El verano no comienza hasta que no lo dice Peláez. El otro día se fue a comer a Peñafiel y dejó en ABC una obra maestra por escrito, con esta reflexión mientras se apretaba un lechazo: "Así que loas y alabanzas a la sabiduría popular, una lagrimilla de felicidad y una oración por esa pobre gente que, en estas fechas, se ve obligada a comer 'poke' en la playa, o peor aún, en una terraza, al aire libre. Al aire libre comen las bestias, no las niñas de Castilla. Y luego lo de siempre: lechuga, pan blanco, queso para acabar el vino y vino para acabar el queso, en un bucle infinito de pronóstico reservado."
Y punto, añado yo.




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