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29.8.24

Novela negra y maestros

Uno de los mis maestros ha publicado un libro, novela negra con el paso del tiempo como excusa. Devorada en verano, Al caer la tarde indaga en lo más oscuro de la mente humana, los deseos que nunca manifestamos, las cosas que nunca decimos...

Se nota la mano del autor, que vuelca muchos de sus pensamientos, y de sus fobias, en varias de las reflexiones de los personajes. Quizá el autor deba de ir trabajando un mayor distanciamiento con sus personajes en próximas obras. 

En cualquier caso, una buena novela...


9.2.21

A vueltas con el pasado

Rematé Dile que la quiero, del mi maestro y amigo Luis M Esteban. Una novela de iniciación con mucho de autobiográfica y una reflexión de fondo sobre el sentido de la vida. Sobre la disociación -imposible- entre el éxito profesional y el éxito personal. Sobre esa migración que cambió para siempre España, del campo a la ciudad: de Olías o de Zamora o de Palencia, pero siempre a Madrid. Una reflexión sobre el paso del tiempo, sobre el envejecimiento: el nuestro y el de nuestros padres. Sobre la soledad, sobre los hijos que no llegaron. Sobre los silencios que destruyen las relaciones. Sobre el destino y sobre su némesis, el azar. 

Una novela sobre la vida, desocupado lector...

22.4.16

Mañana sábado, en Pangea

Mañana sábado se presenta en Pangea un libro de viajes múltiples coordinado desde Salamanca por Gonzalo Enamorado. El libro (Mañana dejaremos Zarzura) ha de ser forzosamente bueno, porque en él participa mi admirado Jorge Moreta, el hombre que me hizo mirar a Cuba más allá de Fidel.

Si están por la Villa, no se lo pierdan. A las siete de la tarde en el 25 de la calle del Príncipe de Vergara.

De nada. 

9.5.15

Libros como fantasmas

Sólo los que somos lectores entendemos lo que supone prestar o recomendar un libro a un amigo. Hemos de conocerlo bien, al amigo: saber si le va a gustar, si le va a aportar, dónde lo va a llevar...

Yo tengo varios amigos en mi comunidad de lectores. Cada uno diferente; todos ellos llenos de matices: el gran Hornuez y sus abufalias, que fue con quien la fundé, dear Snows y los funambulistas, John The Minor y Kaplan, el sabio Fuentes y la suite francesa, laurico y Llamazares, el maestro Esteban y Trapiello

Hace unos años incorporé al gran Jorge, salmantino bueno, con el que ya compartido mesa, libros y mantel en muchas ocasiones. El otro día me prestó los fantasmas de Piedra, de Mauro Corona, editado por Altair. y ahí lo tengo, listo para hincarle el diente en breve...

Iremos hablando, desocupado lector...



13.5.14

Un librazo, ya en la web

Un trabajo de autor. Un fino estilista, mi caro amigo. Recopilar, mientras los demás miran. Hacer, mientras todos sestean. Las canciones de Senabria. Aquellas canciones que cantaban los abuelos y que forman parte del patrimonio de una tierra pobre y olvidada. Septiembre en el serano. El libro puede comprarse también en edición digital en La Casa del Libro. De manera legal, porque los esfuerzos hay que pagarlos. No se lo pierda, desocupado lector. Alguna de estas canciones, como el Romance de la Pastora, son una magnífica metáfora del ciclo de la vida.

Más información sobre Manu Otero, sobre el proyecto de las canciones y sobre la música tradicional rayana.

Disfrútelo, desocupado lector...

25.12.12

Conferencia, tras la exposición...


Empieza la conferencia. Los chicos de las ediciones irreverentes han publicado la niña de los tirabuzones rubios, una nueva novela del burreiro Antonio López. Uno de los presentadores hace hincapié en el carácter humanista de Antonio, un médico que es no sólo una persona inteligente, sino también un hombre culto. Una de esas personas que son cada vez más excepcionales entre nosotros; hombres de ciencias abiertos a las humanidades (y al revés, hombres de las humanidades abiertos a las ciencias). Un hombre sabio, en el sentido que Taleb da a la palabra.

La obra no es una obra cómoda de leer. Ni es una obra fácil. La novela, desgrana el autor, reivindica el derecho de los niños a ser escuchados en caso de enfermedad.
mientras lo escucho, reflexiono: la enfermedad de un niño: uno de los motivos más poderosos para dudar de manera definitiva de la existencia de Dios.

Termina la presentación con un coloquio. La escritura como una forma de liberación, asegura Antonio. Qué familiar me resulta ese pensamiento. Llegan unos vinos: el setenta de Fariña, cortesía de ese bodeguero generoso tan zamorano que no parece español.  Unos abrazos. Un mundo, este, que se va terminando. Pero como dijo una vez Tito Livio: al fin y al cabo, el fin del mundo no va a suceder mañana.

Y menos hoy, que es Navidad.

9.2.12

La escritura como arma de lucha...

La soledad de la cultura. Del trabajo callado. Intenso. La soledad del curioso. Sólo desde la curiosidad avanzamos, sólo con la curiosidad somos capaces de construir. La actitud de muchas de las personas que nos rodean nos hubiera llevado a seguir aún hoy en las cuevas, como hace miles de años. Pero gracias a Dios lo hay diferentes. Minoritarios. Solitarios. Cuando además viven en el mundo rural, su actitud es directamente, heroica. Ahí está el caso de Paco Cachavo y de Silvia. Miraron en derredor suyo. Y supieron ver: esas paredes, ¿qué significan? Y se hicieron preguntas. Y buscaron respuestas. Donde la Carballeda se hermana con la Sanabria. En el fin del mundo. En La Raya. ¿Y qué es lo que vieron en aquellas paredes? Imágenes. Dibujos. Símbolos. Discos solares. Cosas que se iban cayendo. Desapareciendo ante el avance del ladrillo y la modernidad. Es una técnica muy antigua, se llama esgrafiado, me contó Paco una tarde de agosto, y Lisboa resplandecía. Investigaron. Hablaron con los viejos. Nadie habla ya con ellos, sólo los curiosos. Y después de hablar, anotaron, y comprobaron las respuestas. Y luego les dieron forma. Convertir la información en conocimiento, el sueño de cualquier hombre.

El resultado es un libro sobre el esgrafiado en la zona. Un libro heroico, que no se presentará en el Círculo de Bellas Artes, que no ha sido escrito por ningún negro por encargo. Un libro del que no hablará Babelia. Un libro propio. Honrado. Necesario. Un libro para saber más del patrimonio de unos hombres y de una cultura. Un libro que nunca encontrará en grandes superficies.

Un libro que pienso devorar en cuanto tenga en mis manos.

Un libro.

La libertad, lo dijo Margarit, es una librería...

4.4.11

El primer iberoamericano universal (II)

Leer desentumece les decía ayer.

Y ejercita.

Le hablaba, desocupado lector, sobre la última obra del profesor Lucena. Una obra que es la biografía de un hombre que vivió varias vidas. En un mundo en el que no había Internet, ni viajes en primera ni teléfonos móviles. Un hombre, digo, que vivió varias vidas, envenenado siempre por la política.

El joven criollo de extracción media que fue testigo de joven de la oposición mantuana al reformismo borbónico. El hombre que vivió de adolescente la lucha de Gálvez frente a Cagigal.

El hombre que fue leal súbdito de la Monarquía hispánica, un militar ilustrado, que es lo que en el fondo le hubiera gustado ser toda su vida. El hombre que se jugó su vida en la defensa de Melilla ante los ataques de los moros.

El hombre que fue un viajero impenitente, sólo leal a sí mismo, que viajó por los Estados Unidos codeándose con John Adams y donde se presentó ya como el fugitivo de una justicia tiránica incompatible con la libertad, lo que no le impedía acogerse al auxilio del embajador de la Monarquía allí, gracias a sus buenas relaciones con la élite criolla en el Caribe, en un mundo que estaba aún empezando y en el que el holandés, por ejemplo, era aún la lengua mayoritaria de Nueva York.

El hombre que viajó por toda Europa, empezando por Londres, donde no tardó en hacerse amigo del embajador de la Monarquía, y donde accedió pronto a los círculos más influyentes, en un Reino, el Británico, deseoso de tomarse la revancha por el papel jugado por las monarquías francesas y española en la independencia de sus colonias.

El hombre que viajó por Italia, que estuvo en Prusia y en Austria y que en Rusia fue acogido, y pensionado, por la Emperatriz

El hombre que fue un militar al servicio de la Revolución francesa, que estaba donde había que estar y que conoció, y trató, no sólo a Napoleón sino incluso a Fouche, el genio tenebroso, que luchó por la revolución en los campos de batalla y que también sintió de cerca el peso de la guillotina. Y cuyo nombre está hoy inscrito en el Arco del Triunfo de París…

En fin, el precursor, el hombre condenado a no ver liberada la tierra por la que luchó, el que orientaba a los jóvenes españoles de América cuando llegaban a Londres en busca de apoyo para su proyecto de separación de la España europea. El hombre que estuvo al mando de los cien días. El enemigo de Monteverde.

El hombre, claro, traicionado por los suyos y entregado a los realistas, condenado a morir en España, viejo ya y enfermo, en el mismo Cádiz donde se hizo posible el último intento de concordia entre aquellas dos Españas…

El hombre que desconfiaba de quien no bebía con él, el hombre que fue un lector voraz toda su vida, siempre preocupado por la suerte de su biblioteca, el grafómano insaciable, el que no volvió a ver a su mujer y a sus hijos, a los que consumió, lo dice Lucena, “esa forma extrema de presencia que es la nostalgia”.

Ese hombre es Francisco de Miranda, biografiado por Manuel Lucena.

No se lo pierdan.


PS: Stephen Spender lo escribió y Manuel Lucena lo utiliza como apertura de su obra: Pienso todo el tiempo / en aquellos que de verdad fueron grandes. / Los nombres de quienes en sus vidas / lucharon por la vida, / los que acarrearon en sus corazones / el centro del fuego. / Nacidos del sol, viajaron a su encuentro un corto trecho. / Dejaron el aire transparente sembrado con honor".


PD: Mañana, también con la fresca, a Mérida.