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20.10.20

Papelillos sobre La cosa

Tengo seleccionada ya la novela para este semestre. Me puse con Como si todo hubiera pasado, del vitoriano Iban Zaldua. Un conjunto de relatos sobre La cosa -como llama el aturo al entorno de ETA y a su violencia- que marcó la vida de miles de vascos durante décadas. Debajo de todos aquellos titulares había personas, gente que sentía amenazada, que vivía el día a día sabiendo que todos los días tenía que salir de casa por la misma puerta y que quizá algún chivato le había dicho a los asesinos cuál era su residencia. El autor baja hacia ese mundo, hacia el día a día cuando una parte de la sociedad está deseando que te maten porque no les gusta tu empleo o -más aún- no les gusta como piensas. Una sociedad en la que el escolta es tu sombra, o en la que solo hay una bar en toda la ciudad que compra el periódico que te gusta...  

De fondo también, el paso del tiempo, el sexo y un toque fantástico. Algunas citas que señalo, como esta: "Pero, ¿acaso no tienes la sensación, a veces, cuando miras hacia atrás, a tu infancia o a los tiempos del colegio, de que las cosas fueron de otra manera?, ¿Qué el sol era más brillante, que los amigos eran para siempre, cosas así...?"

El pasado es un país extranjero... 

19.11.16

De nuevo Kirmen Uribe

Leo en El Español que hay nueva novela de Kirmen Uribe (La hora de despertarnos juntos). Me gusta su ritmo narrativo y su manera de contar historias, aunque prefiero la de Nueva York a Lo que mueve el mundo. La entrevista parece mostrar a un tipo sensato que también se pregunto, como algunos vascos de bien, ¿Por qué nos callamos? El drama de un país en el que durante cuarenta años se mató al que pensaba diferente...

14.8.11

Sanabria, Bilbao, Nueva York (el papelillo que yo hubiera escrito)

Devoré la novela de Kirmen Uribe en dos días, ya lo dije. Es, quizá, el tipo de libro que hubiera escrito si algún día hubiera llegado a ser novelista. Supongo que por eso, me dejó tan triste el que no hubiera respuesta al comentario, bajando hacia las Bouzas, aquella tarde de agosto y Lisboa resplandecía. Creo que es en el tambor de hojalata donde alguien dice que en todas las familias y en todas las generaciones ha de haber alguien que se ocupe de narrar la historia de su gente para que no caiga en el olvido. Uribe nos cuenta la historia de su familia en tres generaciones. Donde van su abuelo Liborio y su padre José yo hubiera hablado de La Casa del Barrio y de aquel Perdíu guapo y altenero que gastó todo el capital cazando y jugando, perdonen la tristeza. El libro es fascinante. Un collage en el mejor sentido del término. Intentando comprender las cosas que pasaron. Porque cada familia tiene una historia, un tiempo, unos mitos. Unas verdades. Y unas mentiras. Un cuadro de Arteta. El nombre de un barco. El invierno en el País Vasco. Aquella terrible guerra entre españoles y por ende también entre vascos. También, de fondo, la historia del narrador, que convive con su pareja y con un hijo que no es suyo. El mundo moderno, tan complejo como el antiguo. Frases lapidarias, al estilo del Seda que Mi Coronel y yo tanto hemos disfrutado, por razones diferentes: “Las casas se mueren si nadie las habita. Y también las personas”. No lo olvides nunca. O esa sentencia que el checo Vojtech Jasny le suelta al narrador al despedirse: “nada ocurre en vano”. La importancia del contexto en la vida de las personas. Porque uno es él y su circunstancia, como quería el Maestro. Lo acabé en dos sentadas. Buena literatura. Buen papelillo, desocupado lector, si está buscando alguno con el que entretenerse y reflexionar sobre cosas tan universales como el amor, el dolor o la amistad desde el puerto pesquero de la vizcaína villa de Ondarroa.

PS: De acuerdo con el narrador del libro, Foster Wallace afirmó una vez: “Lo esencial es la emoción. La escritura tiene que estar viva, y aunque no sé cómo explicarlo, se trata de algo muy sencillo: desde los griegos, la buena literatura te hace sentir un nudo en la boca del estómago, lo demás no sirve para nada".
PD: esta noche Unamuno en el Lago. Veremos.

13.8.11

Sanabria, Bilbao, Nueva York (mi relación con la literatura vasca en eusquera)

Ya sabe el lector que soy prevenido con los papelillos. La historia y la vida son tan fascinantes que no me apetece perder el tiempo con las novelas. Así que me cuido mucho a la hora de abrir una. Sólo me pongo con ellas cuando la fuente me es fiable del todo. Acabo de devorar una: Bilbao New York Bilbao, de Kirmen Uribe. En dos días. Quién lo iba a decir. Una novela, además, escrita en eusquera y traducida (creo que de manera algo deficiente) al castellano. Regalo del Lord y de Amu. Buenos fiadores. Y una cita brutal de Sebald antes de empezar. Un novelista que cita a Sebald de inicio merece al menos el margen de la duda.
De fondo, mi azarosa relación con la literatura de los vasco

s. Tuve mucho contacto con los vascos que escribían en castellano: Celaya me enseñó un tipo de poesía que no conocía en primero o segundo de carrera; y qué decir de Juaristi, el hombre que me enseñó a desconfiar de todas las identidades, incluida la mía. Pero también he sentido cercanos a aquellos vascos que escribían en eusquera. Leí a Gabriel Aresti con apenas veinte años. Algunos de sus poemas creo que son de lo más relevante que se escribió en España durante la segunda mitad del XX. Cómo no recordar a lo largo de este año aquello de que “Pendiente abajo veloz / mi cuerpo desnudo marcha”. Cómo olvidar que en los días de otoño, cuando ni siquiera quien era estaba claro, el poeta me señalaba que “no soy sino mi nombre”. Cómo olvidar a Mikel Laboa y su pájaro, de qué poco me sirvió la metáfora cuando la necesité. Cómo olvidar, en fin, aquellas letras de los hermanos Muguruza, con sonidos que venían de los Clash y que hablaban de Beirut oeste en medio de la guerra cuando éramos cien…

Así que con estos antecedentes me puse el otro día delante del Bilbao-New York – Bilbao, del ondarroés Kirmen Uribe. Un libro que se vende en la contraportada como “un mosaico de recuerdos y narraciones”…

PS: Días felices con Elicia, en nuestra tierra. La dulzura de la niñez