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23.1.17

Márai en positivo, y en negativo (y IV)

Acabo ya con Lo que no quise decir 

Márai defiende en el libro de manera constante la forma de vida burguesa. El espíritu ilustrado, podríamos decir, atacado primero por los nazis y luego por los comunistas con igual saña. 

Un ejemplo de aquella locura de ataques colectivas es el de Lazlo Bardossy, un hombre al que Márai recuerda como un impecable diplomático húngaro en Londres en los años veinte, claramente demócrata y occidentalizado,que muta en una bestia fascista apenas veinte años después.  

Un libro interesante, ya digo, escrito por un autor fascinante. Un tipo, yo tampoco lo sabía, que en realidad se llamaba Sándor Károly Henrik Grosschmidt. Marai significa "de Mara" el título que le concedieron los Habsburgo.

Aquella Europa...

21.1.17

Márai en positivo, y en negativo (III)

Otro elemento de interés de Lo que no quise decir está relacionado con la modificación de las fronteras húngaras en la época de entreguerras. Como se sabe, el Tratado de Trianón redujo a su mínima expresión al Estado húngaro como consecuencia de la derrota de la Monarquía dual en la Gran Guerra. La pérdida de territorio se convirtió en una obsesión de las élites húngaras y por ello no es extraño que persiguieran una reversión de aquellos lugares a toda cosa, lo que consiguieron con los arbitrajes de Viena a instancias de los nazis. Es interesante porque Márai reflexiona en el libro sobre cómo la vuelta de los territorios eslovacos de la Alta Hungría,  entre ellos su propia ciudad natal, no generó entusiasmo entre aquellos húngaros irredentos. Venían de casi veinte años de democracia en el Estado checoslovaco, para integrarse en una madre patria autoritaria que los miraba por encima del hombro.

Esos mismo húngaros, alucinados, que pensaban al final de la guerra que los aliados no los atacarían y que probablemente, había un acuerdo secreto firmado con Inglaterra y con Estados Unidos. Era todo mentira, por supuesto, pero la capacidad del hombre para engañarse a sí mismo es asombrosa...

19.1.17

Márai en positivo, y en negativo (II)

Un elemento interesante que aprendo leyendo Lo que no quise decir. El almirante Horty, nacido en plena gran llanura húngara, hablaba un húngaro inseguro y con un fortísimo acento alemán. Horty ingresó con apenas catorce años en la Academia Naval de Fiume, y como allí la lengua de trabajo era el alemán, eso hizo que el almirante se sintiera más cómodo en esa lengua que en la de su país. 

No es nada nuevo, como le leí hace muchos años a Juaristi. Es muy habitual que grandes líderes nacionales tengan una relación difusa con la patria a la que dicen pertenecer: De Valera era hijo de un español, Napoleón era corso, Stalin georgiano y el pangermanismo es el invento de un inglés

Hay que ver lo que da de sí la imaginación... 

17.1.17

Márai en positivo, y en negativo (I)

Rematé Lo que no quise decir, el volumen que Sándor Márai no quiso añadir a sus memorias. Un par de capítulos que reflexionan sobre la década que transcurre entre la anexión de Austria por la Alemania nazi y la anexión de Hungría por parte de la Unión Soviética. 

El libro se lee rápido pero es irregular. El autor se pierde en disquisiciones sobre la naturaleza húngara y sobre la psicología colectiva de los pueblos que fueron superadas hace muchos años y  ya no tienen ningún interés. Y esa es quizá la parte más floja, quizá por ser la más nacional-ista. 

Aún así, el libro tiene interés desde este lado de Europa. Por la crisis de la cultura liberal burguesa en la Europa de entreguerras, una cultura asediada por los totalitarismos de izquierda y de derecha en varios países de la Europa central durante aquellos años. Marai destaca cómo casi los mismos argumentos que eran utilizados por los fascistas húngaros contra la burguesía parasitaria y judía, fueron utilizados menos de diez años después por los comunistas una vez que los soviéticos convirtieron al país en un satélite...

Para el lector que además de no ser húngaro sea inquieto, el libro le permite familiarizarse con un conjunto de políticos húngaros y sus dramas vitales y personales. Ahí está el caso de Esteban Bethlen, aristócrata transilvano y que pensó que podía ser capaz de lidiar con nazis y soviéticos, sin entender que alguno de los dos acabaría matándolo, como así sucedió, en este caso los soviéticos, que nunca entregaron su cuerpo.  También es interesante la vida de Pal Teleki, primer ministro que se suicidó  en abril de 1941, la noche en la que los nazis atravesaron las fronteras del país para atacar a Yugoslavia