Tres entrantes:
- Un paté de cocido zamorano con pan de hogaza y crujiente de chorizo.
- Salmón relleno de queso y garbanzos con vinagreta de caramelo de naranja y piñón frío.
- Finalmente, caldo de garbanzos escabechados con mejillones.
De plato principal, garbanzos al ajo arriero con boletus edulis, y de postre cañas zamoranas hechas con harina de garbanzo y helado de vainilla.
Los caldos, que para eso estábamos entre amigos, el Primero de Fariña y Liberalia 3.
Es sorprendente cómo puede cenar uno a base de garbanzos y no sólo no acabar empachado sino muy sorprendido por la calidad, la textura y los sabores de lo probado. Habló el cocinero, Antonio, y nos sorprendió por su sencillez y buen hacer.
Dos lujos para la provincia, el garbanzo de Fuentesaúco y Antonio en su rincón.
Si repetimos experiencia en Madrid, desocupado lector, se lo haré saber con tiempo.
PS: "El viajero abandonó Clavijo encantado […]. Pero complacido, sobre todo, por la manera sobria y escueta con que España trata sus mitos fundacionales. ¡Qué fantasmagoría de imagen y sonido no habrían hecho los franceses con Clavijo! ¡Qué opera los italianos! ¡Qué Disneycastle los yanquis! El viajero siempre había querido lo mismo para su patria y para su estilo: que no se notasen."
Espada, Arcadi: Ebro/Orbe. Tentadero, Barcelona, 2007. Página 92.