La obsesión de los comunistas por los poetas. Esto sobre Ana Blandiana, en ABCultural: Un poema escrito con 17 años le costó una prohibición, por parte del gobierno comunista, de acudir a la universidad. Y esta reflexión: "En 1985, cuatro de sus poemas aparecidos en la revista 'Amfiteatru' fueron considerados subversivos. Uno de ellos, 'Todo' (Totul), que era un inventario de cosas que resumían la miseria del país (las cajas de cerillas, las colas para la harina, los escarabajos de la patata), se convirtió en un símbolo de la resistencia, y fue saltando de disidente en disidente en forma de samizdat. Era un tiempo en el que los poetas, cuenta Blandiana, eran famosos como estrellas del rock, porque la gente buscaba en las metáforas los últimos resquicios de libertad. Por eso se consideraban tan peligrosas."
20.11.21
Batallas absurdas
Me llegó vía el gran Oscarnelo, unos de los grandes, la historia de Karansebes, quizá la batalla más loca de la historia. Para echar el sábado...
16.7.20
Estados e Imperios: Rumanía, de nuevo (y III)
- “El pasado no se describe escribiendo sobre lo antiguo, sino sobre la nebulosa que existe entre uno mismo y el pasado” (Mircea Cartarescu)
- “El mundo moderno se enfrenta a su soledad y a sus responsabilidades sin el artificio de una dependencia protectora o la coherencia de una utopía ficticia"
- “Cuando las identidades se multiplican, las pasiones se dividen” como sostenía Michael Walzer.
- "Cuando los hombres y mujeres dejaron de creer en Dios y, por lo tanto, en la inmortalidad individual, buscan un refugio en una identidad colectiva" (Milosz)
13.7.20
Estados e Imperios: Rumanía, de nuevo
28.12.19
Treinta años ya
29.11.19
Rumanía y la historia
11.9.17
Cioran
26.5.17
Sociedades sin capital social
18.11.14
Un país, una minoría, una victoria
5.4.13
Cómo viajar para no descubrir América...
23.8.12
Mihail Sebastian. Cuando ganaron los que estaban hartos de ser inteligentes...
20.8.12
Mihail Sebastian. Las particularidades nacionales.
8.8.12
Mihail Sebastian. El hombre solo
20.7.12
Elogio del individuo, en rumano...
Un país en el que convivía un alma cosmopolita, y que hizo de Bucarest la París del este, con un nacionalismo provinciano y antisemita que acabó destrozándolo todo. En qué medida una sociedad culta puede caer primero en manos del fascismo y luego del comunismo más paleto debería hacernos reflexionar a todos sobre el carácter incontrolado e indeterminado de la historia.
29.5.12
Libros (y censuras)
3.10.11
Un país cercano...
Este próximo miércoles comienza Liber, la Feria Internacional del Libro. Rumanía: un invitado de honor cercano. Y querido. No sólo fue aquel viaje, que hice de la mano de Kaplan y que terminó, claro, en el hotel brindando por las personas que escriben y que, al hacerlo y dar forma a sus sueños, nos enseñan a entender los nuestros. No, no fue sólo aquello. Fue descubrir aquella Europa que nos escamotearon a medias el comunismo y la reforma educativa. Aquella Bucarest en la que se editaban más libros en francés que en ninguna otra ciudad europea, exceptuando París. Aquella calle Victoria, elegante como un sueño. Aquella literatura que empezó a hacernos ver Magris en su Danubio imperial y que luego vino de la mano de Andric, que nos trajo Jesús, de la mano Roth, que murió alcohólico y solo, ante las miradas de reproche de la sociedad burguesa, de Marai, que huyó, de Andrujovic, que se quedó, perdido en un aeropuerto porque hay llegado junio y ya estoy a otra cosa, chaval. Uno no es el mismo tras entrar en la vida de otra persona, y leer un diario es abordar una vida, como demuestra el Diario de Mihail Sebastian; la caída de una sociedad en la miseria, en el horror; el antisemitismo como refugio de los canallas. La condición de judío como estigma, aunque uno sepa ni que lo es. Cuando uno ha de renunciar a lo que es sólo para sobrevivir. Luego llegó Norman Manea y llegó, en cierto sentido, también la Müller. Y llegó Mircea Elialde. Y tantos otros. Me quedaré ciego el día que no tenga nadie cerca para recomendarme libros, para descubrirme literaturas. Para contarme vidas. Para hacerme crecer. Es lo que hay. Y también le pasará a usted, desocupado lector. Ya lo verá.
Un país fantástico, Rumanía, un país cercano y amigo. Un mar de imaginación latina rodeada de bosques eslavos. Y judíos. La vida como desarraigo. Un país que leer y sobre el que huir de los tópicos, tan bobos y tan fáciles, construidos a medias entre la ignorancia y la televisión.
PS: En alguna parte, en una isla con sol y sombra, en plena paz, en plena seguridad y en plena felicidad me tendría sin cuidado ser o no judío. Pero aquí y ahora no puedo ser otra cosa. Y creo que tampoco quiero.
Sebastian, Mihail: Diario (1935-1944), Entrada del 17 de diciembre de 1941.
25.9.10
¿Delincuentes porque gitanos?
Un tema bien complicado, el de los gitanos expulsados de Francia. El Estado moderno, la libertad y la justicia se basan en que no delinquen los colectivos, sino los individuos. Nos costó una guerra y un holocausto que los europeos empezaran a comprender que “los judíos” no eran culpables de ningún crimen, y que nadie puede ser condenado por ser lo que es, (sobre todo porque uno no puede dejar de serlo). Creo que eso lo tenemos todos claro. El problema llega cuando individuos de un mismo colectivo se mueven en grupo y no se integran en el lugar al que llegan, como los gitanos rumanos en Francia. No tengo una opinión clara al respecto: me parece bien que Sarkozy defienda que no quiere rumanos de identidad gitana en su país si no tienen un trabajo estable y se integran en la estructura cívico-social de la República. Pero es peligroso expulsar a alguien por ser gitano. O por ser rumano. Un rumano podrá delinquir o no delinquir, pero es un poco fuerte que alguien se acerque y lo expulse con independencia de que haya delinquido o no. Sólo por ser rumano.
A veces, en las noches de invierno, la gente como yo también sueña. Y sueña con un mundo sin fronteras, sin barreras, en el que cada uno pudiera vivir donde quisiera de su trabajo honrado. O pudiera dejarse morir si no le apetece trabajar. Cualquier identidad es una cárcel, de oro o espantosa, pero una cárcel.
La gente como yo, perdónenme la confesión, a veces, en sueños, nos imaginamos capitanes de aquel hermoso bajel de Joan Salvat-Papasseit, de pie frente al viento en el puente de mando tras haber raptado a la mujer amada y recitando los hermosísimos versos de Cernuda, quizá la mejor continuación del poema del bardo de Alejandría: "Mas ¿tú? ¿volver? Regresar no piensas, / sino seguir libre adelante, / disponible por siempre, mozo o viejo, / sin hijo que te busque, como a Ulises, / sin Itaca que aguarde y sin Penélope”.
PD: La música que le puso Loquillo es preciosa, pero la letra es aún mejor: "Ara no es fa, pro jo encara ho faria: / una galera armaria de nits / o un galió / amb les veles més fines, / i amb cent pirates com la meva sort. / No pregunteu quines mars fendiríem / - foren aquelles on calgués valor". En castellá, pinchando aquí.
PS: me sigue doliendo la mano
19.8.10
Leyendo
Son pocos los libros que he leído más de una vez. El Quijote, ya van dos, Cien años de soledad, van tres. Son pocos los que sé que volveré a leer. El Danubio es uno de ellos. Lo tengo aquí, en la Sanabria, protegido. Llegó en agosto de 2001 y lo leí enseguida. Me fascinó, aunque yo por entonces no conocía ni El Acantilado, ni Andric, ni Zweig, ni Sebastian ni a Roth. Ahora que lo veo en perspectiva, mi primera década del siglo ha sido una década de recuperar la Europa central. Ha sido mi década de Mitteleuropa. Ahora lo hojeo y me doy cuenta de que, cuando vuelva a leerlo, muchas cosas me serán ya familiares. Estuve en Donaueschingen y ya conozco la Selva Negra. Soy amigo de Zweig, su mundo de ayer me abrió a una vida nueva. He estado tantas veces en Viena que ya ni me acuerdo: con Musil, con Roth… Hungría es para mí un territorio cercano, no sólo por las esplendorosas memorias de Sandor Marai, sino porque conocí a Klara y a más gente como ella después. Y qué decir de Yugoslavia, si ya he viajado por el tiempo con Andric y he leído, gracias Jesús, a Danilo Kis. Y Rumanía, país al que llegué de la mano de Kaplan, por quien brindé a su salud en la calle Victoria. Y las siete ciudades, y Brasov, y Braila, donde nació Sebastian, el hombre que muere atropellado de manera idiota, ¿hay alguna que no lo sea? al acabar la guerra. Y he oído a Canetti hablar en ladino allá donde casi desemboca el río, en Bulgaria
He viajado tanto por el Danubio que tengo que volver a leer el libro. Creo que lo interpretaré mejor ahora. Diez años de vida en común y lo único positivo que logro recordar mirando hacia atrás es un libro regalado el 5 de agosto de 2001. La vida está llena de paradojas.
PS: "Zweig siempre dijo que uno de los grandes males de la historia era el nacionalismo. Cosmopolita, pacifista, su pensamiento estaba enraizado en el idealismo alemán proveniente de Goethe o Schiller. […] El hombre estaba por encima de la raza o la nación. La idea del internacionalismo lo fascinaba: no estar únicamente vinculado a un solo país […]
Molina, Cesar Antonio: Lugares donde se calma el dolor. Barcelona, Destino, 2009. Página 384
27.5.07
Al este de Bucarest
Hemos estado viendo “12:08 al este de Bucarest”, la última película del joven realizador rumano Corneliu Porumboiu. Realizada con pocos medios y con bastante sentido del humor, la película se centra en la realización, en una pequeña ciudad de provincias, de un programa de televisión coincidiendo con el XVI aniversario de la caída de Ceaucescu. El moderador invita a dos contertulios para analizar si en la ciudad hubo revolución o no, centrándose el debate en si la gente se manifestó antes de las 12.08 del 22 de diciembre (momento exacto en el que el helicóptero del dictador salía huyendo de Bucarest) o, por el contrario, todos esperaron a que el dictador huyera para salir a manifestarse. El discurso de los tertulianos y las llamadas de los telespectadores muestran el mensaje de fondo de la película; en todas partes cuecen habas: un antiguo agente de la Securitate que se ha hecho rico, un profesor alcohólico que en realidad estaba en bebiendo en un bar aquella mañana… un inmigrante despreciado, la madre de un joven que murió en la Revolución… así hasta componer un fresco de la nostalgia de cuando todos éramos más jóvenes y teníamos sueños que no sabíamos que nunca se cumplirían. Vayan a verla, antes de que desaparezca de la cartelera.
Y es que en Rumanía, como en tantos otros países que sufrieron dictaduras, gran parte de la población luchó contra el dictador una vez que éste hubo muerto. ¿Le suena de algo, desocupado lector?
31.8.06
Viernes, 11 de agosto
Bucarest, como muchas de las ciudades soviéticas, presenta extensas periferias con las colmenas para obreros edificadas durante la dictadura. Nos cuesta encontrar el hotel, ubicado cerca de la Estación del Norte. Cuando por fin llegamos, el mozo que nos acompaña a la habitación derrocha simpatía. Como estamos cansados de conducir y las historias de los perros callejeros nos han dejado intranquilos, cogemos un taxi hasta la calle Victoria. Aquí vivía Mihail Sebastián hasta que el gobierno militar de Antonescu prohibió en 1941 a los judíos alquilar casas. Llegamos a la Plaza de la Revolución. El Palatul Senatului, desde donde el dictador huyó en helicóptero. Frente a él, y como desagravio, una preciosa estatua dedicada a Iuliu Maniu, un líder del partido campesino que nunca se doblegó al comunismo y que murió, tras varios años de prisión y tortura, en las cárceles del régimen.
En la Plaza de la Revolución hay también un monumento a los muertos durante la revolución de 1989. La antigua sede de la policía secreta, la Securitate, fue asaltada y ahora el edificio alberga un café, mezclando los restos del viejo caserón junto con una estructura moderna de vidrio. Vemos también el Edificio de la Biblioteca Centralâ Universitarå. El régimen comunista desalojó a los estudiantes que pedían democracia con bombas incendiarias. Ardieron más de dos millones de volúmenes. Haría algún comentario al respecto, pero como ya se sabe que la cultura es patrimonio de la izquierda, paso de puntillas sobre el asunto.



