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5.9.21

Identidades y tal

Todas las identidades colectivas son creaciones culturales. Todas. Reminiscencias de un mundo de aldea en las que todos nos conocíamos y todos éramos uno. Y más jóvenes, claro. el otro día llegué a esto sobre lo que pasa con una cocina nacional cuando un país desaparece, a cuenta de lo que se dio en llamar la cocina yugoslava...  

2.2.21

Movilidad, roce y comunidad imaginada

No está muy estudiado en qué medida el cese de actividades transversales, esas que favorecían la movilidad en todo el territorio, ha debilitado los vínculos de lealtad entre ciudadanos. Cada vez menos funcionarios nacionales, cada vez más territorios donde "de facto" no se puede ir (Gerona, Guipúzcoa...). El espacio imaginario compartido disminuye. Y me pasa a mí, que ya leo las cosas que pasan en Munguía o en San Esteban de Guialbes como si pasaran en otro país. Interesante a este respecto lo que publicaban en Nada es gratis sobre el contacto y la identidad. No se lo pierda, lector. 


28.7.16

¿Naciones eternas?

Que haya que explicar estas cosas. Leído en Dioses útiles

"Las identidades nacionales no son, pues, eternas. No son hechos naturales, objetivos, estables, como los ríos o las montañas, sino construcciones de carácter contingente que, debido a una confluencia de circunstancias, políticas sobre todo, surgieron en algún momento del pasado [...]  Han tenido vigencia lo largo de un lapso de tiempo más o menos largo y han acabado, o acabarán algún día por desaparecer (pues nada es eterno en la historia, y menos según las identidades colectivas, contra lo que tienden a creer los creyentes o militantes de cualquiera de ellas)." 

Roma locuta, causa finita...

28.3.16

Para enmarcar

Félix Ovejero, el otro día en El País. Ese extraño prestigio que tiene lo político para avalar un crimen. Sobre todo cuando se comete desde la izquierda extrema. A nadie en su sano juicio se le ocurriría decir que el tal Breivik es un preso político, aunque sea evidente que fue la política la que le llevó a acometer su matanza. Está preso porque es una asesino. Como los etarras. Por más que la política sirviera de legitimación a sus actuaciones. ¿Es acaso un "preso político" el tal Salah Abdesalm? ¿o un preso por sus "convicciones religiosas"? No, evidentemente no...

PS: Sostiene Ovejero "Pero sí: aunque Otegi no estaba en la cárcel por sus ideas políticas, en cierto sentido era un preso político. Sus ideas políticas le habían conducido a acciones que atentaban contra la libertad y la dignidad de sus conciudadanos. Como Tejero, el racista que apalea a emigrantes o el fundamentalista que hace estallar una bomba. O el que para financiar su partido político extorsiona a empresarios. Incluso Bárcenas podría ser un preso político. 
Quienes defienden a Otegi por su condición de “preso político” pretenden revestirlo de dignidad. Como si un delito por razones políticas fuera más noble que aquel que no busca decorarse moralmente. Y no; obviamente, los motivos no purifican los procedimientos."

19.12.15

Benedict Anderson (II)

Benedict Anderson. Uno de los grandes. Suya es la mejor definición de la nación que yo he leído. Dice, literalmente, "con un espíritu antropológico propongo una definición siguiente de la nación: una comunidad política imaginada como inherente mente limitada y soberana".

El concepto clave es el de imaginada. Los miembros de la nación más pequeña, señalaba, no conocerán jamás la mayoría de sus compatriotas, no los verán ni oír al siquiera hablar de ellos, pero en la mente de cada uno vive la imagen de su comunión. Y es que de hecho, Anderson nos enseñó que todas las comunidades mayores que las aldeas primordiales de contacto directo son imaginadas...

12.10.15

Escuchando al maestro

Esa gente a la que hay leer. Siempre. Ignatieff. Uno de los nuestros. El otro día en El Mundo. La barbarie de obligar a los ciudadanos, en un Estado democrático, a que se posicionen sobre su identidad nacional. ¿Alguien se imagina que el Estado, en un entorno democrático, te obligara a posicionarte sobre tu identidad religiosa? ¿o sobre la sexual?


Señala el maestro: "Precisamente, la justificación moral para la existencia de un Estado español es la creación de un espacio político en el que las personas puedan elegir libremente su identidad, de modo que quien lo desee pueda ser más catalán que español o viceversa. Por eso, excepto en casos en los que una identidad nacional se está suprimiendo de forma violenta, estoy a favor de dejar los Estados como están. Es por una razón moral: los Estados permiten a la gente articular su identidad en el orden que prefiera, y esto no solo es cierto en Cataluña, es cierto para el País Vasco, para Galicia, para todos."

¿Estamos o no estamos?


13.12.14

La memoria

Pepe alvarez junco en el pais el otro día. Disfrute del sábado, desocupado lector. Sabias palabras sobre las mentiras que esconden siempre las identidades dizque colectivas (como si tal cosa fuer posible)


23.3.14

Prólogos y reflexiones

Sostiene Pepe Álvarez Junco, en su magnífico prólogo a Las Historias de España, el libro que cierra la colección de Historia de España editado por Crítica,  que: 

"Es algo bien conocido y habitual en toda sociedad humana que las narraciones sobre su pasado, más que indagaciones guiadas por un mero interés por el conocimiento de los acontecimientos pretéritos, sean ante todo pilares básicos sobre los que se edifica la identidad colectiva. Pertenecen, por tanto, al terreno de los relatos sagrados [...]. Quien intente poner en duda el relato heredado a la luz de nuevas evidencias o nuevas interpretaciones corre, por tanto, un serio riesgo de ser acusado, pura y simplemente, de antipatriota.

En tanto sitios... en Bilbao, en Madrid, en Barcelona, en París, en Londres, en Moscú, en Kiev...

17.10.12

Jugando con los muertos mientras suena, al fondo, The Lass of Aughrim


Este Madrid. Ventajas de una tarde de otoño. 

Una magnífica exposición a cargo de la profesora Borràs Castanyer en el Caixa Forum sobre ese juego de espejos que forman por un lado el relato de Los muertos, de Joyce, ya sabe, desocupado lector, uno de mis fetiches, y la película dublineses, de John Huston. El ponente hace un retrato preciso de la vinculación entre el texto y la película, y qué significó para uno y para otro. Aunque estoy de acuerdo con su interpretación en general, creo que no destaca el peso que la identidad tiene en el relato, como lo tuvo para el propio Joyce, un personaje fascinante, harto del pacato nacionalismo irlandés que dominaba la vida política de su país. Esos reveladores momentos, cuando su compañera de baile lo llama traidor por no veranear en “su país” o por no conocer la lengua de “su país”. Por eso, la nevada que cae al final es mucho más que un desengaño amoroso, claro que lo es. Es la nieve, en forma de identidad premoderna, melancólica y paseísta que empezaba a dominar toda Irlanda. Los grandes desgarros de la modernidad, cuando adoptan la forman de la identidad, empiezan siempre con una nevada fina que lo va cubriendo todo durante años. La autocensura, la mutilación de los recuerdos, el silencio en la oficina… esa nieve que lleva cayendo, por ejemplo, más de treinta años sobre Cataluña. A mayores, y más allá de la identidad, hay algo que une a Michael Furey, el joven muerto, con la Irlanda del pasado, como hay algo que vincula a Gabriel Conroy, el marido al que Greta descubre, después de tantos años, que ya no ama, con Inglaterra y con el cosmopolitismo. Ese peso de la memoria que nos ata a las tierras y a las personas. Y lo sé porque yo he sido, en muchos aspectos, al igual que usted, ambos personajes en diferentes momentos de mi vida: uno es Michael para algunas mujeres, que nos recuerdan mientras miran el horizonte por una ventana, mientras oyen una vieja balada, o mientras juegan con sus hijos y una lágrima escapa furtiva por su mejilla; o es Gabriel, y ve entonces a su mujer mirar melancólica el horizonte por la ventana y la observa también,  a lo lejos, con su cara triste mientras juega con sus hijos...

Al fondo, ese equilibro, siempre dual, siempre inestable, entre los papeles que todos hemos desarrollado alguna vez en la vida, tal y como escribí aquí ya alguna vez, es también el equilibrio inestable entre la necesidad de una raíz y la necesidad de respirar aire libre y de abrirse a un mundo que no termina nunca.

Y es que, como escribió Zizek en algún sitio, detrás de todo conflicto identitario siempre hay un poeta. Mientras suena The Lass of Aughrim, claro.


PD: D. Mario dijo en su discurso de aceptación del Premio Nobel, a propósito de todas estas zarandajas: "La patria no son las banderas ni los himnos, ni los discursos apodícticos sobre los héroes emblemáticos, sino un puñado de lugares y personas que pueblan nuestros recuerdos y los tiñen de melancolía, la sensación cálida de que, no importa donde estemos, existe un hogar al que podemos volver  […]

9.10.12

Juntos, mejor...


Hablaba el otro día el maestro Arcadi Espada en su carta del mundo (placeres de los sábados) acerca de la iniciativa Better Together, en la que diversos escoceses plantan cara al relato nacionalista y se posiciona contra la separación de Escocia. Es una iniciativa bien interesante, porque más allá de la táctica (el pacto electoral) y la amenaza (la supuesta Alta Inspección del Estado), está la voluntad y posición de los ciudadanos. Cuando no eres capaz de generar un relato, el otro te acabará imponiendo el suyo. Y esto es algo que ha pasado con claridad en Cataluña desde los años ochenta. Claro que uno mira lo que pasa aquí y el resultado es desolador. Tanta gente de perfil. Tanta gente que no sabe o no contesta.

Y así nos va a todos. Y así les va, sobre todo, a los catalanes. Pero el drama no son el conjunto de catalanes. Los que creen en BraveHeart me importan una higa, la verdad, con su pa (amb tomàquet) se lo coman. Los que me preocupan son los catalanes de identidad dual, o de identidad sólo española... el Estado no puede dejarlos abandonados a su suerte. No puede. Sería una canallada terrible desde cualquier punto de vista. Haber mantenido la cordura en medio de la locura para al final acabar viendo como el barco se va y te deja abandonado en medio de la isla con los Neandhertales...

2.10.12

Aquellos que nos hablaron de la invención de la tradición...


Murió Hobsbawn. Estábamos en la carrera, Hornuez se acordará. Aquellas asignaturas, con Antonio Elorza primero y con Álvarez Junco después. Yo me había acercado a la materia con el Auto de terminación, mi primera lectura del maestro Jon Juaristi, y buscaba más perspectiva sobre las identidades y las naciones. El viejo marxista inglés, con sus naciones y nacionalismo primero, y con su fantástica La invención de la tradición, me ayudó a guiarme por un mundo tenebroso, el de las identidades, donde las cosas nunca son lo que parecen. Es curioso que, después de haber estudiado en una facultad de ética y estética marxista, quizá en lo único en lo que me siento cercano a Marx y a sus discípulos es en nuestro común desdén hacia los nacionalismos. Hacia la gente que se envuelve en banderas o que proclama su amor a una nación. Más tarde me hice en la fontana con Rebeldes primitivos, un buen acercamiento a algunos fenómenos sociales difíciles de explicar.

Se va uno de los grandes, se estuviera o no de acuerdo con él.
Que la tierra le sea leve.

20.8.12

Mihail Sebastian. Las particularidades nacionales.


El libro de Sebastian. La falacia de las identidades nacionales. Una falacia que sólo se comprende bien cuando uno viene de La Raya. O del Danubio. De la frontera, en cualquier caso. Como señala en la novela un Camil Petrescu, disfrazado de Mircea Vieru: 

La particularidad nacional existe, sin ninguna duda.  En el arte, consiste en la agrupación de todos los lugares comunes. El grado de particularidad indica a la vez el grado de mediocridad. Por eso, crear significa siempre rebasar esa particularidad. […] En definitiva, la particularidad nacional es lo que queda de una cultura después de haber suprimido el esfuerzo personal de pensar, las vivencias individuales y los logros de la soledad creadora. Eso es”.

Y esto, en 1934.

Grande Sebastian, grande.

21.4.06

¿España?

Llevo tiempo pensando en un párrafo de Menéndez Pelayo.
"España, evangelizadora de la mitad del orbe; España, martillo de herejes, luz de Trento, espada de Roma, cuna de San Ignacio...; ésa es nuestra grandeza y nuestra unidad; no tenemos otra. El día en que acabe de perderse, España volverá al cantonalismo de los arévacos y de los vectones o de los reyes de taifas. "

No tengo ahora tiempo para escribir mucho sobre él, pero me llama la atención ya que, en el fondo, algo hay de verdad hay en este pensamiento. La identidad española, constituida como tal en la Edad Moderna, es quizá, y quizá desgraciadamente, una identidad estrechamente vinculada a la religión.
Quizá el párrafo es más real de lo que pensamos. Cuando llegó la modernidad, y llegó la época de las naciones, llegó la secularización. Creo que no es casual. Creo que hay más factores que explican el fracaso del tránsito de monarquía a nación en el caso español, pero creo que el ilustre polígrafo montañés no iba tan desencaminado...

También creo, lo tengo escrito por ahí, que eso explica también, junto al romanticismo, el surgimiento del nacionalismo en Cataluña y el País Vasco. Su identidad católica amenazada y la ausencia de un referencia nacional. Algunos vascos o catalanes se hicieron nacionalistas no como respuesta al nacionalismo español, sino precisamente porque no tenían nación española a la que agarrarse. Y lo que hicieron fue inventarse una.

En fin, son reflexiones confusas un viernes por la tarde.

Cualquier comentario, como siempre, será bien recibido.