A Salamanca iban a estudiar los que se quedaron en Sanabria. También iban luego los que tenían que ir. Algunos no volvieron. Nunca. Yo hace años que no iba por allí. La plaza mayor, por fin sin gente y sin agobios. Un lujo. Las tapas. Los pinchos. La Universidad. Todo un descubrimiento, que justifica por sí solo la visita: Ieronimus, las torres medievales de la catedral. Poder ver la torre del gallo, hermana pequeña de la seo zamorana, de cerca. Pasear por esos edificios vivos que son las iglesias. La Compañía de Jesús, siempre tan poderosa. La casa de las conchas. Una biblioteca. Calixto. Y Melibea. La Casa Lis. El Expolio. Nos alejamos de la zona turística. El cielo de Salamanca, emblema que inspiró el logotipo de la capital cultural hace ocho años. Paseando por los claustros.
Llega el almuerzo, con niños incluidos. Esas patatas. Esos farinatos. Sobremesa amena. Una provincia cercana y lejana a la vez. De nuevo en el oeste. Memoria de abril. Un digestivo a media tarde. Hace frío, pero es un frío seco. Luminoso. El frío y la luz que el poeta nos enseñó a mirar. Estos burgos en los que demora su partida el invierno. Intercambio de presentes: un libro tuyo por un libro nuestro. A la noche salimos a tomar unos vinos. Y unas copas. Y ahí entra en escena el gracejo de Maiquel. Esas muñecas luxadas. Esa edad legal. La conversación cambia de tono. Algo tajados nos retiramos a dormir. Ha sido un día muy bueno. Incompleto. Pero hermoso. Nos emplazamos con Jorge. ¡El año que viene, en Jerusalén!
PS: "Vayamos donde vayamos, las gentes de todos los países se enorgullecen de lo lejos que habían llegado a parar sus antepasados. Por lo visto, la gente necesita tener esta conciencia, quizá incluso la necesita cada vez más…"
Kapuscinski, R.: El Imperio, Barcelona, Anagrama, 2007. Página 67,
8.8.10
Desde el oeste
No paro. Quizá porque si me paro, la vida se me vuelve un domingo por la tarde, con el móvil metido en un cajón. Fuimos a Trabanca, a poner fin a la hermosa aventura del proyecto de conocimiento mutuo de los jóvenes de ambos lados de La Raya. El viaje fue un recorrido por el occidente zamorano. Cómo va cambiando la luz conforme bajamos al sur. Cómo el paisaje va ganando en encinas y perdiendo robles. Cómo empiezan a aparecer algunos olivos. La división de parcelas en Sayago, hecha con piedra aún más rústica que en la Sanabria. El horizonte que se extiende sin final. La presa de Almendra, espectacular. Trabanca, tengo la sensación, es un lugar hecho a la medida de su alcalde, un poco como le pasa a la Puebla. Un magnífico centro multiusos para un pueblecito de apenas doscientos habitantes. Sesión de trabajo, incluso en agosto. Casi dos horas. Malas noticias para el Maiquel, ya me jode. Al final, la asociación se llamará Saltarigo. Hay que cargarse la frontera. Me sigue dando reparo hablar en público cuando hay mucha gente y cuando lo que se espera de mí es, precisamente, que hable. Aquí nos faltan tanto las aportaciones de Hannah como el sentido común de mi Coronel. Nos vamos al bar, a confraternizar. Como he estado en tres de las sesiones, ya soy capaz de poner algunos nombres. Ivo, mirandés, su hermana Filipa, que vendrá este año a España a hacer una estancia en algún hospital, tras haber acabado enfermería. Le aclaro que si lo que quiere es aprender castellano, que no se vaya a Lugo. Es lo que hay. Sara, la presidenta, portuguesa, que estudia bachillerato en Zamora y que quiere hacer medicina en Salamanca.
Nos vamos de cena. Hay vidas. Un hombre que tras varias años de trabajar en cooperación ha montado una casa rural en los arribes; un técnico de medio ambiente que es bajo en uno de los grupos de rock que va a cerrar la jornada. Un opositor a prisiones. Una muchacha de Burgos que ha vivido en mil sitios. Que fue a Finlandia a estudiar música. Que ahora está en Salamanca. Pase de tacón a Yimi para que remate la jugada. Llegan las copas. La exaltación de la amistad. Se nos ha hecho tardísimo y volvemos para la Sanabria. Hay un buen germen ahí. Espero que les cuaje. El futuro no está escrito en ningún lado. En ninguno. Ni para los territorios. Ni para las personas. Somos, en el fondo, lo que queremos ser.
PS: "¿La patria no es también un paisaje? Para mí, -como para Améry o W.G. Sebald- el paisaje de la patria es un conglomerado de lo vivido y lo leído; pero para un campesino analfabeto la patria estaba simbolizada en los bosques, los ríos, las nieblas o el mar de su tierra originaria […]"
Molina, Cesar Antonio: Lugares donde se calma el dolor. Barcelona, Destino, 2009. Página 433



