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26.10.24

El comunismo y los poetas como estrellas de rock

La obsesión de los comunistas por los poetas. Esto sobre Ana Blandiana, en ABCultural: Un poema escrito con 17 años le costó una prohibición, por parte del gobierno comunista, de acudir a la universidad. Y esta reflexión: "En 1985, cuatro de sus poemas aparecidos en la revista 'Amfiteatru' fueron considerados subversivos. Uno de ellos, 'Todo' (Totul), que era un inventario de cosas que resumían la miseria del país (las cajas de cerillas, las colas para la harina, los escarabajos de la patata), se convirtió en un símbolo de la resistencia, y fue saltando de disidente en disidente en forma de samizdat. Era un tiempo en el que los poetas, cuenta Blandiana, eran famosos como estrellas del rock, porque la gente buscaba en las metáforas los últimos resquicios de libertad. Por eso se consideraban tan peligrosas."

20.11.21

Batallas absurdas

Me llegó vía el gran Oscarnelo, unos de los grandes, la historia de Karansebes, quizá la batalla más loca de la historia. Para echar el sábado...



16.7.20

Estados e Imperios: Rumanía, de nuevo (y III)

  
Remate sobre lo de Kaplan a vueltas con Rumanía como espejo de Europa. Insiste en que la identidad es demasiado variable para los nacionalismos primitivos del siglo XIX, porque el nacionalismo rehuye de la ambigüedad como alma que lleva el diablo. 

Otra reflexión interesante sobre Moldavia y Ucrania, que el autor considera que quedarán como dos Estados semifallidos en su condición de parachoques entre un mundo y otro.

Citas para terminar:
  • El pasado no se describe escribiendo sobre lo antiguo, sino sobre la nebulosa que existe entre uno mismo y el pasado” (Mircea Cartarescu)
  • El mundo moderno se enfrenta a su soledad y a sus responsabilidades sin el artificio de una dependencia protectora o la coherencia de una utopía ficticia"
  • Cuando las identidades se multiplican, las pasiones se dividen” como sostenía Michael Walzer.
  • "Cuando los hombres y mujeres dejaron de creer en Dios y, por lo tanto, en la inmortalidad individual, buscan un refugio en una identidad colectiva" (Milosz)

13.7.20

Estados e Imperios: Rumanía, de nuevo

Algunas notas más del libro de Robert Kaplan sobre Rumanía como el futuro imaginado de Europa y de Asia. Y alguna cita, mágica: "Los países más afortunados son herederos de un imperio, los menos afortunados constituyen el olvidado residuo de aquellos". Una nota también sobre Putna, el Jerusalén rumano, un lugar mítico en los confines orientales de Europa y del que no conocía nada, la verdad.

Un par de ideas más: la Unión no es solo el final de la guerra en Europa, sino sobre todo el triunfo de Estados modernos construidos por encima de los mosaicos étnicos. A mayores, los problemas que hay en las culturas balcánicas con los derechos individuales y con el respeto a la alteridad -la admisión de la diversidad étnica- o la tolerancia son más seculares de lo que pensamos. 

En fin, como corolario, que  cuanto peor es la tiranía, peor es el vacío de poder que le sigue. Así que luego no le echen la culpa al capitalismo de lo que va a pasar en Cuba. O en Corea del Norte..


28.12.19

Treinta años ya

Voy con el viaje rumano de Kaplan y me encuentro con esto de Albiac en ABC. Era la dictadura más abyecta de Europa en 1989; era también el lugar en el que veraneaban los comunistas españoles. Y esta frase en el artículo. "Los planos de Bucarest eran material militar. Solo pedirlos te hacía sospechoso."
El comunismo amigos...

29.11.19

Rumanía y la historia

Un par de vuelos domésticos, es decir, por Europa, y remato A la sombra de Europa, un ensayo de Kaplan centrado en Rumanía. Varias páginas luminosas. Como la 168: "Los aciertos de un gobernante no se suelen cifrar tanto en la consecución de un objetivo concreto como en evitar que lleguen a producirse hechos aún peores". Y es que, como señala poco más adelante Kaplan, "Cuanto peor es la tiranía, peor es el vacío de poder que, indefectiblemente, sigue a continuación"

11.9.17

Cioran

Me acerqué a la literatura rumana hace años, a través de una tercera en ABC en la que García de Cortázar hablaba de Mihail Sebastián. El otro día Savater rememoraba a Cioran con unas líneas fantásticas en El País. El hombre que nunca le pudo perdonar a Dios que no existiera...


26.5.17

Sociedades sin capital social

Lo peor a la larga de los regímenes totalitarios son solo los derechos perdidos, las palizas, la falta de libertad... no. Lo peor a la larga , tal y como pudimos ver hace unos días en El País a cuenta de Rumanía, es como se destroza una comunidad para varias generaciones. Esa es la herencia más tremenda del comunismo, porque no desaparece cuando cae el régimen... 

18.11.14

Un país, una minoría, una victoria

Rumanía. Un país cercano. Un país hermoso por el que viajar. La bella Sibiu, a la que recuerdo con lluvia. La orgullosa minoría alemana, vendida como ganado en la época del comunismo para obtener divisas. Unas elecciones, las rumanas, que han supuesto una relativa sorpresa por la victoria del candidato liberal. Klaus Iohannis, frente al polémico Victor Ponta, cuyo partido está relacionado con las viejas élites de la dictadura. La importancia, a mayores, del voto de la diáspora, quizá más crítico que el que permanece en el país.

La alternancia, el respeto a las minorías y la posibilidad de los que pierden de ganar en las siguientes. Eso es además la democracia. 

Suerte en la tarea...

5.4.13

Cómo viajar para no descubrir América...


El último libro de Arcadi Espada, by My Colonel. Recordando a aquellos que actuaron en nombre de Franco. Un viaje. Siempre hay un viaje. A la búsqueda del invierno de 1944 en Hungría. Hacia Budapest. En primer plano, el fantasma de Ángel Sanz Briz y al fondo, el de aquellos como Casimiro Florencio Granzow de La Cerda que no encontraron contradicción entre ser franquistas y despreciar a los nazis. Hablaremos largo y tendido del libro, cuando tenga un rato, que se me acumula el trabajo.

Una primera reflexión que avala de alguna manera mi prejuicio de que viajar sin haber leído antes es hacer el gilipollas. A cuántos conozco que viajan descubriendo América a cada paso...

Yo, que nunca hubiera acabado en Rumanía si no hubiera sido por Robert D. Kaplan, o que jamás hubiera ido a Alemania si me hubiera faltado Claudio Magris. Que no viajé de adolescente a Cuba porque, más allá de Fidel, a lo que estaba esperando era al magnífico libro de Jorge Moreta...

Disfrútela, desocupado lector.

 “Viajar, yendo en busca de algo: nada hay mejor en la vida. Viajar sin levantar huellas es tan excitante como la gimnasia sueca. No es imprescindible esta fiebre de ahora, ni la investigación ni el enigma; bastan las huellas que dejó cualquier escritor en el paisaje, y seguirlas. Ir por un lugar que no vio nadie es un viaje ciego. El viaje, primero, se lee; y luego se hace.  Todo lo demás es descubrir América
Espada, Arcadi: En nombre de Franco. 
Los héroes de la embajada de España en el Budapest nazi.  Barcelona, Espada, 2013. Página 31 

23.8.12

Mihail Sebastian. Cuando ganaron los que estaban hartos de ser inteligentes...


El libro de Sebastian. Estamos en 1934. El mundo se precipita hacia el abismo. También Rumanía. Ellos, que pensaban que eran la generación de postguerra, no iban a tardar en aprender que en realidad eran la generación de entreguerras. El mundo había pasado a la acción. No había lugar para las palabras. ¿Para qué respetar al otro? La vida como totalidad. Todo el mundo se iba dejando caer a los extremos, sólo unos pocos, Madariaga en España, por ejemplo, decidieron atarse al mástil de la lucidez para no iniciar un viaje aSiracusa. Un  Cioran cercano al fascismo, que habla por boca de Parlea, le dice al autor, y nos dice en realidad a la gente como nosotros: “Eres un hombre peligroso. […] Demasiado lúcido para nosotros. Lo que necesitamos es una generación de hombres que estén hartos de ser inteligentes. Un puñado de hombres capaces de meter la pata”.

Al final, los encontraron.

Dejaron por el camino más de veinte millones de muertos.


20.8.12

Mihail Sebastian. Las particularidades nacionales.


El libro de Sebastian. La falacia de las identidades nacionales. Una falacia que sólo se comprende bien cuando uno viene de La Raya. O del Danubio. De la frontera, en cualquier caso. Como señala en la novela un Camil Petrescu, disfrazado de Mircea Vieru: 

La particularidad nacional existe, sin ninguna duda.  En el arte, consiste en la agrupación de todos los lugares comunes. El grado de particularidad indica a la vez el grado de mediocridad. Por eso, crear significa siempre rebasar esa particularidad. […] En definitiva, la particularidad nacional es lo que queda de una cultura después de haber suprimido el esfuerzo personal de pensar, las vivencias individuales y los logros de la soledad creadora. Eso es”.

Y esto, en 1934.

Grande Sebastian, grande.

8.8.12

Mihail Sebastian. El hombre solo


Acabé desde hace dos mil años, de Mihail Sebastian. Al autor rumano lo descubrí por azar en una tercera de abecé. Me cautivó su diario. Su escritura. Su individualidad. Ser uno solo, no dejarse doblegar por la masa.  Un ensayo a modo de diario, articulado en varios tiempos, mientras su país se consume hacia el abismo. Por el libro desfilan todos los grandes, que lo fueron, de la cultura rumana de la época: Nae Ionescu, Camil Petrescu, Cioran. Y muchas, muchas verdades en forma de reflexión. Por ejemplo, la necesidad de mantenerse en guardia cuando otros entregan alma y vida a los dogmas: “El espíritu crítico nunca ha llevado uniforme. Es un civil”, dice en uno de los párrafos, cuando la guardia de hierro campabas por sus respetos en el país.

No soy partidista, soy siempre un disidente. Sólo confío en el hombre solo, pero en él tengo una gran confianza”.

Un francotirador.

20.7.12

Elogio del individuo, en rumano...


Empezando Desde hace dos mil años. Escribir como Sebastian. El estilo seco. La palabra precisa. El concepto atrapado al vuelo. Me fascinó su diario, una crónica del descenso de una sociedad a los infiernos en plena época de Entreguerras primero, y durante el conflicto después. Y una crónica de la necesidad de no perder la individualidad ni aún ante la masa más aterradora. Me atrapa esta primera novela, a modo de dietario, publicada en 1934. Aún quedaban años muy duros por llegar. La historia que sobrevuela el libro es desconocida en nuestro país, como es todo lo que suene a Rumanía; un país al que ahora imaginamos lleno de gitanos y pobre de solemnidad. No siempre fue así. Hubo una potentísima élite intelectual rumana en la época de entreguerras. Élite que, por cierto, contribuyó al descenso, de su país al abismo a través de un episodio más de la traición de los clérigos. 
Un país en el que convivía un alma cosmopolita, y que hizo de Bucarest la París del este, con un nacionalismo provinciano y antisemita que acabó destrozándolo todo. En qué medida una sociedad culta puede caer primero en manos del fascismo y luego del comunismo más paleto debería hacernos reflexionar a todos sobre el carácter incontrolado e indeterminado de la historia.

La necesidad, en fin, de sostener, siempre, en cualquier lugar, y en cualquier momento, that all men are created equal, that they are endowed by their Creator with certain unalienable Rights, that among these are Life, Liberty and the pursuit of Happiness.

29.5.12

Libros (y censuras)


La Feria del Libro. Sinónimo de alergia primaveral. Intentar evitar los fines de semana para ir. Un paseo con Matzerath. Un par de libros, no puede resistirlo. Desde hace dos mil años, de Mihail Sebastian. Hay algo hipnótico en la escritura de Sebastian. En la escritura de quien intentó seguir siendo ciudadano cuando todos a su alrededor se convertían en patriotas, comunistas o gentuza en general. También, un análisis de las élites de 1868. Aquella Revolución que empezó en Cádiz cuando acababa el verano. Con la Reina en Guipúzcoa, sin entender nada de lo que estaba pasando.
Lectura para mi viaje, hoy, a Extremadura. Al sur del Duero. Y en el viaje, dos reflexiones a cuenta de la censura. ¿Es posible hoy en día en España?, ¿Qué hacer cuando nos toca de refilón?
Ya le contaré, si procede, desocupado lector.

3.10.11

Un país cercano...

Este próximo miércoles comienza Liber, la Feria Internacional del Libro. Rumanía: un invitado de honor cercano. Y querido. No sólo fue aquel viaje, que hice de la mano de Kaplan y que terminó, claro, en el hotel brindando por las personas que escriben y que, al hacerlo y dar forma a sus sueños, nos enseñan a entender los nuestros. No, no fue sólo aquello. Fue descubrir aquella Europa que nos escamotearon a medias el comunismo y la reforma educativa. Aquella Bucarest en la que se editaban más libros en francés que en ninguna otra ciudad europea, exceptuando París. Aquella calle Victoria, elegante como un sueño. Aquella literatura que empezó a hacernos ver Magris en su Danubio imperial y que luego vino de la mano de Andric, que nos trajo Jesús, de la mano Roth, que murió alcohólico y solo, ante las miradas de reproche de la sociedad burguesa, de Marai, que huyó, de Andrujovic, que se quedó, perdido en un aeropuerto porque hay llegado junio y ya estoy a otra cosa, chaval. Uno no es el mismo tras entrar en la vida de otra persona, y leer un diario es abordar una vida, como demuestra el Diario de Mihail Sebastian; la caída de una sociedad en la miseria, en el horror; el antisemitismo como refugio de los canallas. La condición de judío como estigma, aunque uno sepa ni que lo es. Cuando uno ha de renunciar a lo que es sólo para sobrevivir. Luego llegó Norman Manea y llegó, en cierto sentido, también la Müller. Y llegó Mircea Elialde. Y tantos otros. Me quedaré ciego el día que no tenga nadie cerca para recomendarme libros, para descubrirme literaturas. Para contarme vidas. Para hacerme crecer. Es lo que hay. Y también le pasará a usted, desocupado lector. Ya lo verá.

Un país fantástico, Rumanía, un país cercano y amigo. Un mar de imaginación latina rodeada de bosques eslavos. Y judíos. La vida como desarraigo. Un país que leer y sobre el que huir de los tópicos, tan bobos y tan fáciles, construidos a medias entre la ignorancia y la televisión.


PS: En alguna parte, en una isla con sol y sombra, en plena paz, en plena seguridad y en plena felicidad me tendría sin cuidado ser o no judío. Pero aquí y ahora no puedo ser otra cosa. Y creo que tampoco quiero.

Sebastian, Mihail: Diario (1935-1944), Entrada del 17 de diciembre de 1941.

25.9.10

¿Delincuentes porque gitanos?

Un tema bien complicado, el de los gitanos expulsados de Francia. El Estado moderno, la libertad y la justicia se basan en que no delinquen los colectivos, sino los individuos. Nos costó una guerra y un holocausto que los europeos empezaran a comprender que “los judíos” no eran culpables de ningún crimen, y que nadie puede ser condenado por ser lo que es, (sobre todo porque uno no puede dejar de serlo). Creo que eso lo tenemos todos claro. El problema llega cuando individuos de un mismo colectivo se mueven en grupo y no se integran en el lugar al que llegan, como los gitanos rumanos en Francia. No tengo una opinión clara al respecto: me parece bien que Sarkozy defienda que no quiere rumanos de identidad gitana en su país si no tienen un trabajo estable y se integran en la estructura cívico-social de la República. Pero es peligroso expulsar a alguien por ser gitano. O por ser rumano. Un rumano podrá delinquir o no delinquir, pero es un poco fuerte que alguien se acerque y lo expulse con independencia de que haya delinquido o no. Sólo por ser rumano.

A veces, en las noches de invierno, la gente como yo también sueña. Y sueña con un mundo sin fronteras, sin barreras, en el que cada uno pudiera vivir donde quisiera de su trabajo honrado. O pudiera dejarse morir si no le apetece trabajar. Cualquier identidad es una cárcel, de oro o espantosa, pero una cárcel.

La gente como yo, perdónenme la confesión, a veces, en sueños, nos imaginamos capitanes de aquel hermoso bajel de Joan Salvat-Papasseit, de pie frente al viento en el puente de mando tras haber raptado a la mujer amada y recitando los hermosísimos versos de Cernuda, quizá la mejor continuación del poema del bardo de Alejandría: "Mas ¿tú? ¿volver? Regresar no piensas, / sino seguir libre adelante, / disponible por siempre, mozo o viejo, / sin hijo que te busque, como a Ulises, / sin Itaca que aguarde y sin Penélope”.


PD: La música que le puso Loquillo es preciosa, pero la letra es aún mejor: "Ara no es fa, pro jo encara ho faria: / una galera armaria de nits / o un galió / amb les veles més fines, / i amb cent pirates com la meva sort. / No pregunteu quines mars fendiríem / - foren aquelles on calgués valor". En castellá, pinchando aquí.

PS: me sigue doliendo la mano

19.8.10

Leyendo

Son pocos los libros que he leído más de una vez. El Quijote, ya van dos, Cien años de soledad, van tres. Son pocos los que sé que volveré a leer. El Danubio es uno de ellos. Lo tengo aquí, en la Sanabria, protegido. Llegó en agosto de 2001 y lo leí enseguida. Me fascinó, aunque yo por entonces no conocía ni El Acantilado, ni Andric, ni Zweig, ni Sebastian ni a Roth. Ahora que lo veo en perspectiva, mi primera década del siglo ha sido una década de recuperar la Europa central. Ha sido mi década de Mitteleuropa. Ahora lo hojeo y me doy cuenta de que, cuando vuelva a leerlo, muchas cosas me serán ya familiares. Estuve en Donaueschingen y ya conozco la Selva Negra. Soy amigo de Zweig, su mundo de ayer me abrió a una vida nueva. He estado tantas veces en Viena que ya ni me acuerdo: con Musil, con Roth… Hungría es para mí un territorio cercano, no sólo por las esplendorosas memorias de Sandor Marai, sino porque conocí a Klara y a más gente como ella después. Y qué decir de Yugoslavia, si ya he viajado por el tiempo con Andric y he leído, gracias Jesús, a Danilo Kis. Y Rumanía, país al que llegué de la mano de Kaplan, por quien brindé a su salud en la calle Victoria. Y las siete ciudades, y Brasov, y Braila, donde nació Sebastian, el hombre que muere atropellado de manera idiota, ¿hay alguna que no lo sea? al acabar la guerra. Y he oído a Canetti hablar en ladino allá donde casi desemboca el río, en Bulgaria

He viajado tanto por el Danubio que tengo que volver a leer el libro. Creo que lo interpretaré mejor ahora. Diez años de vida en común y lo único positivo que logro recordar mirando hacia atrás es un libro regalado el 5 de agosto de 2001. La vida está llena de paradojas.

PS: "Zweig siempre dijo que uno de los grandes males de la historia era el nacionalismo. Cosmopolita, pacifista, su pensamiento estaba enraizado en el idealismo alemán proveniente de Goethe o Schiller. […] El hombre estaba por encima de la raza o la nación. La idea del internacionalismo lo fascinaba: no estar únicamente vinculado a un solo país […]

Molina, Cesar Antonio: Lugares donde se calma el dolor. Barcelona, Destino, 2009. Página 384

27.5.07

Al este de Bucarest

Hemos estado viendo “12:08 al este de Bucarest”, la última película del joven realizador rumano Corneliu Porumboiu. Realizada con pocos medios y con bastante sentido del humor, la película se centra en la realización, en una pequeña ciudad de provincias, de un programa de televisión coincidiendo con el XVI aniversario de la caída de Ceaucescu. El moderador invita a dos contertulios para analizar si en la ciudad hubo revolución o no, centrándose el debate en si la gente se manifestó antes de las 12.08 del 22 de diciembre (momento exacto en el que el helicóptero del dictador salía huyendo de Bucarest) o, por el contrario, todos esperaron a que el dictador huyera para salir a manifestarse. El discurso de los tertulianos y las llamadas de los telespectadores muestran el mensaje de fondo de la película; en todas partes cuecen habas: un antiguo agente de la Securitate que se ha hecho rico, un profesor alcohólico que en realidad estaba en bebiendo en un bar aquella mañana… un inmigrante despreciado, la madre de un joven que murió en la Revolución… así hasta componer un fresco de la nostalgia de cuando todos éramos más jóvenes y teníamos sueños que no sabíamos que nunca se cumplirían. Vayan a verla, antes de que desaparezca de la cartelera.

Y es que en Rumanía, como en tantos otros países que sufrieron dictaduras, gran parte de la población luchó contra el dictador una vez que éste hubo muerto. ¿Le suena de algo, desocupado lector?

31.8.06

Viernes, 11 de agosto

Sigue lloviendo. Al igual que hace un par de años, cuando fuimos en busca de las fuentes del Danubio siguiendo a Magris, hemos vuelto a hacer el pardillo con la ropa. El viaje hasta Bucarest dura casi seis seis horas, pero el paisaje lo compensa, ya que atravesamos varios desfiladeros del Olt. Paramos a ver el Monasterio ortodoxo de Cozia, de origen serbio. En Pitesti encontramos, antes de tomar la autovía que nos llevará a la capital, un complejo petroquímico pegado a la ciudad y con varias centrales nucleares y térmicas. ¿Habrá ya ecologetas por aquí?
Bucarest, como muchas de las ciudades soviéticas, presenta extensas periferias con las colmenas para obreros edificadas durante la dictadura. Nos cuesta encontrar el hotel, ubicado cerca de la Estación del Norte. Cuando por fin llegamos, el mozo que nos acompaña a la habitación derrocha simpatía. Como estamos cansados de conducir y las historias de los perros callejeros nos han dejado intranquilos, cogemos un taxi hasta la calle Victoria. Aquí vivía Mihail Sebastián hasta que el gobierno militar de Antonescu prohibió en 1941 a los judíos alquilar casas. Llegamos a la Plaza de la Revolución. El Palatul Senatului, desde donde el dictador huyó en helicóptero. Frente a él, y como desagravio, una preciosa estatua dedicada a Iuliu Maniu, un líder del partido campesino que nunca se doblegó al comunismo y que murió, tras varios años de prisión y tortura, en las cárceles del régimen.


En la Plaza de la Revolución hay también un monumento a los muertos durante la revolución de 1989. La antigua sede de la policía secreta, la Securitate, fue asaltada y ahora el edificio alberga un café, mezclando los restos del viejo caserón junto con una estructura moderna de vidrio. Vemos también el Edificio de la Biblioteca Centralâ Universitarå. El régimen comunista desalojó a los estudiantes que pedían democracia con bombas incendiarias. Ardieron más de dos millones de volúmenes. Haría algún comentario al respecto, pero como ya se sabe que la cultura es patrimonio de la izquierda, paso de puntillas sobre el asunto.
Nos acercamos a la Biserica Cretsulescu, frente a la cual hay un busto de Corneliu Coposu, otro líder liberal ejecutado por la dictadura. Antes de abandonar un espacio tan lleno de historia, el Bucarest de finales del XIX, con una arquitectura tan francesa, entramos al Athenée Palace, en homenaje a Kaplan, que empieza en él su capítulo dedicado a Rumanía. Tomamos un café a su salud. Al fin y al cabo, fue él que el que, al menos a mí, me despertó la curiosidad por este país. Vuelve a llover así que, tras comprar en un mercado algo de fruta, volvemos al hotel, donde cenamos.