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12.10.15

Escuchando al maestro

Esa gente a la que hay leer. Siempre. Ignatieff. Uno de los nuestros. El otro día en El Mundo. La barbarie de obligar a los ciudadanos, en un Estado democrático, a que se posicionen sobre su identidad nacional. ¿Alguien se imagina que el Estado, en un entorno democrático, te obligara a posicionarte sobre tu identidad religiosa? ¿o sobre la sexual?


Señala el maestro: "Precisamente, la justificación moral para la existencia de un Estado español es la creación de un espacio político en el que las personas puedan elegir libremente su identidad, de modo que quien lo desee pueda ser más catalán que español o viceversa. Por eso, excepto en casos en los que una identidad nacional se está suprimiendo de forma violenta, estoy a favor de dejar los Estados como están. Es por una razón moral: los Estados permiten a la gente articular su identidad en el orden que prefiera, y esto no solo es cierto en Cataluña, es cierto para el País Vasco, para Galicia, para todos."

¿Estamos o no estamos?


17.10.14

El derecho a ser escuchado en democracia

El esfuerzo por tener derecho a ser escuchado. Una de las claves en democracia, según Ignatieff en su delicioso Fuego y cenizas. Y una reflexión ideal para ser aplicada en España, pero que por lo que veo es también aplicable a su Canadá natal:

"En una democracia saludable, uno no cuestionaría el derecho de un adversario a estar en el ring, o la ciudadanía, la lealtad patriótica, los motivos y la buena fe de esa persona. Se cuestionaría su competencia, su experiencia, su visión, su programa y sus ideas. En la política de baja calidad que debemos soportar, el objetivo explícito del ataque es evitar el debate, para evitar los riesgos inherentes al libre intercambio de ideas. Una vez que has negado a la gente el derecho a ser escuchada, ya no tienes que refutar lo que dicen. Solo hay que ensuciar lo que son" (página 166 de la edición de Taurus)

15.10.14

El marketing en democracia

Ese intento de reducir la elección electoral a una pura elección de consumidor racional. Esos asesores que creen que vale con construir un marca y lo demás no importan. Señala Ignatieff en su Fuego y cenizas que: "[...] los votantes otorgan un significado a la votación que no dan a la compra de una falda o de un pantalón. Votar es expresar la pertenencia a una comunidad política, decir lo que uno cree y formar parte del acto colectivo de la elección de la dirección de un país. El voto es una expresión de lealtad simbólica más que una expresión fundamental de los intereses"

13.10.14

El respeto en democracia

Leía alguna vez que la primera obligación del Estado es tratar de usted al ciudadano. Creo que se lo leí al maestro Espada. Sigo con el Fuego y las cenizas, de Ignatieff. Una atinada reflexión sobre la crisis y sobre toda esta situación que no termina de irse:

"Cuando el Estado liberal no trata a los ciudadanos con respeto, estos concluyen que cuanto menos tengan que ver con él mejor, y cuanto menos tienen que ver con el Estado, más bajos quieren que sean sus impuestos"


11.10.14

Los ritos en democracia

El libro de Michael Ignatieff, decíamos. La importancia de la emoción en la democracia; la importancia de los ritos. El Parlamento no es un lugar para ir en mangas de camisa, ni en camiseta. Es un lugar que ha de guardar una magia especial. Rememora su llegada a la Cámara de los Comunes como diputado en Fuego y cenizas y señala:

"Ninguna democracia puede gozar de buena salud a menos que los parlamentarios debutantes admiren y respeten la Cámara y a menos que los ciudadanos jóvenes sueñen con ocupar su lugar algún día"

2.10.14

Los periodistas en democracia

Hay bastantes reflexiones, amargas muchas veces, sobre el papel que los periodistas juegan en democracia en el libro de Ignatieff, Fuego y cenizas. Amargas pero lúcidas. Quizá porque la desesperanza es un signo de inteligencia. Asegura el autor, en la página 102:

"También puedes quejarte ante los periodistas de la mala fe de un adversario, pero ellos no son los árbitros. Han venido por la pelea y quieren ver un buen combate. Tal como me dijo uno de ellos: "nuestro trabajo consiste en ser testigos de la batalla y después bajar a rematar a los heridos"


PS; al sur

30.9.14

Los estrategas en democracia

La visión que Ignatieff desarrolla en su libro Fuego y cenizas sobre los estrategas políticos. Una visión realista y que quizá sea solo el canto del cisne de una vida en la que vocación de servicio aún era vista con buenos ojos. Una vida en la que personas entregaban su tiempo al servicio de la comunidad. Capital social, lo llamaron en su momento los sociólogos. Cito en la edición de Taurus, en la página 90:

"Los políticos necesitan a sus asesores y sus encuestas de opinión [...] pero no deberían dejar que profesionales pagados dominen una campaña. La política debe reservar una amplio espacio para los voluntarios que vienen de la calle con su propio talento y sus sueños. Sin la inspiración proveniente del entusiasmo de los voluntarios, los políticos se arriesgan a convertirse en marionetas de sus estrategas remunerados"

28.9.14

La política, en democracia

Las atinadas reflexiones de Ignatieff en Fuego y cenizas. Un libro para leer con calma, lector. Esto son unas memorias de interés, y no las bobadas con las que no golpeen políticos sin talla de ningún tipo. Una reflexión también sobre el papel del político, en la página 85. 

"En el momento en el que empiezas a ver un país como un ejemplo de voluntad cotidiana y sostenida en el tiempo, entiendes por qué son importantes los políticos, individuos que reúnen en una misma habitación a personas que quieren cosas diferentes para encontrar aquello que comparten y que desean hacer juntas. Un país es una "comunidad imaginada" y los políticos son quienes representan aquello que compartimos y quienes dan con los compromisos que nos permiten vivir juntos y en paz"

26.9.14

Escuchar, en democracia

Desgranando el libro de Ignatieffahora que tengo un rato. El valor de la escucha en democracia. La escucha local. En directo. No sólo es una buena forma de combatir la frustración de los ciudadanos, es también una obligación ética de un candidato, tal y como señala en la página 78 de su viaje a través de Fuego y cenizas

"Lo que deseamos de un político, lo que tenemos derecho a pedir, es que nos escuche. En muchas ocasiones, escuchar es lo único que puedes hacer. Los problemas de tus conciudadanos pueden no tener una solución política o, al menos, no una que esté en tu mano. La gente aceptará que no puedas solucionar sus problemas si le prestas toda tu atención, mirándola a los ojos [...]"

PS: Santiago. 

24.9.14

La tecnología en democracia

El papel de la tecnología en democracia. Un tema sobre el que he pensado mucho. Las urnas electrónicas no son la solución a nada, porque nuestros modelo se basa en los mediadores. Votar con más comodidad no hace avanzar la democracia, pese a lo que algunos piensens.  Anota de manera sagaz Ignatieff en su viaje a través de Fuego y cenizas (cito por la página 74 de la edición de Taurus): 

"A pesar de todos los vaticinios acerca de Internet como instrumento facilitador de la democracia, en realidad podría hacer que perdiéramos el aspecto que hace ella algo verdaderamente democrático: el contacto físico. Los vídeos de You Tube y los anuncios no pueden sustituir el encuentro entre seres humanos de carne y hueso. Si Internet sustituye a la política, desaparecerá todo contraste con la realidad y no habrá ya ninguna ocasión para que un votante contemple en persona a un político y tome la decisión de confiar en él, de creerle o no. La política tiene que seguir siendo algo corpóreo porque la confianza es corpórea"

19.9.14

La dignidad de la política (más allá del Ala Oeste)

Llegué a Michael Ignatieff hace muchos años. Ya no recuerdo si con el mago toledano o de su mano. El honor del guerrero es uno de los libros que mayor poso ha dejado en mí. Y me ayudó a construirme también una cierta idea del autor. Hace unas semanas Jesús me recomendó vivamente Fuego y cenizas, las memorias del paso por la política del intelectual canadiense. 

Un texto bien escrito, con reflexiones de altura. Un texto que no cae en el cinismo y que va un poco más allá de las reflexiones habituales en los políticos. Una visión realista del ejercicio de la política, más allá del hermoso (pero almibarado) ejemplo  que uno ve en El Ala oeste de la Casa Blanca. 

Lectura necesaria, desocupado lector. Con ensayos como este: "Mientras la democracia exija este conocimiento de los asuntos locales a los políticos, mientras haga de ellos la prueba de la credibilidad y la confianza, el país irá bien. Tan pronto como la democracia pierda su vinculación con lo físico, tan pronto como el lugar de la política no sea el salón de actos, la sala de estar, el restaurante o el bar local y resida únicamente en la pantalla de televisión y en una página web, tendremos problemas, porque estaremos totalmente en las manos de los asesores de imagen y de las fantasías que inventan [...]

13.6.14

Soluciones falsas a problemas ciertos

Ha estado Michael Ignatieff en España y algunos medios se han hecho eco de la visita. Aún recuerdo, emocionado, El honor del guerrero, y las horas de conversación al hilo de ese libro con el gran Jesús. Ignatieff es un grande y, como muchos de ellos, también acudió a Siracusa en su momento, pensando que el hombre que reflexiona puede tener hueco entre el hombre que actúa. Una pura ilusión. En cualquier caso, sus reflexiones son siempre interesantes, y pueden consultarse aquí.

De nada.

1.6.13

¿Qué hay detrás del nacionalismo?

Esos artículos que lees con una mezcla de enorme satisfacción y oculta envidia.

Esos artículos que ya no escribirás porque alguien lo hizo antes.

Magnífico Félix Ovejero el otro día en El País; una reflexión de altura, y de hondura, sobre qué hay detrás de cualquier nacionalismo. El narcisismo de la diferencia menor, hubiera escrito Ignatieff. Convertir al otro en meteco y alejarlo por lo tanto de los ideales de solidaridad e igualdad que fundan la nación moderna. 

Un artículo brillante. No deje de leerlo, desocupado lector; un brillante repaso a la "economía moral del nacionalismo".

30.12.10

El narcisismo de la diferencia menor, también en la letra impresa

He seguido desde La Vanguardia el proceso de configuración del nuevo gobierno catalán. La neolengua del nacionalismo. No hay como leer un artículo, al azar, que hable del tema, para ver cómo el medio, la lengua, se ha acabado convirtiendo en el mensaje. Algún párrafo al azar, sacad de la edición de ayer:

“A las 12.00 horas, los once consellers tomarán posesión en el Saló Sant Jordi del Palau de la Generalitat. Tras la tradicional foto de familia de todo el Govern, harán el primer Consell Executiu y a partir de las 14.00 horas hasta las 20.30 horas se harán los sucesivos traspasos en las sedes de cada conselleria”.
No es gobierno, es govern, aunque hablemos en castellano, no son consejerías, son consellerías, aunque hablemos en castellanos, no son consejeros, son consellers, con es el Salón, es el Saló, no es el Consejo ejecutivo, es el Consell Executiu. Un texto al revés sería impensable en cualquier periódico escrito en catalán: en la prensa en catalán, el Parlamento andaluz es el “Parlament andalús”, lo mismo que la Comunidad de Madrid es la “Comunitat de Madrid” y España es Espanya.

La clave la dio, como en otros temas, Ignatieff. Ese narcisismo de la diferencia menor que mueve a todos los nacionalistas. A todos. Esa necesidad de ser diferente, simbólicamente diferente. El nacionalismo como una patología. Esa necesidad de ser diferente por ser superior. Esa inmadurez.

Esa fascinanción del nacionalismo por la letra impresa. Se va volviendo complicado leer la prensa catalana supuestamente escrita en castellano. No creo que haya que defender ninguna lengua, ni el castellano ni el catalán, pero sí creo que, cuando uno escribe, ha de tener cierta cortesía con sus lectores. Y eso, hasta un nacionalista debería entenderlo.

PS: "Nadie quiere ser oposición en Cataluña. En realidad, nadie ha querido serlo nunca en treinta años de autonomía. La característica más perversa del juego político catalán ha sido que la oposición no forma parte del sistema, porque no es una oposición al gobierno, sino una oposición a la patria". Arcadi Espada “El sistema catalán”.

24.4.07

Los apellidos engañan

Los imaginarios colectivos suelen ser, las más de las veces, más falsos que un duro de cuatro pesetas. Los seres humanos tendemos a creérnoslos porque nos simplifican la vida. Aquí los buenos, allí los malos; aquí nosotros, allí ellos. Así se evitan las dudas y las reflexiones: los andaluces vagos, los catalanes sensatos, honrados los castellanos, reservados los gallegos. Cuando los seres humanos se imaginan perteneciendo a un colectivo, además de mandar a paseo a parte de su inteligencia, le hacen el juego a iluminados de diverso tipo que aprovechan el miedo al vacío de la existencia humana para construir esos extraños artefactos que llaman naciones.
Veamos un ejemplo. Los apellidos. Pensamos que nos permiten conocer el pedigrí de una persona: si se apellida Serra o Puig podemos estar seguros de que es “catalán de toda la vida”, un Ibarreche, Aguirre o Iruretagoyena garantizan un buen eusko-label. En fin, los gallegos se apellidan Outero o Raxoi … en sentido contrario, los gallegos son ferreiros o no son; los vascos Urrutia echebarría o tampoco son…

El problema es cuando la realidad muestra otra cosa. El primer apellido más común en Álava es García, (24 por cada mil), seguido de Fernández, Martínez y González. El primero apellido que nos suena a vasco (Aguirre, cuatro de cada mil) está en el puesto dieciséis. En la provincia de Barcelona, los nueve primeros apellidos del ranquin y que siguen a García acaban en –ez (martínez, López, Sánchez…). En fin, Pujol aparece en el número 50. Dos de cada mil barceloneses lo tienen como primer apellido. En Gerona también es García el apellido más usual. En fin, en Guipúzcoa, por cada Larrañaga hay tres Garcías, (cinco por cada Echeverría), y casi siete González por cada Zubizarreta. En Lugo arrasan los López (82 de cada mil) habiendo casi trece Fernández por cada Ferreiro. Y en Vizcaya, diez Fernández por cada Urrutia. Y respecto al perdíu, qué quieren que les diga. Debo ser poco zamorano. Ninguno de mis apellidos está entre los cincuenta más habituales de la provincia. Qué maravilla.
El apellido, parafraseando a Ignatieff; el narcisismo de la diferencia en menor.

Corolario:
El idioma materno gira a su alrededor y cada vez es menos un medio de comunicación y más un fortaleza, o, mejor dicho, una concha […]
Andrujovich, Yuri: El último territorio. Acantilado, Barcelona, 2006. Pág. 129