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26.1.26

Márai y los héroes

En el último capítulo de “La Europa de las Letras”, el podcast de Monmany en TO sobre los grandes autores de la Europa central y oriental, esta frase del gran Sandor Márai: Desaparecidos los héroes, entran en escena los comediantes.

Nuestra vida.

30.8.19

Los poetas y las patrias

Releyendo a Sándor Márai, y esa sentencia maravillosa de ¡Tierra, tierra!: "Fueron precisamente los poetas los que terminaron transformando los pastos en patria. Siempre son los poetas los que transforman los pastos en patria. Tenía razón Ezra Pound cuando decía que todo lo que los pueblos desean se justifica con la poesía".

28.8.19

De comunistas, y de libros

Lo cuenta Sándor Márai en ¡Tierra, tierra!, la continuación de las Confesiones de un burgués. Los soviéticos que han ocupado su casa se van por fin y un oficial ucraniano le confiesa a través de su intérprete que: "si yo hablara algún idioma no volvería a Rusia". "Hay que trabajar muchísimo y uno no recibe el dinero que vale su trabajo. Además, no hay libertad. No nos enseñan idiomas porque no quieren que podamos leer libros extranjeros. Sólo debemos leer lo que nos ponen en las manos. Los libros son mi vida -dijo de repente- y no puedo leer lo que yo quiero"

24.1.17

El dolor (de Márai)

Casi recién acabado el libro de Sandor Márai tropiezo con una columna de Arcadi Espada sobre el comunismo y su centenario. No hay más que ver lo que pasó en Yugoslavia o la deriva de la Hungría de Orban o la Rusia de Putin para entender cuál es la verdadera herencia de esa miseria moral e intelectual que es el comunismo. Que se lo contaran a Márai...

17.1.17

Márai en positivo, y en negativo (I)

Rematé Lo que no quise decir, el volumen que Sándor Márai no quiso añadir a sus memorias. Un par de capítulos que reflexionan sobre la década que transcurre entre la anexión de Austria por la Alemania nazi y la anexión de Hungría por parte de la Unión Soviética. 

El libro se lee rápido pero es irregular. El autor se pierde en disquisiciones sobre la naturaleza húngara y sobre la psicología colectiva de los pueblos que fueron superadas hace muchos años y  ya no tienen ningún interés. Y esa es quizá la parte más floja, quizá por ser la más nacional-ista. 

Aún así, el libro tiene interés desde este lado de Europa. Por la crisis de la cultura liberal burguesa en la Europa de entreguerras, una cultura asediada por los totalitarismos de izquierda y de derecha en varios países de la Europa central durante aquellos años. Marai destaca cómo casi los mismos argumentos que eran utilizados por los fascistas húngaros contra la burguesía parasitaria y judía, fueron utilizados menos de diez años después por los comunistas una vez que los soviéticos convirtieron al país en un satélite...

Para el lector que además de no ser húngaro sea inquieto, el libro le permite familiarizarse con un conjunto de políticos húngaros y sus dramas vitales y personales. Ahí está el caso de Esteban Bethlen, aristócrata transilvano y que pensó que podía ser capaz de lidiar con nazis y soviéticos, sin entender que alguno de los dos acabaría matándolo, como así sucedió, en este caso los soviéticos, que nunca entregaron su cuerpo.  También es interesante la vida de Pal Teleki, primer ministro que se suicidó  en abril de 1941, la noche en la que los nazis atravesaron las fronteras del país para atacar a Yugoslavia

11.1.17

Durmientes

Aproveché las navidades para rematar Los Durmientes, de Luis de León. Una novela irregular sobre un tema muy interesante: la existencia de redes de espionaje soviético en la España de la dictadura y de la transición. Una novela sobre identidades y sobre lealtades en la que se alternan varios planos temporales. 

En estas navidades me han seguido cayendo libros. Uno de Kaku con una pinta magnífica sobre el futuro de la física, y el apéndice las memorias de Marái que ha publicado Salamandra.

Iremos viendo.

5.9.16

Citas, al azar

Abro El último encuentro de Sándor Márai un poco al azar, antes de prestarlo. Me topo con una reflexión de uno de los protagonistas, subrayada a lápiz, como en cualquiera de mis libros. Acababa un mundo y llegaba otro. Y pienso en mi padre y en su generación, ahora que se van yendo, porque la biología no perdona. Aquellos que de verdad fueron grandes:

"Fueron una excelente generación, pensó el general, mirando los retratos de los parientes, amigos y compañeros de su padre. Fueron una excelente generación, pensó el general: hombres un tanto solitarios que no lograban fundirse con el mundo; eran orgullosos, creían en cosas, en el honor, en las cualidades de los hombres, en la discreción, en la soledad y en la palabra dada"

1.5.16

Volver a Marái

Descubro el otro día en El Mundo que se publica una separata de ¡Tierra Tierra!, el segundo volumen de las memorias del gran Sandor Marái, uno de los clásicos del siglo XX.

Habrá que hacerse con él.

Pronto.


1.3.14

Primaveras lejanas

Acabé la Primavera mortífera. Mi primer libro de Lajos Zilahy, publicada en España por los amigos de Funambulista. Voy, con los años, descubriendo la narrativa húngara. Una isla venida del este en un mar eslavo. Nadie ha superado aún, entre mis lecturas, a Sandor Márai. Recuerdo luminoso el último encuentro, ese libro que ya escribí hace años y que me llevará a reencontarme, ya anciano, con algunos de mis fantasmas más queridos en la Sanabria otoñal de los años cincuenta de este siglo XXI. 

Acabé la primera mortífera digo. Un novelón de principios del XX. Una crónica de los peligros del corazón. Del riesgo de confiar en quien uno no debe. Del regusto amargo que deja la traición. De la soledad a la que nos abocan los años, cuando al fin comprendemos que quienes nos importaron ya no están y quienes nos traicionaron ya no nos importan...

9.4.06

Etxerat

Escribe Sándor Márai: "uno pasa muchos años sintiéndose solo entre la gente hasta que un día se encuentra con sus muertos, nota su presencia, discreta pero constante [...] La personalidad, lo poco que tu mismo te añades, es una nimiedad en comparación con la herencia que los muertos te dejan. Personas que ni siquiera he llegado a conocer sobreviven en mi [...]"


Refleja Miguel Torga en sus diarios la siguiente conversación:

-¿Viene usted aquí a inspirarse?
-No, vengo a recibir órdenes.
-¿De quién?
- De mis antepasados

Escribo yo esta nubosa mañana de domingo, mientras veo el bosque de castaños y pienso en el Junín de Borges: sólo hay un lugar al que, cuando llego, siento que estoy acercándome a casa. ¿Será por lo que dicen Márai y Torga?

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