Se rompió una tradición escandinava. La de no darle el Nobel a Vargas Llosa. Me alegro por él, tan peruano y tan universal. A Vargas Llosa llegué tarde; un autor iberoamericano que no es de izquierdas no podía tener buena prensa en España. Lo primero que leí de él fue La tía julia y el escribidor, hace muchos años, y más tarde la Conversación en la catedral, con zavalita preguntándose en qué momento se jodió el Perú. Luego lo he seguido más por sus apariciones públicas (¡qué buen presidente hubiera sido!) y por sus artículos de prensa, que por sus libros.
Posicionado con claridad en favor de la sociedad abierta, Vargas Llosa es la imagen de un clérigo que no traicionó sus ideales, por decirlo en palabras de Benda; un luchador por la libertad (ahí está la Fundación en la que colabora) que nunca se ha equivocado ni de enemigo ni de adversario. Un hombre que estuvo con Basta Ya cuando tantos y tantos miraban para otro lado. Uno de los que nunca caerá en la maldición que San Pablo deseaba para los que ven la injusticia y no se encienden ante ella.
Ya era hora, por fin, de que los académicos suecos premiaran a una figura como la suya, después de haber premiado a tanto payaso, a tanta medianía o a tantas figuras vacías pero políticamente correctas…
Enhorabuena por lo tanto a todos los hablantes de la lengua castellana, homenajeada en la pluma del de Arequipa.
¡Enhorabuena Don Mario!
PS: "Este es un falso dilema. Se puede ser cosmopolita y a la vez localista, -como Dalí, que era profundamente ampurdanés-. Es más, creo que uno necesita enraizarse con su patria chica para navegar sensatamente en las aguas del “internet” cosmopolita. Provinciano es el que siendo de Madrid quiere parecer neoyorquino. Decía Oscar Wilde que nadie puede interesar a los demás si no es genuino" […].
Racionero, Luis: El progreso decadente. Repaso al siglo XX. Espasa, Madrid, 2000. Págs. 114-115