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30.7.24

Libros y vacaciones

Ese momento en el que sientes que todo está por descubrir. Ese momento en el que hay que elegir los libros que llevas de vacaciones. Nadie como Pedro Simón para describir ese momento mágico... 

14.7.23

La verdad y la leyenda

No solo es el oeste, para desgracia de todos nosotros. También en la Italia de los setenta y ochenta se acaba contando la leyenda antes que la verdad: los hechos nunca serán los hechos, le dice su madre a Mario Calabresi. Estremece el testimonio de aquella tortura y repugna toda esta basura del terrorismo romántico de la izquierda extrema.

El otro día en La Lectura.



13.6.23

El periodismo, de la mano de Arcadi Espada

Esta reflexión de Arcadi, el otro día en La Lectura: "No es fácil, porque el periodismo está saturado de mitos. Por ejemplo, uno que es muy habitual y que entronca un poco con este libro es el hecho de que siempre hay causas y siempre hay culpables. De esto vive naturalmente nuestro oficio. Que Charles Darwin, probablemente el autor de la idea más peligrosa y verdadera de la humanidad, apenas tenga referencias en la prensa, y que charlatanes como Derrida, Lacan, Foucoult, o literatos de baja estofa se apoderaran de las páginas de todos los periódicos del mundo, New York Times incluido, muestra que el periodismo ha sido, básicamente y a pesar de su impronta, un exponente del pensamiento literario."

16.1.21

Pérdidas y olvidos

Sasa Stanisic ayer en El Mundo, y esta reflexión sobre la pérdida y el exilio: "No existe una experiencia universal de pérdida, cada pérdida es una experiencia íntima. Casi siempre es dolorosa, pero, a veces, olvidar es una bendición", explica Stanisic, escritor bosnio crecido en Alemania. "Cada persona reacciona y actúa de una manera diferente a las quiebras en su biografía. Algunos miran hacia adelante. Dicen: lo que se perdió, perdido está, a otra cosa. Luego está la gente nostálgica, que busca algo que lo reconforte en lo que quedó detrás. Algunos nostálgicos son luchadores: quieren volver a su país y a la vieja vida, aunque ya no existan. Y están los pragmáticos, que tienen buen humor y dicen: en casa es donde estoy bien, así que trato de asegurarme de que estoy bien. Cualquier forma de relacionarse con la propia historia está bien [...]"

16.12.19

La modernidad

Para muchos de mi generación, la modernidad en literatura fue la llegada de Acantilado. Veinte años ya. Y cinco sin Jaume Vallcorba. Volver a leer a los clásicos de la Mitteleuropa en ediciones cuidadas y con buenas traducciones. El señor de la Montaña, Chateaubriand, Zweig, Roth... tantas y tantas lecturas descubiertas en sus páginas maravillosas...

17.4.17

Sumisión

Acabado, regalo del gran Hornuez, Sumisión, la última y provocadora novela de Houellebecq. Un libro que quizá en unos años no pueda publicarse, no por que lo que cuenta se haga realidad, sino porque la corrección política se va a llevar por delante a todos los heterodoxos. 

Es un libro que se lee bien, y sirve para entender, por ejemplo, que ni la forma de escribir del de Reunión ni sus temáticas evolucionan demasiado con los años: varones en la mitad de la vida, hastiados de la vida, a los que la modernidad no ofrece ningún vínculo ni sentido de pertenencia. La novedad en este caso, y no le destripo el libro, es el papel que juega una religión como el islam en esa búsqueda de sentido... 

Recomendable ficción... 

24.2.17

Pla, paisaje y literatura

Esa cita hermosa de Josep Pla, recogida al azar en el viaje por el Ampurdán: El paisatge us fa comprendre la literatura, perquè la literatura és la memòria del paisatge en el temps.



17.12.16

Revistas culturetas

Sale a la red Cuatro Ojos Magacín. Revista ideal para culturetas, gafapastas y demás gente de mal vivir...

Síganle la pista..

7.7.16

Esos libros

Reflexiona Juan Tallón es Mientras haya bares sobre esos libros que compramos para no leer. Un texto para iniciados. Para lletraferits

"Hay un tipo de libros que compras aún sabiendo que no vas a leer ni loco, pero tú sabes que deben estar ahí, en tu espacio, llenándolo. Por si acaso. Tal vez por la misma razón por la que instalas una alarma en casa. No lo haces esperando que un día suene y disfrutar la experiencia, como un melómano más. La compras por si acaso, joder. Así adquieres muchas veces ciertas novelas, incluso ensayos. ¿Por qué, si no, le haces sitio a Hegel, o a Ciorán? Para estar preparado para algo que seguramente jamás sucederá. Su presencia te tranquiliza y te ayuda a engañarte a ti mismo pensando que tal vez una noche de invierno..."

14.6.16

Treinta años sin Borges

Hoy hace treinta años que se apagó una de las voces más originales de la literatura universal del siglo XX. Borges, el grande. El hombre con el que todos hemos soñado alguna vez. El hombre que nos ha escrito a todos. El hombre que nunca tuvo el Nobel, para oprobio de la Academia Sueca. 

El País recupera hoy una entrevista inédita concedida en 1982 a un adolescente.

Que la tierra le siga siendo leve.

1.5.16

Volver a Marái

Descubro el otro día en El Mundo que se publica una separata de ¡Tierra Tierra!, el segundo volumen de las memorias del gran Sandor Marái, uno de los clásicos del siglo XX.

Habrá que hacerse con él.

Pronto.


24.4.16

¿Quién era realmente Cervantes?

El otro día en La Opi. Las dudas sobre la verdadera identidad del emboscado Cervantes. ¿Y si la mancha no hiciera referencia a un lugar geográfico? ¿Y si hubiera motivos poderosos para que el autor, en pleno siglo XVI,  no quisiera acordarse de ese lugar?

6.1.15

Estatus de periodista

Un magnífico artículo de Juan Tallón, el otro día en El Progreso: "¿Y qué es el amor?". A vueltas con el estatus del periodista. Y del escritor. Con las claves de una columna: Bien escrito, ameno y con un cierre ascendente.No se lo pierda, lector. Y felices Reyes.

27.11.12

Volver a Pla...


Cada vez que reflexiono sobre la escritura precisa acabo en Pla. Soy hombre de atajos rápidos en medio de la niebla. El objetivo siempre fue decir mucho con pocas palabras; otra cosa es cuando me puede la melancolía...
A través de aquella biblioteca Salvat de finales de los sesenta, me hice con la versión castellana de Un viatge ple de notícies. Contraban, publicado en 1927. Pla es el narrador adusto. La conciencia que nunca tendré. Describir a Sebastià Puig, “Hermos” en un par de páginas y hacerlo a través de dos o tres anécdotas: el conejo que se niega a guisar, su opinión sobre los griegos... Reflejar el carácter de alguien señalando que era un hombre que junto al mar tutea a todo el mundo, pero que dos quilómetros hacia el interior trata a todo el mundo de usted. Un Pla joven, apenas veinte años, y un Hermós cincuentón, de vuelta ya de todo, retirado en Aigua-Xellida. El mito del lugar al que volver…

Buena escritura.

Ya le iré contando, desocupado lector.


PS: Dice Plá de Hermós que “he llegado a la conclusión de que la esencia de su personalidad era –a pesar de ser analfabeto- la sólida cultura que poseía”.

17.10.12

Jugando con los muertos mientras suena, al fondo, The Lass of Aughrim


Este Madrid. Ventajas de una tarde de otoño. 

Una magnífica exposición a cargo de la profesora Borràs Castanyer en el Caixa Forum sobre ese juego de espejos que forman por un lado el relato de Los muertos, de Joyce, ya sabe, desocupado lector, uno de mis fetiches, y la película dublineses, de John Huston. El ponente hace un retrato preciso de la vinculación entre el texto y la película, y qué significó para uno y para otro. Aunque estoy de acuerdo con su interpretación en general, creo que no destaca el peso que la identidad tiene en el relato, como lo tuvo para el propio Joyce, un personaje fascinante, harto del pacato nacionalismo irlandés que dominaba la vida política de su país. Esos reveladores momentos, cuando su compañera de baile lo llama traidor por no veranear en “su país” o por no conocer la lengua de “su país”. Por eso, la nevada que cae al final es mucho más que un desengaño amoroso, claro que lo es. Es la nieve, en forma de identidad premoderna, melancólica y paseísta que empezaba a dominar toda Irlanda. Los grandes desgarros de la modernidad, cuando adoptan la forman de la identidad, empiezan siempre con una nevada fina que lo va cubriendo todo durante años. La autocensura, la mutilación de los recuerdos, el silencio en la oficina… esa nieve que lleva cayendo, por ejemplo, más de treinta años sobre Cataluña. A mayores, y más allá de la identidad, hay algo que une a Michael Furey, el joven muerto, con la Irlanda del pasado, como hay algo que vincula a Gabriel Conroy, el marido al que Greta descubre, después de tantos años, que ya no ama, con Inglaterra y con el cosmopolitismo. Ese peso de la memoria que nos ata a las tierras y a las personas. Y lo sé porque yo he sido, en muchos aspectos, al igual que usted, ambos personajes en diferentes momentos de mi vida: uno es Michael para algunas mujeres, que nos recuerdan mientras miran el horizonte por una ventana, mientras oyen una vieja balada, o mientras juegan con sus hijos y una lágrima escapa furtiva por su mejilla; o es Gabriel, y ve entonces a su mujer mirar melancólica el horizonte por la ventana y la observa también,  a lo lejos, con su cara triste mientras juega con sus hijos...

Al fondo, ese equilibro, siempre dual, siempre inestable, entre los papeles que todos hemos desarrollado alguna vez en la vida, tal y como escribí aquí ya alguna vez, es también el equilibrio inestable entre la necesidad de una raíz y la necesidad de respirar aire libre y de abrirse a un mundo que no termina nunca.

Y es que, como escribió Zizek en algún sitio, detrás de todo conflicto identitario siempre hay un poeta. Mientras suena The Lass of Aughrim, claro.


PD: D. Mario dijo en su discurso de aceptación del Premio Nobel, a propósito de todas estas zarandajas: "La patria no son las banderas ni los himnos, ni los discursos apodícticos sobre los héroes emblemáticos, sino un puñado de lugares y personas que pueblan nuestros recuerdos y los tiñen de melancolía, la sensación cálida de que, no importa donde estemos, existe un hogar al que podemos volver  […]

14.2.12

De Miguel Syjuco en la Biblioteca Nacional (I)

Me acerqué a ver a Miguel Syjuco a la Nacional. A oírlo. Era su primera conferencia, nos dijo. La Nacional, cuántos recuerdos. Media tesis allí escrita, acababan los noventa y éramos todos más jóvenes. Se presentó en un castellano balbuceante y en seguida pasó al inglés. Una disertación muy interesante sobre los Ilustrados, la clase dirigente filipina que condujo a su país a la lucha contra los españoles. Varias claves. La identidad filipina, amalgamar miles de islas, fue cosa de los españoles. Escuchaba a Syjuco y pensaba en el Anderson no superado de las comunidades imaginadas. Indonesia fue un invento holandés: el poder de los mapas, dibujados por la Administración colonial, genera la identidad en la colonia. En 1863, además, la Corona decreta la necesidad de que haya un sistema educativo en español en las islas. Hasta ese momento, la educación la daban los frailes, y a ellos no les importaba el idioma. Querían católicos, no españoles. Los Ilustrados son la metáfora de aquella reforma que promovió la educación en castellano. Estudiaron allí y muchos vinieron a España. Hablaban español a la perfección. En esta lengua escribieron sus obras. Aquí fueron a la Universidad. Aquí fundaron La Solidaridad. José Rizal es uno de ellos pero hay más, aunque nosotros no conozcamos ya a ninguno. Todo acabó mal, claro. Cuando uno juega con la identidad, lo más normal es que muera abrasado por ella. Eran autonomistas. No pedían nada raro: representación en Cortes, igualdad en el acceso a los empleos, educación laica más allá de los frailes. No pudo ser. La metrópoli no escuchó. Llegó la guerra y todo se fue de las manos. Su drama fue mayor que el cubano. La independencia tardó más de cincuenta años en llegar. Y en ese tránsito llegó la aculturación. La política yanqui primero y la matanza de Intramuros después. No poder leer la lengua en la que está escrita tu historia más reciente. Me miro a mí mismo mientras lo oigo hablar y me imagino, preso de la melancolía, qué hubiera sido de mí si todos los papeles que voy recopilando el XIX hubieran estado escritos en una lengua ininteligible para mí: no haber sabido nunca quien era El Moro, o qué quedó en pie de la legendaria Casa del Barrio. No poder entender lo que significa el concepto: una escañeta, frente a la lumbre...

Llega el turno de preguntas. Levanto la mano, me acercan el micrófono...


PS: Digan lo que digan, tu historia te pertenece por entero. Te debes a ella, como un padre se debe a un hijo. Al demonio con tus detractores, con tu dolida familia. No pueden arrebatártela, por mucho que figuren en ella [...]

Syjuco, Miguel: Ilustrado. Barcelona, Círculo de Lectores, 2011. Página 83.

3.10.11

Un país cercano...

Este próximo miércoles comienza Liber, la Feria Internacional del Libro. Rumanía: un invitado de honor cercano. Y querido. No sólo fue aquel viaje, que hice de la mano de Kaplan y que terminó, claro, en el hotel brindando por las personas que escriben y que, al hacerlo y dar forma a sus sueños, nos enseñan a entender los nuestros. No, no fue sólo aquello. Fue descubrir aquella Europa que nos escamotearon a medias el comunismo y la reforma educativa. Aquella Bucarest en la que se editaban más libros en francés que en ninguna otra ciudad europea, exceptuando París. Aquella calle Victoria, elegante como un sueño. Aquella literatura que empezó a hacernos ver Magris en su Danubio imperial y que luego vino de la mano de Andric, que nos trajo Jesús, de la mano Roth, que murió alcohólico y solo, ante las miradas de reproche de la sociedad burguesa, de Marai, que huyó, de Andrujovic, que se quedó, perdido en un aeropuerto porque hay llegado junio y ya estoy a otra cosa, chaval. Uno no es el mismo tras entrar en la vida de otra persona, y leer un diario es abordar una vida, como demuestra el Diario de Mihail Sebastian; la caída de una sociedad en la miseria, en el horror; el antisemitismo como refugio de los canallas. La condición de judío como estigma, aunque uno sepa ni que lo es. Cuando uno ha de renunciar a lo que es sólo para sobrevivir. Luego llegó Norman Manea y llegó, en cierto sentido, también la Müller. Y llegó Mircea Elialde. Y tantos otros. Me quedaré ciego el día que no tenga nadie cerca para recomendarme libros, para descubrirme literaturas. Para contarme vidas. Para hacerme crecer. Es lo que hay. Y también le pasará a usted, desocupado lector. Ya lo verá.

Un país fantástico, Rumanía, un país cercano y amigo. Un mar de imaginación latina rodeada de bosques eslavos. Y judíos. La vida como desarraigo. Un país que leer y sobre el que huir de los tópicos, tan bobos y tan fáciles, construidos a medias entre la ignorancia y la televisión.


PS: En alguna parte, en una isla con sol y sombra, en plena paz, en plena seguridad y en plena felicidad me tendría sin cuidado ser o no judío. Pero aquí y ahora no puedo ser otra cosa. Y creo que tampoco quiero.

Sebastian, Mihail: Diario (1935-1944), Entrada del 17 de diciembre de 1941.

14.8.11

Sanabria, Bilbao, Nueva York (el papelillo que yo hubiera escrito)

Devoré la novela de Kirmen Uribe en dos días, ya lo dije. Es, quizá, el tipo de libro que hubiera escrito si algún día hubiera llegado a ser novelista. Supongo que por eso, me dejó tan triste el que no hubiera respuesta al comentario, bajando hacia las Bouzas, aquella tarde de agosto y Lisboa resplandecía. Creo que es en el tambor de hojalata donde alguien dice que en todas las familias y en todas las generaciones ha de haber alguien que se ocupe de narrar la historia de su gente para que no caiga en el olvido. Uribe nos cuenta la historia de su familia en tres generaciones. Donde van su abuelo Liborio y su padre José yo hubiera hablado de La Casa del Barrio y de aquel Perdíu guapo y altenero que gastó todo el capital cazando y jugando, perdonen la tristeza. El libro es fascinante. Un collage en el mejor sentido del término. Intentando comprender las cosas que pasaron. Porque cada familia tiene una historia, un tiempo, unos mitos. Unas verdades. Y unas mentiras. Un cuadro de Arteta. El nombre de un barco. El invierno en el País Vasco. Aquella terrible guerra entre españoles y por ende también entre vascos. También, de fondo, la historia del narrador, que convive con su pareja y con un hijo que no es suyo. El mundo moderno, tan complejo como el antiguo. Frases lapidarias, al estilo del Seda que Mi Coronel y yo tanto hemos disfrutado, por razones diferentes: “Las casas se mueren si nadie las habita. Y también las personas”. No lo olvides nunca. O esa sentencia que el checo Vojtech Jasny le suelta al narrador al despedirse: “nada ocurre en vano”. La importancia del contexto en la vida de las personas. Porque uno es él y su circunstancia, como quería el Maestro. Lo acabé en dos sentadas. Buena literatura. Buen papelillo, desocupado lector, si está buscando alguno con el que entretenerse y reflexionar sobre cosas tan universales como el amor, el dolor o la amistad desde el puerto pesquero de la vizcaína villa de Ondarroa.

PS: De acuerdo con el narrador del libro, Foster Wallace afirmó una vez: “Lo esencial es la emoción. La escritura tiene que estar viva, y aunque no sé cómo explicarlo, se trata de algo muy sencillo: desde los griegos, la buena literatura te hace sentir un nudo en la boca del estómago, lo demás no sirve para nada".
PD: esta noche Unamuno en el Lago. Veremos.

13.8.11

Sanabria, Bilbao, Nueva York (mi relación con la literatura vasca en eusquera)

Ya sabe el lector que soy prevenido con los papelillos. La historia y la vida son tan fascinantes que no me apetece perder el tiempo con las novelas. Así que me cuido mucho a la hora de abrir una. Sólo me pongo con ellas cuando la fuente me es fiable del todo. Acabo de devorar una: Bilbao New York Bilbao, de Kirmen Uribe. En dos días. Quién lo iba a decir. Una novela, además, escrita en eusquera y traducida (creo que de manera algo deficiente) al castellano. Regalo del Lord y de Amu. Buenos fiadores. Y una cita brutal de Sebald antes de empezar. Un novelista que cita a Sebald de inicio merece al menos el margen de la duda.
De fondo, mi azarosa relación con la literatura de los vasco

s. Tuve mucho contacto con los vascos que escribían en castellano: Celaya me enseñó un tipo de poesía que no conocía en primero o segundo de carrera; y qué decir de Juaristi, el hombre que me enseñó a desconfiar de todas las identidades, incluida la mía. Pero también he sentido cercanos a aquellos vascos que escribían en eusquera. Leí a Gabriel Aresti con apenas veinte años. Algunos de sus poemas creo que son de lo más relevante que se escribió en España durante la segunda mitad del XX. Cómo no recordar a lo largo de este año aquello de que “Pendiente abajo veloz / mi cuerpo desnudo marcha”. Cómo olvidar que en los días de otoño, cuando ni siquiera quien era estaba claro, el poeta me señalaba que “no soy sino mi nombre”. Cómo olvidar a Mikel Laboa y su pájaro, de qué poco me sirvió la metáfora cuando la necesité. Cómo olvidar, en fin, aquellas letras de los hermanos Muguruza, con sonidos que venían de los Clash y que hablaban de Beirut oeste en medio de la guerra cuando éramos cien…

Así que con estos antecedentes me puse el otro día delante del Bilbao-New York – Bilbao, del ondarroés Kirmen Uribe. Un libro que se vende en la contraportada como “un mosaico de recuerdos y narraciones”…

PS: Días felices con Elicia, en nuestra tierra. La dulzura de la niñez

12.12.10

Don Mario

El discurso de Vargas Llosa a la hora de aceptar el Premio Nobel. No deje de leerlo, desocupado lector. Un texto hermoso, que hace hincapié en las pocas cosas de verdad importantes que nos suceden en la vida. Una de ellas, haber aprendido a leer. A interpretar signos confusos y convertirlos en conocimiento. A viajar en el tiempo y en el espacio. Pero como todo placer, tiene su precio. La lectura exige un esfuerzo que no nos demanda ni la televisión ni, desde luego Internet. Un esfuerzo generosamente recompensado, por cierto.

Otra de ellas, la defensa de la libertad. Insobornable. Radical. Porque sin libertad no hay vida. Ni en lo público ni en lo privado. Ni en lo social ni en la pareja. Sin libertad no hay sueños. Sin libertad no hay aire. Vivir con las manos atadas, un drama.

Mario. Don Mario. Se lo digo a menudo a mis muchos, cercanos y sentidos amigos de la izquierda democrática. Acabaréis aquí, en el liberalismo, con nosotros. Como tantos otros antes. No puede ser de otra manera. La gente con dos dedos de frente no puede vivir toda la vida en el error. Ya incluso un año me parece demasiado tiempo.

PD: partido en la cumbre hoy y yo con el corazón partío…

PS: al final ha sido más jodida la segunda noche sin muela que la primera. Lo que son las cosas.