Acabé La revolución de los claveles, de Diego Carcedo. Bien, sin más. Un repaso a todo lo que rodeó al movimiento de una parte de la oficialidad portuguesa que se sublevó para poner fin a la dictadura "más longeva de Europa", será si no contamos el caso ruso, claro.
El autor explica bien el tejido sociológico de la rebelión: las guerras coloniales habían cambiado la extracción de las élites militares: Con harto dolor de su corazón, los viejos y condecorados generales que dirigían las instituciones donde ellos mismos se habían formado en un ambiente elitista tuvieron que abrir las puertas a los hijos de los suboficiales, cuyos padres aspiraban al honor de que sus hijos alcanzasen la ilusión que ellos no habían logrado, y a jóvenes procedentes de las clases medias-bajas que sólo tenían en el seminario o en la carrera militar la posibilidad de acceder de manera gratuita a algún tipo de estudios superiores. Pero ni siquiera así se conseguía llenar las aulas y atender las demandas crecientes de unas guerras cuyos frentes no paraban de extenderse.
Aquel curso, la Academia del Ejército
contaba con 72 alumnos y 423 plazas vacantes; es decir, apenas tenía cubierto
un 14 por ciento.




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