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10.3.26

Otros mundos, subestimados

Hay otros mundos, pero están todos aquí cerca. Zamora es uno de los tesoros escondidos de la geografía española. Y no lo digo yo, lo dicen en inglés, que siempre suena más fino. La única española en la lista, por cierto, en la biblia del sector.

No se lo pierda, lector.



7.1.22

Al norte

Nos fuimos al norte.  A correr por las playas y pasear por las veredas. La ría de Suances, las calles de Santillana, los parques de la Magdalena... Días en familia, con algo de lectura -prensa local sobre todo- para empezar bien el año...

11.3.14

Dos puentes y una ciudad

El tajo se convierte en mar cuando se acerca a Lisboa. Atravesamos el Vasco de Gama. Un puente de cuando también los portugueses volvían a ser ricos y Europa giraba hacia el sur. Atravesar un río que está a punto de convertirse en mar. Cruzamos hasta Montijo, para volver a entrar en la ciudad, pasado Almada, por el 25 de abril, un puente salazarista al que se bautizó con la revuelta que acabó con su régimen. Ver Lisboa desde el oeste, de frente. Sin mirar al mar. Hay algo mágico en la luz de esta ciudad. Hay algo mágico en el oeste. Quizá porque, como asegura el Impresor Juan de la Cuesta, somos un pueblo siempre con el hatillo listo en la puerta y el camino enfilado hacia el poniente...

PS: Diez años hoy. Diez años ya. En la memoria.

5.4.13

Cómo viajar para no descubrir América...


El último libro de Arcadi Espada, by My Colonel. Recordando a aquellos que actuaron en nombre de Franco. Un viaje. Siempre hay un viaje. A la búsqueda del invierno de 1944 en Hungría. Hacia Budapest. En primer plano, el fantasma de Ángel Sanz Briz y al fondo, el de aquellos como Casimiro Florencio Granzow de La Cerda que no encontraron contradicción entre ser franquistas y despreciar a los nazis. Hablaremos largo y tendido del libro, cuando tenga un rato, que se me acumula el trabajo.

Una primera reflexión que avala de alguna manera mi prejuicio de que viajar sin haber leído antes es hacer el gilipollas. A cuántos conozco que viajan descubriendo América a cada paso...

Yo, que nunca hubiera acabado en Rumanía si no hubiera sido por Robert D. Kaplan, o que jamás hubiera ido a Alemania si me hubiera faltado Claudio Magris. Que no viajé de adolescente a Cuba porque, más allá de Fidel, a lo que estaba esperando era al magnífico libro de Jorge Moreta...

Disfrútela, desocupado lector.

 “Viajar, yendo en busca de algo: nada hay mejor en la vida. Viajar sin levantar huellas es tan excitante como la gimnasia sueca. No es imprescindible esta fiebre de ahora, ni la investigación ni el enigma; bastan las huellas que dejó cualquier escritor en el paisaje, y seguirlas. Ir por un lugar que no vio nadie es un viaje ciego. El viaje, primero, se lee; y luego se hace.  Todo lo demás es descubrir América”
Espada, Arcadi: En nombre de Franco. 
Los héroes de la embajada de España en el Budapest nazi.  Barcelona, Espada, 2013. Página 31 

31.1.13

Abandonar La Manchuela,


Amanecemos para irnos a hacer parada y fonda en Chinchilla. Curioso lugar; Hornuez no se acordará, pero en algún momento me fui al Congreso a revisar el proceso de creación de las provincias y allí me topé con ella. Por cierto que, frente a lo que analfabetismo habitual dicta, las provincias no son un proyecto de Javier De Burgos; en tanto que este se limitó a firmar un trabajo que ya estaba muy depurado gracias al trabajo de un guipuzcoano y de un balear.
El caso es que recuerdo de aquel trabajo las peleas que Chinchilla, Fraga, Toro y Vigo tuvieron para ser las respectivas capitales de las provincias en las que estaban ubicadas.

Los patricios locales, González Allende es un buen ejemplo, entendieron bien que, sin capitalidad, no había futuro porque detrás de la capitalidad venía el Estado y venía además el Estado moderno, tal y como cuenta con solvencia Nieto en uno de sus mejores libros. En aquel momento, aquellas ciudades eran iguales que sus pares (Toro tenía la misma población que Zamora, persona arriba o abajo) o incluso mayores (Albacete era una laguna desecada pocos años antes...), y no cejaron de pelear, recurriendo a sobornos, insultos o mentiras por sus derechos a la capitalidad.  En realidad, excepto Vigo, todas las que perdieron la capitalidad acabaron saliendo de la historia, y un paseo por un Toro que tiene la misma población que hace dos siglos, o una Chinchilla como esta, lo demuestran.

La historia, que no se detiene…

30.1.13

La Manchuela


Estuvimos en Albacete. Una buena forma de combatir el pesimismo y el clima depresivo que todo lo va cubriendo es tomar la carretera y marchar con amigos a descubrir otras vidas. La vida es una elección, y por ello siempre presenta alternativas: dónde estar, para qué. Y con quien. Acampamos en la Manchuela. Un paseo a la noche, reconstruyendo la historia del pueblo con algunos trazos: el horror del hambre, el delirio de la guerra civil; bastante bien hemos salido para venir de dónde venimos. Mucha de la gente que se fue no ha vuelto. Se trata de una situación que me irrita al contacto, áspera como es; pero mi interlocutor, un hombre sabio, me razona los motivos: ¿Volver a dónde alancearon a tu padre? ¿a dónde violaron a tu madre? Vuelva el que tenga, hubiera dicho Cernuda...

Al día siguiente, Alcalá del Júcar. Unas hoces en toda su expresión. Un pueblo colgado de una ladera, vigilado por un castillo, centinela de un mundo que no volverá… Seguimos la visita en Casas Ibáñez y echamos la noche en la capital de la provincia.

Comer y beber entre amigos: uno de esos placeres que los dioses nos envidian. Hubiéramos brindado por Lucrecio, pero era con rosado y de fondo sonaban los suaves: “Por un momento las penas se olvidan, y ahora es calle lo que era calzada…”

8.7.12

Los lotófagos y la patria olvidada


El invierno de Kaplan continuó su viaje por Sicilia, tras dejar atrás Kairuán y la isla de los lotófagos, quizá la actual Yerba. Una hermosa isla, que permitía a los que comían sus frutos olvidar su patria, tal y como cuenta Homero en la Odisea. Mientras el autor embarca, el lector medita sobre la necesidad de esa isla en nuestra vida. Ese sitio en el que empezar de nuevo, en el que olvidarlo todo, en el que construir desde cero. Por eso, mientras el lector reflexiona, venían a su cabeza los versos de Luis Cernuda, aquel poema, peregrino, que principiaba “¿Volver? Vuelva el que tenga, / tras largos años, tras un largo viaje, / cansancio del camino y la codicia / de su tierra, su casa, sus amigos, / del amor que al regreso fiel le espere”.

Ese lema, final, que aparece acompañar a Ulises durante todo su viaje: “tus pies sobre la tierra antes no hollada, / tus ojos frente a lo antes nunca visto”.

Es domingo

7.7.12

Disquisiciones conceptuales, a vueltas con el turismo...


Basándose en una obra de Paul Fussell, Kaplan establece, en su invierno mediterráneo, una distinción entre exploradores, viajeros y turistas. Aquellos llegaron hasta el XVIII, los viajeros son propios del XIX y los turistas del XX. Si los exploradores buscan llegar donde no llegó nadie, los viajeros buscan descubrir y comprender aquellos rincones en los que se fraguó la historia del mundo, mientras que los turistas disfrutan de lo que alguien ha preparado, con más o menos gracia, para ellos.

La disquisición es pertinente. Viajar es tener los ojos abiertos, buscar, confirmar, leer, dudar… ser turista en dejarse llevar. En efecto, viajar cuesta un gran esfuerzo, no sólo económico. Viajar exige tenacidad y por eso el viaje ha de ser visto como una forma de crecimiento personal (será que estoy empezando la Odisea). O de refinamiento del espíritu, si se prefiere.

Kaplan, una de las personas que me enseñó a viajar, no se deja llevar por los tópicos. Se puede ir de hotel barato en hotel barato, vestido de perroflauta, y no enterarse uno de nada, y se puede ser jubilado, ir en un viaje del inserso, e intentar comprender todo lo que nos rodea.

Como casi siempre, la clave está en nosotros.  Por mi parte, yo viajo poco pero, cuando lo hago, procuro no hacer turismo. Ya me conoce, desocupado lector.



PS: […] el hecho de que haya muchos lugares donde uno sólo puede ser un turista no significa que dichos lugares carezcan de valor o que por lo menos no puedan resultar tan inspiradores como las mejores clases.
Kaplan, Robert D.: Invierno mediterráneo. Un viaje por Túnez, Sicilia, Dalmacia y Grecia. Barcelona, Ediciones B, 2004. Pág. 208

13.12.11

Ciudades mágicas, de nuevo

Las ciudades hay que verlas siempre con alguna persona. Porque cada ciudad tiene su imagen y su sentido. Una o dos veces al año vuelvo por Toledo. Siempre con Jesús, eso sí. Son viajes mágicos a una ciudad que es mucho más que una capital de provincia o que una referencia administrativa. Esta vez tocaba recorrer, será el azar, el Toledo judío. Un viaje que también pudo haber sido un regalo, pero esta vez ya no pudo ser. Aunque el viaje en sí fuera un placer para los sentidos. Había niebla. Y frío. Esa niebla que sólo se da en las ciudades castellanas amarradas a un rio. Una niebla espesa, que no levanta en todo el día y que te acaba quemando la nariz. La judería. Este fue uno de los espacios más vivos de la ciudad. Cayendo al río. Protegida. Visitamos primero la sinagoga de Santa María la blanca, en plena aljama. Las sinagogas no responden a lógicas constructivas propias, se adaptan a donde van, entre otras cosas, porque donde se juntan diez varones judíos, ahí ya hay una sinagoga. Sus capiteles son hermosos, una fantasía oriental en medio de la mañana toledana, probablemente edificada por canteros moros. La sinagoga fue atacada en los pogromos antijudíos que se sucedieron en Castilla a los pocos años del asesinato del rey legítimo a manos de su hermano bastardo. Convertida más tarde en Iglesia cristiana, hoy no tiene culto y sigue siendo un edificio enigmático, como enigmático es, tantos siglos después, todo lo que rodea a la presencia judía en la península. El pueblo judío estuvo aquí más de quince siglos, pero sin embargo ha desaparecido de la memoria española. Se nos va la visita charlando sobre el tema, a esos tres conversadores empedernidos que nos hemos juntado. Y una duda, mientras abandonamos el templo: ¿cómo es posible que España sea un país tan antisemita si aquí nadie los recuerda ya entre nosotros?

25.10.11

Cerrando el viaje a Beirut

La noria. El Rock the Casbah. Los Clash. Los fedayines. La línea verde...

Todo estaba en aquella canción: Ehun Ginen, de música inquietante y letra desasosegada que Kortatu lanzó en 1990 dentro del disco Kolpez Kolpe.


“Beyrouth sartaldea / Uraren ordez hautsa / Eta bost mila izar / Gehiago gauez… / Norien alboan.

Damasko irratian rock the casbah / Fedayinen auzunean ramadán / Garorik gabeko basamortuak / Inguratzen du / Sortaldeko beyrouth / Hondarrezko gartzelan / Itzalik gabe pasiatzen dira / Maiteminduak / Norien alboan…

Barraka itxiek / Ezinaren mugak laztantzen dituzte. /Zelako krisi / Halako bizi / Beyrouthen ez da inor bizi! / 100 ginen / 22 / Orain bakarrik gaude 2 / Zelako krisi / Halako bizi / Ezin gaitezke superbizi! / 100 ginen / 22 / Orain bakarrik gaude 2 / Zu ta ni, zu ta ni, zu ta ni, ninininini!”


Una cierta traducción al castellano sería (thanks txikitin):

“ Beirut oeste / Polvo en vez de agua/Y cinco mil estrellas / De noche, más… / Junto a las norias.

En Radio Damasco, Rock the casbah / en el barrio de los fedayines ramadán / el desierto sin helechos / rodea / Beirut oeste / en la cárcel de arena / se pasean sin sombra / los amantes / junto a las norias…

Las barracas cerradas / acarician las fronteras de lo imposible / A tal crisis / tal vida / En Beirut no vive nadie! / éramos cien / veintidós / ahora sólo somos dos / A tal crisis / tal vida / ¡no podemos sobrevivir! / éramos cien / veintidós / ahora sólo estamos 2 / Tú y yo, tú y yo, tú y yo, yo yo yo yo

La noria.

Mis canciones de verano.

24.10.11

De vuelta a casa

Cena en el chef. Comida cristiana en un barrio cristiano. Los libaneses cristianos imaginan que descienden de los fenicios. La imaginación como aliada de la identidad, una vez más. A la mañana siguiente, de vuelta a España, vía París. En el aeropuerto, vuelven a buscarme un sello israelí en el Pasaporte. El policía, amable, me pregunta por el motivo de mi estancia en Líbano. Me pregunta si he ido a Israel y luego se despide en castellano. Me siento junto a unos turcos. El papel de Turquía en la región es quizá lo más novedoso de los últimos años. Los islamistas moderados de Erdogan quieren volver a jugar un papel importante en lo que fue el viejo Imperio Otomano. Supongo que es inevitable, pero supongo, también, que se equivocan: el futuro de Turquía está más cerca de Attatürk que de los Pachás. Su papel ha de jugarse en Europa, no en Siria. La tentación de jugar a ser el amo de la zona, a desplazar a Siria, a erigirse en líder musulmán es demasiado potente. Siria. Una dictadura laica. Un vecino cómodo para Israel durante estos años. Los hombres que pusieron paz a sangre y fuego en el Líbano cuando acabó la guerra. Veremos a ver lo que nos depara el futuro.

El avión despega. Mi compañera de asiento es una mujer libanesa, de la edad de mi madre, que va a Escocia a ver a su hija, casada allí. Es un país hermoso, me dice mirando por la ventanilla mientras nos alejamos de Beirut. Sonrío, abro el libro y empiezo a leer…


Ps: Este mito interesado [el de la agresión cruzado-sionista contra el mundo árabe] guardaba ecos de la aún más extendida premisa de la pureza moral de los oprimidos, una fuente de violencia fanática desde tiempos inmemoriales en toda una variedad de culturas y tradiciones, espirituales y seculares.

Burleigh, Michael: Sangre y Rabia. Una historia cultural de terrorismo. Madrid, Taurus, 2008. Pág. 447.

22.10.11

En Sidón

Amanece el martes y nos vamos a por un taxi. Es complejo: el taxi lo cogemos en zona cristiana y Sidón es musulmana. Dani, el taxista, nos llevará hasta Sidón, esperará por nosotros y nos traerá de vuelta a Beirut. Habla buen inglés, cosa no tan habitual entre los cristianos de aquí. El caos del tráfico. “hace apenas seis meses que pusieron semáforos en Beirut, pero nadie los respeta”, me dice tras saltarse dos seguidos. Hablamos del tráfico. ¿Es así en España? Me pregunta. Le hablo del transporte público en Madrid. Sonríe irónico: “oh, aquí el metro y el autobús lo hemos visto muchas veces… por televisión”.

Vamos llegando al sur. Pasamos por el aeropuerto, dominado por Hizbulá. La carretera recorre la costa. Suciedad. Mucha suciedad. Residuos. Una diferencia con el primer mundo: los espacios públicos están limpios. Por eso el 15M nos acerca a Méjico y nos aleja de Europa. El tráfico mejora conforme vamos hacia el sur; banderolas de Hizbulá por las calles. Nos acercamos por fin a nuestra ciudad. El castillo Cruzado de Sidón: los restos de una hermosa fortaleza anclada en el mar: una metáfora de la presencia cristiana en estas tierras a lo largo del último milenio: siempre con un pie en el mar, por si hay que irse. Hace calor. Mucho calor.

Nos internamos en el zoco. Un zoco árabe, en todo su esplendor: pescado, carne, fruta. Mucha fruta. Desorden. Caos. Suciedad. Uno intenta venir con unos ojos que no sean los del turista, pero es difícil. Moscas. Y calor. Muchas mujeres con velo. Entramos en una tienda. Moderna. Bien acondicionada. Algunos recuerdos hechos a mano. La dependiente va sin velo. Habla buen inglés. En la confidencia del cliente que ya ha comprado algunos recuerdos, no me duran los enfados, le pregunto, cuando nos ofrece café, si hay cerveza. Eso sería un escándalo aquí, me dice sonriendo. La identidad como una cárcel. La religión como un mecanismo de control. Seguimos paseando. Una iglesia ortodoxa griega. Recoleta, escondida. Hermosa. Apenas quedan aquí treinta familias ortodoxas. Es la parte más limpia de la ciudad. Y más cuidada. Las cosas son como son. Un palacio de la época otomana. El influjo turco, de nuevo, aquí, a ver si tengo un rato y hablo de él. Un estandarte de la Monarquía católica; no resisto y me hago una foto con él. ¿qué habrá venido a hacer aquí?. Seguimos paseando ya acabamos en el Museo del Jabón. Esta fue zona jabonera. Un edificio cuidado. Como muchos otros museos en la zona, son privados, en este caso de la fundación Audi. El proceso artesanal del jabón. Y veo a mi abuelo en la cuadra de su casa, con un barreño grande, enseñándome a mover la sosa con la que hacía jabón. Y ese olor que aún recuerdo. Voy leyendo el proceso, y viendo como se hacía el jabón y voy viendo mi infancia. Como en todos los museos, la salida es por la tienda de regalos. Algunos recuerdos, claro.

Almorzamos junto al Puerto. No nos atrevemos con el pescado. Algo de Humus. El viaje de vuelta es tranquilo. Algo de charla intrascendente con Dani: tiene dos hijos, uno es del tal Madrid y el otro del Barsa. Qué cosas. Se sigue mucho el fútbol, pero el deporte favorito aquí es el baloncesto. Hacen un buen papel en el Campeonato de Asia. Vemos algún estadio de fútbol: “una parte del dinero se lo quedan los políticos, por eso faltan las gradas”. La corrupción, tan universal como el hombre. Lo tranquilizo: en España esto también pasa.

Llegamos a Beirut y nos despedimos. Un buen hombre. Esta noche, para despedir la ciudad, cenaremos en El Chef.

PS: en el Génesis está escrito: “Canaán fue padre de Sidón, su primogénito, y de Het; también de los jebuseos, de los amorreos, de los guirgasitas, de los jivitas, de los arqueos, de los sineos, de los arvaditas, de los semaritas y de los jamateos. Más tarde se expandieron los clanes de los cananeos, y sus fronteras llegaron desde Sidón hasta Gaza por el camino de Guerar; y hasta Lesa, yendo hacia Sodoma, Gomorra, Admá y Seboím”

21.10.11

Tardes de cena y tópicos en Beirut

Lo local y lo global. Almorzamos comida árabe y cruzamos la calle para tomar un café en un Starbucks. Hay que reponer fuerzas. La roca de las palomas es hermosa. Una solitaria bandera libanesa ondea en lo alto, como si la roca, solitaria, hostil, fuera de alguien más allá de ser del mar. Volvemos al centro. Hace calor. Mucho calor. Un paseo por Saifi, la zona de compras de moda en Beirut, obra también de Solidere. Algo así como las Rozas village pero con más glamour. Se nos va la tarde y acabamos yendo a cenar a un bar español. Cosas que pasan. Lo vimos cuando abría y le prometimos a Paul, el dueño, que pasaríamos. Estuvo años viviendo en Barcelona, y ahora ha vuelto a su casa. Cenamos con parte de la colonia española aquí. Los grandes relatos: amor, traiciones, deseos, son universales y acompañan al hombre desde que un simio descubrió que el dedo prensil le permitía fabricar armas. Buenas tapas y a un precio razonable. Vino de Antonio Banderas, para seguir con los tópicos. Varios digestivos en el Electro Mecanique, servidos por un chiita que seguro que ha bailado alguna vez el Rock the Casbah de los Clash, nos hacen pasar por las fases clásicas de exaltación de la amistad, cantos regionales y ataques al clero. Sin salir de Gemmayzeh, nos vamos a Name this bar. Tras otro digestivo, y antes de que sea demasiado tarde nos vamos a dormir. Mañana nos espera el sur.

PS: Demuestra poseer la vulgaridad de esos turistas que desearían lugares incontaminados y creen que sólo los demás los contaminan. Kyselak se considera que es el único con sentimientos nobles, capaz de apreciar lo auténtico. Los demás son “semihombres”, masa estúpida y fea, de la que no sospecha que forma parte.

Magris, Claudio: El Danubio. Anagrama, Barcelona, 2000. Pág. 143

20.10.11

Una línea verde y un hotel

Un café y una muffin cerca del Instituto. Solidere ha convertido la calle en un rincón de cualquier ciudad del mundo y los desayunos son todos estándar. Solidere como sinónimo del futuro del Líbano. A la calle sólo puede accederse andando. Normal, la tentación del coche bomba es muy grande. En la plaza está el Parlamento libanés. Un poco más arriba, la presidencia; un serrallo de Estambul, como me apunta oportuno Maic. Nos ponemos en marcha en nuestro deambular. Al poco de andar, buscando Hamra, nos damos de bruces con el Holiday Inn. Un hotel que forma parte de la leyenda de la guerra. Uno de los escenarios clave de la “batalla de los hoteles”, cuando ambos bandos buscaron los edificios más altos de la ciudad para hostigar al enemigo desde ellos. Más de mil personas fueron asesinadas desde sus plantas. Refugio de francotiradores y pegado a la línea verde beirutí que marcó el destino de los vecinos de la ciudad, cuando terminó la guerra se encontraron cientos de cadáveres dentro. No ha sido reconstruido y ofrece un aspecto fantasmagórico. A su lado, uno de los hoteles más lujosos de oriente próximo. Esto es Beirut. Lo nuevo y lo viejo superpuesto, sin más complejos.

Seguimos avanzando, a veces en paralelo a la Línea Verde, y acabamos desembocando en la Universidad Americana. Un remanso de paz en medio del caos de Beirut oeste. La lógica wasp en medio de una Casbah. Creada por misioneros protestantes en el XIX, ocupa una importante parcela de la ciudad, junto al mar. Es uno de los pocos sitios donde los jóvenes de todas las confesiones se juntan. Nos dejan entrar, dejando los pasaportes. Un paseo por el campus y visita, obligada, al museo arqueológico de la Universidad, donde se exponen retazos de la historia de este lugar en el mundo que es, también, la historia de todos nosotros.

Abandonamos la Universidad y acabamos en Hamra. Hace calor. Un calor húmedo, que se pega en los huesos. Ese calor que me hizo olvidar muy pronto el mediterráneo. Llegamos a la Corniche y desde allí volvemos a ver la Noria. La obsesiva noria de los fedayines.

Va siendo la hora de comer y estamos cerca de la roca de las palomas, así que hacemos un alto en el camino. A la tarde, nos espera Saifi, de vuelta al centro comercial de la ciudad.



PS: Simplemente imagine cuatro círculos de tamaño cada vez menor incluidos unos dentro de los otros. El mayor es el de los mil quinientos millones de musulmanes del mundo, divididos en suníes, chiíes y cientos de otras sectas como los sufíes […]. La observancia puede ser tan casual como lo es […] la práctica religiosa entre los judíos, los budistas, los cristianos […]. Los islamistas son el siguiente círculo más pequeño, esto es, la gente que quiere que los Estados introduzcan la ley islámica […]. El tercer círculo son los salafistas, o seguidores de los sabios fundadores que rodeaban a Mahoma. Éstos quieren establecer estados islámicos de un tipo extremadamente puritano. […] La mayoría de los yihadistas son salafistas, pero no todos los salafistas son yihadistas, es decir, personas que intentan que se produzca una violenta transformación de las sociedades en estados islámicos.

Burleigh, Michael: Sangre y Rabia. Una historia cultural de terrorismo. Madrid, Taurus, 2008. Pág. 456.

18.10.11

El Beirut de SOLIDERE

Amanezco en lunes y voy dando un paseo hasta el centro de la ciudad. No sé si la expresión es correcta, porque no tengo claro que Beirut tenga centro. Lo tuvo. La plaza de los mártires, nombrada así en honor a los patriotas libaneses muertos por losotomanos durante la Gran Guerra, pero se trata de una Plaza que fue destruida por la guerra. En toda esta zona, donde se ubicaba el parlamento libanés, o la residencia del Primer Ministro, quedaba poco en pie tras la guerra. Y ahí nació SOLIDERE. Un invento de Hariri que ha puesto en pie de nuevo toda esta zona de la ciudad. El mecanismo era simple: se compraba a los antiguos propietarios y se les hacía accionistas de la sociedad. Con todo el terreno, más el capital saudí, se fue reconstruyendo la zona. Ha quedado igual que estaba, pero en vez de viviendas y pequeños comercios, lo que hay es oficinas, tiendas y lo que podríamos llamar el downtown de la ciudad. De camino, la Mezquita Mohammad al-Amin, levantada por Hariri a principios de siglo, a imitación de la Gran Mezquita de Estambul. Al lado de la Mezquita está la tumba de Hariri, asesinado probablemente por los sirios en 2005 y cuya muerte desencadenó la Revolución de los Cedros contra la presencia siria en el país. Hariri era un hombre saudí y ser saudí aquí es ser antisirio. Así de sencillas son las cosas. De fondo, sunitas contra chiitas. Más que una tumba, hay una jaima como retratos suyos y con flores. Un tribunal internacional investigó su muerte y el jefe de la inteligencia siria en Líbano se suicidó de manera oportuna antes de que hiciera públicas sus conclusiones. Hariri sigue marcando hoy, años después, la vida política del país: a raíz de su muerte se constituyó la Alianza 14 de marzo y su hijo Saad ha sido primer ministro hasta principios de este año.

Solidere no pudo comprarlo todo. Cerca de la Plaza de los Mártires se ve aún la mitad de un viejo cine destruido por la guerra cuyo propietario no ha querido vender. En la plaza de San Jorge, donde Hariri fue asesinado hay, ironías del destino, un gran mensaje en la fachada del hotel que grita “STOP Solidere”, ya que sus propietarios se consideran acosados por la empresa para que vendan.

Al fin, llego a mi destino. Una cafetería cerquita de la Plaza de L´Etoile, a pocos metros del Cervantes. Vamos a desayunar algo antes de salir a ver la parte musulmana de la ciudad. Beirut nos aguarda.


PS: “De las seis mil bajas árabes que hubo durante la Revuelta, sólo mil quinientas fueron asesinadas por los británicos o por la Haganah; el resto fueron asesinados por otros árabes”.

Burleigh, Michael: Sangre y Rabia. Una historia cultural de terrorismo. Madrid, Taurus, 2008. Págs 137 y 138.

17.10.11

Hacia el norte, donde todo esto nació

Amanece Beirut. Ayer fuimos hacia el este pero hoy tocar ir al norte. La complicada salida de la ciudad. Los coches. Los anuncios invadiendo la carretera. El caos del tráfico. El dinero saudí, que todo lo riega y que es, a día de hoy, el mejor seguro contra una nueva guerra. Los controles del ejército. Constantes. Nuestro destino es Batroun. El casco está bien cuidado. Una ciudad llena de cristianos. Impresiona, para alguien como yo, entrar a una Iglesia y ver las inscripciones en árabe. Analfabetos como somos todos, confundimos árabe con musulmán, cuando la nación del mundo con mayor número de musulmanes no es ni siquiera árabe. Aquí ha habido cristianos árabes desde hace siglos. Van disminuyendo: occidente los desprecia o los ignora y nadie, me temo, volverá a dar la cara por ellos. Una iglesia maronita. Con un atrio que da al mar. Un espectáculo maravilloso a media mañana. Encontramos también una iglesia ortodoxa. Entro, como siempre, derecho al iconostasio. Esa parte mágica de estas iglesias, la representación simbólica de la separación entre el cielo y la tierra. Es la única pieza que busco cada vez que, como en aquel Monasterio Serbio, entro a una Iglesia ortodoxa.

Se acerca la hora del almuerzo y caminamos hacia Chez Magoui, un chiringuito al pie de un saliente sobre el mar. Uno elije el pescado y, mientras se lo hacen a la brasa, baja a pegarse un baño. De fondo, el mar. Ese tono azul que solo da el mar. Se nos va la comida, decadentes, y a los postres nos saluda una libanesa que vivió en Chile. La voz alta y las sonrisas delatan a los españoles cuando comen por el mundo alante...

El día empieza a caer cuando ponemos rumbo a Biblos. Esto sí que son palabras mayores. Aquí nació el alfabeto. Como suena. Unos doce siglos antes de Cristo. Lo crearon los fenicios. Los comerciantes. Los avances en el mundo los trae el comercio; ni clérigos ni funcionarios han aportado nada nunca. Había que comerciar, y había que dejar por escrito los tratos. Y los pictogramas ya no valían, porque no sirven para representar conceptos abstractos. Eso que hemos experimentado tantas veces cuando jugamos al Pictionary. Estar en la cuna de todo esto. La ciudad que dio su nombre a los libros. La que quizá sea la ciudad más antigua del mundo que sigue habitada hoy en día.

Paseamos y salimos al espigón del puerto. Un coqueto rincón que fue refugio de la élite cultural europea cuando esto era la Suiza del próximo oriente. La casa del mejicano Pepe, donde tantas estrellas vinieron a almorzar. Un zoco limpio rodeado de un caos de tráfico. En una iglesia ortodoxa celebran una boda. Qué iguales son los ritos en el mediterráneo. Las flores. El color blanco. Las prisas

Volvemos por la carretera de la cosa y nos atrapa el atasco de un domingo tarde en Beirut. Nos vamos a cenar al faro, en Beirut oeste. En la zona chií. En la Corniche, una de las zonas más hermosas de Beirut, rompiendo frente al mar. Al fondo, la noria. Junto a la noria. Probamos el narguile, con sabor a manzana y voy mirando a mi alrededor. La carta sin cerdo, como en toda la zona musulmán. La mujer chií parece más liberada que la suní. Lo que une a todas las mujeres aquí es su obsesión por las cejas: unas cejas robustas, negras y potentes: cuando no las tienen, se las pintan. Aquí parece como si la moda se hubiera detenido al principio de la guerra, en los setenta: el pelo, las hombreras, los ojos, parecen sacados de mi infancia.

Se nos ha hecho tarde ya y es hora de volver. Mañana nos espera Hamra.


PS: “Se prohibía el cerdo porque era peligroso cuando se lo ingería mal cocido, pues tenía parásitos”

Johson, P.: La historia de los judíos. Vergara, Barcelona, 2004. Página 53

16.10.11

Rock the Casbah en Ermeil

Llegamos, cansados, de Baalbek. A la vuelta intentamos ver Ksara, una bodega. El vino fenicio fue mítico en la antigüedad, pero ha quedado reducido a casi nada. No lo logramos. El horario es europeo y aquí cierra todo pronto. Beirut es quizá la ciudad con más ambiente nocturno de la región. Una ducha y a pasear la ciudad. Una ciudad que sigue divida con aquella línea verde de la guerra. Aquella línea con la que la gente de mi generación empezó a conocer esta parte del mundo: A un lado, el legendario Beirut oeste, el Beirut sartaldea de Kortatu. Hamra. El terror musulmán. El oriente. Al este, la Falange. El terror cristiano. Paseando por el barrio, al final entramos a cenar en Couqley, un elegante restaurante francés ubicado en Beirut este. El Líbano existe por Francia, igual que Portugal existe por Inglaterra. El sueño cruzado de asegurar un lugar para los cristianos cerca de tierra santa. La élite es francófona, y esto genera problemas a la hora de normalizar la convivencia, porque la élite musulmana, para marcar distancias, es angloparlante. Su único idioma común es el árabe, lo que genera diglosia, a lo que se suma el que el árabe sea un idioma complejo: no se habla como se escribe y la unidad de la lengua está perdida. Alguien lo comenta con pena y yo no puedo dejar de pensar que me da igual. Las lenguas son herramientas que evolucionan: nosotros también hablamos un latín corrupto y no ha pasado nada por ello. No le debemos nada a la lengua en la que hablamos, como no le debemos nada al aire que respiramos. Couqley es un restaurante recoleto y tranquilo ubicado en Gemmayze. Probamos al final vino local. Poca cosa. Al acabar, nos vamos a tomar una copa a una terraza, sin salir de Ermeil. Todo un golpe de Estado, mirando la autopista e intuyendo al fondo el mar. No suena el Rock The Casbah de los Clash pero el ambiente lo pide a gritos. Poco a poco, se nos va la hora entre gintonics mientras hacemos los planes para mañana domingo. El pegajoso calor de las ciudades del mediterráneo.

Yo siempre fui un hombre de tierra adentro.

PS: “Al contemplarlo desde la perspectiva del siglo XXI, vemos el judaísmo como la religión más conservadora. Pero en sus orígenes fue la más revolucionaria. El monoteísmo ético inició el proceso en virtud del cual se llegó a la destrucción de la cosmovisión de la Antigüedad”.
Johnson, Paul: La historia de los judíos. Vergara, Barcelona, 2004. Página 56.

13.10.11

El sábado, de camino al valle de la Bekaá

Amanece Beirut. Amanece pronto, entre la luz y el ruido de los coches. Estamos en Rmeil. Cerca de la sede de Kataeb. Un barrio cristiano, donde se aloja gran parte de la colonia española. El país se nos hace extraño a los occidentales porque nosotros perdimos, con la caída de los Habsburgo, la oportunidad de ver países hechos por encima de las identidades nacionales. Democracia consociacional nos enseñaban en la carrera. Democracia de ovejas, en realidad. El jefe de Estado ha de ser un cristiano maronita, el presidente del parlamento un chíiita y el jefe de gobierno un sunita. Igual que cuando se fue Montilla y Zapatero dijo que en Industria iba a ir “un catalán”. Qué más da cómo sean. No hay partidos que atraviesen las confesiones: se supone que los cristianos votan cristiano, los sunitas votan suní y los chiitas votan chií. El problema es que la situación demográfica ha ido cambiando: los maronitas preparados emigran, y los chiitas crecen. Así que los cristianos hace mucho que son ya menos de la mitad del país. Y su futuro aquí es oscuro.

Abandonamos el apartamento. Apenas hay nombres de calles puestas, la gente se guía por barrios y por edificios emblemáticos. El tráfico es caótico, como uno lo imagina en las ciudades de Asia. Tomamos el coche de alquiler y nos dirigimos hacia el este. Beirut está encajonada en una península entre el mar y el Monte Líbano. Según abandonamos la ciudad vamos viendo el Mediterráneo en perspectiva y los centenares de casas desparramadas por la montaña. El atasco es épico: “todo el mundo en Beirut tiene una casa por aquí y se va los sábados por la mañana”, me comenta Mim mientras vamos dejando atrás la ciudad. La carretera está toda en obras. “Este puente que están terminando lo vuela siempre Israel cada vez que ataca el país”, me señala Maic mientras conduce. En breve llegamos al alto que separa esta parte del país del valle de la Bekaá. Otro sitio de resonancias míticas. El granero de Roma. La huerta del próximo oriente. Y desde hace unos años, un campo de cultivo de droga dominado por Hizbulá, que tiene aquí uno de sus feudos. El viaje es largo, a medias por las obras y a medias por los constantes controles del ejército libanés. La frontera siria queda cerca y las fronteras en esta parte del mundo son lugares complicados. Atravesamos varios pueblos, muchos de ellos con iglesias cristianas. La mezcla como realidad. Impacta ver una cruz con letras árabes. Pero es que los antepasados de las personas que se imaginan a sí mismas cristianas estaban aquí mucho antes de los antepasados de las personas que se imaginan a sí mismas musulmanas. Para el Islam, Jesucristo era un profeta y un hombre santo; para los cristianos del siglo VII, el islam era una herejía del cristianismo que había ayudado a poner fin a la idolatría en Arabia. Qué cosas.

Por fin, llegamos a nuestro destino. La Imperial Heliópolis. Pocas cosas impactan más en un país que ya es de por sí un impacto constante. Más allá, el Antilíbano y detrás ya Siria…

12.10.11

Llegar al Líbano vía Roma, toda una metáfora...

Va atardeciendo porque viajamos hacia el este. La escala en Roma me junta con unos viajeros chicharreros. Todos vamos al Líbano, aunque su viaje está organizado por agencia y el mío no. Como el vuelo a Beirut va con algo de retraso, nos da tiempo a charlar. No son pareja, pero viajen juntos. Él es un enamorado de la cultura árabe, ella lo sigue con cierta desgana. Repasamos viajes realizados y nos recomendamos destinos. Coincidimos en el placer de viajar. De conocer. De comprender.

Llego a Beirut y es noche cerrada. El aeropuerto, dominado por los chiitas de Hizbulá, lleva el nombre del líder sunita Rafic Hariri. En el control del pasaporte la única preocupación del policía es buscar si mi documento lleva algún sello de Israel. Palabras de cortesía en ese inglés universal que hablamos todos lo que no lo tenemos de lengua materna. De camino a la ciudad, ubicada al norte, varios controles de policía, que nos dejan pasar sin problemas. Una constante en la ciudad: la obsesiva presencia del ejército libanés. Casi en cada esquina. De manera literal. Los soldados, en sus puestos de vigilancia, se llegan a confundir con el paisaje.

Estoy en el Líbano. En el Próximo Oriente. En la Tierra Santa. Un país inventado por Francia para dar una patria a los cristianos de Oriente. Así de sencillo. La Francia republicana y laica, me comenta Maic de camino a casa, se inventó este país y siempre lo ha considerado suyo. Varias sectas y múltiples identidades para un territorio poco más grande que la provincia de Zamora. De un lado, los maronitas, cristianos bien avenidos con Roma. Gente de las montañas. Árabes, aunque ellos se imaginen a sí mismos como fenicios. Seguidores de San Marón. Llevan aquí decenas de siglos. Fueron los grandes protegidos por Francia. Dos partidos, uno histórico, la Kataeb, la Falange libanesa, y otro una escisión, primero de las Fuerzas Libanesas, y luego del Movimiento Patriótico del general Aoun. Algunos cristianos más, básicamente armenios y ortodoxos, componen el paisaje de la cruz en el país. Enfrente, los musulmanes sunitas, la versión ortodoxa del islam, apoyados por Arabia Saudí, los musulmanes chiitas, una secta herética para los sunitas, patrocinados por Irac y Siria, y por si faltara poco, los drusos, una herejía fascinante que conecta el islam con las religiones previas al Libro que se desarrollaron en el Creciente Fértil.

Hace calor. Son casi las tres de la mañana. Cerca de mi habitación, la sede local de la Falange. Nos vamos a dormir. Mañana hay que madrugar. Alejandro Magno y Roma nos esperan… Como dijo el estadista de los Balcanes, quizá el problema de esta tierra es que también produce más historia de la que puede digerir…

29.7.11

De viaje por Ses Illes (y III)

Llegamos a Sóller. Un paisaje en el que uno imagina la historia de amor entreFlorentino Ariza y Fermina Daza a lo largo de los años. Esos amores demorados por los años, por las obligacionesl. De fonod, un paisaje cafetal. Colombiano. Remontando quizá el río Magdalena. Uno recuerda al coronel esperando el vapor en el que llega el correo. Esa montaña que cae sobre el pueblo. Esas nubes que se comen las montañas. Ese ambiente. También, ese ferrocarril: de cuando había empresas en España. Y de cuando había empresarios. Nos empieza a diluviar. Un paseo por el pueblo. Acabamos almorzando con cierta tranquilidad, en el mejor hotel de la ciudad. Ya saben, cuando uno llega a una ciudad desconocida, lo mejor es que uno busque el mejor hotel y allí pregunte por las doce mujeres más bellas. Aclara la tarde y nos acercamos al puerto a echar la tarde. Andar el mar. Estar en los sitios y ver algo más que la playa. La pequeña dársena. Una bahía cerrada por dos faros.

Hay algo mágico en el mar. Y también en esta isla colombiana enclavada en el mediterráneo. Lo vio Claudio Rodríguez que vino a aquí a enseñarnos a entender “la sorpresa de la claridad, / la inocencia de la contemplación”. Se nos cae la tarde. Volvemos a Calviá. Uno necesita montaña, mucha montaña, para la reflexión, aunque a veces no sepa dónde le lleva esa reflexión. Aunque a veces sea capaz de pensar una cosa y la contrario con sólo cinco minutos de diferencia.

Cuando el avión despega y voy a asomarme por la ventanilla, abro al azar el libro del poeta y veo que me advierte: Y no mires el mar porque todo lo sabe. Obediente, aparto la vista y me voy quedando dormido de vuelta a la península…



PS: A vueltas con la crisis de la izquierda. Leído en la Vanguardia española. Lúcido Gregorio Morán.