6.1.15
Estatus de periodista
18.9.14
Las consecuencias de ser un enemigo del pueblo
27.4.14
Es difícil expresarlo mejor: el sueño de diversidad deviene en la pesadilla de la homogeneidad
Un texto magnífico.
Disfrútelo, desocupado lector, que para esto estamos en domingo...
22.4.14
Matonismo jatorra.
14.4.14
Sostiene Álvarez Junco...
6.4.14
Guy Sorman y el olor del fascismo
18.1.14
¿Y si lo fascinante fuera viajar al pasado?
9.9.13
Cainismos...
19.8.13
Lecturas veraniegas
13.5.13
El Menor y el lecturas...
19.11.12
Un elogio del talento...
15.9.12
Europa...
El final de un un relato.
No dejen de leerlo.
Buen sábado.
25.7.12
Primicias periodísticas (ventajas de la amistad)
26.5.12
Este chico...
7.3.12
El metro como lectura
El metro. El lugar donde realizar la oración de la mañana del hombre moderno, como hubiera escrito Hegel. Voy leyendo, como siempre. Como es miércoles, lo primero que busco es la columna de Cuartango en el periódico. Quienes no son lectores habituales de prensa, no podrán nunca entender el placer de saber quién acude cada día a la cita: la sábana del maestro Espada los sábados, el artículo de Gistau los domingos. El de hoy es un artículo brillante, pero no puedo compartirlo con usted ya que está en Orbyt y es de pago. Una columna melancólica. El paso del tiempo. La llegada a la madurez y luego a la senectud. Los recuerdos de la infancia. Ese mundo al que volvemos buscando lo que nunca llegamos a ser, interrogándonos, a mayores, acerca de los motivos por los que nunca llegamos a serlo. Acabo el artículo casi sin aliento, impresionado, justo cuando el convoy llega a su destino. Cierro el periódico. Una señora mayor, de unos setenta años, me pregunta por qué lado ha de bajarse para ir a Pavones. Tiene las manos arrugadas y pregunta con respeto. Podría ser mi madre dentro de unos años, o esa madre que un día fue joven de la que acaba de hablarme Cuartango en el artículo, esa madre a la que recuerda “sentada al borde del río”, con una canasta de mimbre en las manos. La noto indefensa. La ciudad es un entorno hostil para las personas mayores. Me detengo a explicarle y la acompaño, desviando por unos segundos mi camino, hasta dejarla orientada en el andén. Me da las gracias. Le digo que no hay porqué darlas. Y mientras me doy la vuelta pienso que en qué tipo de persona me habría convertido si no tuviese un minuto para ayudar a un anciano a orientarse.
20.2.12
Una lectura de interés (y II)
El artículo de Regoyos. A los españoles, su contenido nos resulta familiar, porque llevamos décadas conviviendo con la amenaza de las identidades. El nacionalismo es un espejo que refleja siempre la misma imagen. El mismo fantasma. Siempre la misma rutina. Si aquí tienen la korrika, allí cada primer domingo de septiembre tienen otra marcha fascista, en bici esta vez: De Gordel. La misma imagen: un pueblo en movimiento que no se detendrá hasta alcanzar la cima de la colina. Si allí no se habla francés por defecto, en Sóller al tran le dijeron que era de mala educación hablar castellano, y que su hija, a partir de ese momento, era la Joana, y no Juana. Siempre es lo mismo. El artículo detalla de qué manera uno va perdiendo su libertad sin darse ni cuenta: por ejemplo, la privación del derecho de voto en función de la lengua que uno hable. El horror de la periferia de Bruselas, la prohibición de vivir doonde uno quiera. La memoria negra de las afrentas de otro siglo. Levanta uno la vista y se encuentra con la gentuza de la Alianza Libre Europea y sus mapas étnicos de Europa. Mapas sacados del III Reich, no se los pierdan, pinchando aquí. La idea de una Europa de sangre. El horror que sigue viviendo entre nosotros.
Hay algo aterrador en lo que está pasando en Bélgica. No por las muertes o la violencia extrema, que no existe, sino por esa manera de asumir pérdidas de libertad individual a diario en nombre de la patria. Asumir la condición de corderos por encima de la de ciudadanos. Poco a poco, sin que uno casi se de cuenta.
Y es la capital de Europa. ¿Hacia dónde queremos caminar con esos ejemplos?
PS: “La forma de presión más importante por su carácter metódico y estudiado son las normativas que afectan al sector de la vivienda. El caso apareció en La Libre Belgique el 3 de junio del 2010. Una diplomática que trabaja para una Embajada de un Estado miembro de la Unión Europea contaba cómo Flandes le impedía comprar una casa en la comuna de Tervuren para la que ya había dado como señal 5.000€. Se lo impedía el decreto Wonen in eigen streek (“Vivir en su propia región”), según el cual para comprar hay que demostrar que has vivido durante seis años en la localidad o que trabajabas allí” [...]
19.2.12
Una lectura de interés (I)
Lecturas de interés. Clases magistrales de hacia dónde nos lleva la melancolía cuando la convertimos en política. Un artículo muy recomendable sobre Bélgica, a cargo de Jacobo de Regoyos, el corresponsal de Ondacero en Bruselas. Publicado por FAES. La Bélgica de todas nuestras pesadillas. En algún momento, el nacionalismo y la identidad que excita acaba chocando de manera frontal con la libertad. Siempre. Aunque miremos para otro lado. Aunque no nos demos cuenta. Detrás, la melancolía: el considerar que le debemos algo a los muertos, que hay afrentas de hace decenas o centenas de años que aún debemos vengar. O reparar. O cobrar.
Bélgica fue quizá el último país surgido con lo religioso como vinculo de lealtad, en un mundo en el que ya llegaban las naciones étnicas. Así que Bélgica es otro país que llegó tarde a la modernidad. O quizá no llegó nunca. Ahora interesa la lengua, porque la raza se desacreditó, ya lo siento, vascos, con Hitler. Como todas las categorías de identificación, se trata de una construcción cultural, rotundamente falsa, pero que funciona. Y funciona muy bien. La identidad se construye sobre la discriminación: tú allí y yo aquí. Inventar un nosotros exige generar un ellos donde no había nada antes. Por eso, tiene razón el autor, Bélgica es un laboratorio. De lo que hemos sido. y de lo que seremos.
Por cierto, las reflexiones del autor, a cuenta de su último libro, pinchando aquí.
11.1.10
Reflexiones ajenas
Nieva. Que para eso es invierno y ya se sabe que los inviernos son cada vez más cálidos, como dicen a diario los catastrofistas del cambio climático. Hoy, desocupado lector, no le voy a contar nada de mi cosecha (bueno, en realidad supongo que casi nada de lo que cuento es de mi cosecha, pero ese es otro tema).
Así que hoy el tema va de recomendaciones. Una primera, un artículo que Carlos Sala publicó hace un par de domingos en el mundo. Como no los llevo al día, porque no tengo tiempo, lo leí ayer. Fantástico, entre océanos rojos y océanos azules, que dice mi admirado Asier.
El otro, más breve, una reflexión de Arcadi Espada (¡Arcadi, Arcadi!, como dice el hijo del Carolo) sobre la soledad del creador en España, publicada el pasado viernes en El Cultural. Es breve y, sencillamente, fantástico.
En fin, y como hace frío y es invierno permítanme que me ponga un poco melancólico. Son debilidades que sólo me permito los días grises. Y permítame que recuerde, precisamente ahora, aquella excepcional canción de Los Suaves cuyo sentido empiezo a atisbar en estos días de invierno oscuro, tantos años después. Ya saben aquella que decía: “Si pudiera / a la tienda de los sueños / ir a comprar / con poco dinero / todo lo que hasta ahora / pude ganar; / y si allí vendieran / billetes para el tren / de... "otra oportunidad" […] / ¿Quién no quiso alguna vez / algo que no pudo tener?"
PS: Y ya que estamos de melancolía, déjeme que le apunte, lector, que el poeta lombardo Franco Loi escribió una vez: “En la historia se oscurece / y los niños que fuimos somos viejos.”



