16.7.26

Tertulianos y tal (I)

Leí de un tirón el libro Tertulianos, de Antonio Villarreal. Una buena aproximación, teórica y práctica, a un fenómeno fascinante. La tertulia, en efecto, como trampantojo: "La tertulia, en el fondo, no es una conversación natural entre una élite ilustrada, sino un trampantojo, la ilusión de un intercambio de conocimiento, porque esos tertulianos no saben, sino que fingen saber..."

Es un mundo complejo, como escribió David Foster Wallace, y recoge el autor en referencia a hablar por la radio: "es un trabajo exótico y de alta presión para el que no mucha gente está preparada, y ser realmente bueno requiere habilidades tan especializadas que muchas de ellas no tienen nombre."

Interesante: el fenómeno nace en la Cadena SER, en marzo de 1984, al terminar Hora 25 y de la mano de Javier González Ferrari. Duró poco, porque en junio Juan Luis Gutiérrez informó sobre una amante de Alfonso Guerra y el PSOE pidió su cabeza. La cadena, temerosa, sostiene el autor, se la dio y se olvidó del formato durante casi una década...

La edad dorada de la radio en los EEUU fue justo la época previa a la llegada de la televisión a los hogares, en los años cincuenta y principios de los años sesenta. Esa radio y esa cultura, junto con la Frecuencia Modulada, se extendió gracias a las bases militares. No es extraño que la primera emisora de FM en España llegara en Zaragoza, de la mano de los militares estadounidenses de la base. 

Luis del Olmo las utiliza para el verano, cuando no hay tanta gente a la que entrevistar, y forma el género de una manera casi definitiva en España. En fin, el papel de Antonio Herrero en la consolidación de un modelo y el mítico "sindicato del crimen" que yo tan orgullosamente apoyé en mis años de la universidad.  

La precarización del oficio. Creo que ahí está una de las claves. Si actualizamos el valor del dinero, los tertulianos de hace veinte o treinta años cobraban el equivalente a 500 /600 euros en radio y entre 800 y 1000 actuales por televisión. Esto ha bajado, mucho, quizá hasta la mitad. 

Los cascarrabias, con mal gusto. El tal Pérez Henares, que dice que se fue (ya, claro) y Jauregui, que dice que lo vetaron (seguro). Hay que saber irse con elegancia, recordando que el día que debutaste cubriste el hueco de alguien... 

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