28.9.14
La política, en democracia
24.12.11
¿Murió un Lamed Wufnik?
Murieron dos hombres cuya relación con el comunismo fue inversa. A uno lo vejó, lo encarceló. A otro le permitió vejar y encarcelar. No me detendré mucho hablando hoy del ogro de Pionyang, a ver si mañana tengo un rato. Me interesa más Havel. Mucho más. En la tradición de la Europa central, la de los Habsburgo. Un hombre que no se resignó. Que no cayó, como hicieron tantos. Que no miró para otro lado. Que no sonrió. Mantenerse firme cuando, como cantaba Sopeña “la dignidad es un Judas traidor / y la paz una falsa moneda”. Yo llegué tarde a esa tradición. Es una tradición en mi vida: llegar tarde a todo. Es una tradición que nos van descubriendo a medias los amigos, los libreros y las editoriales. Havel fue muchas cosas, pero sobre todo fue un hombre que no se resignó. Y lo recuerdo y pienso en el poema Los justos de Borges, de acuerdo con aquella vieja tradición judía de la que ya comentamos aquí algo.
Quizá Havel fue un Lamed Wufnik y quizá hoy, que es Nochebuena, es buen momento para recordarlo.
Descansa en paz y que la tierra te sea leve, allá donde estés.
13.9.11
Del Bilbao y la Barcelona de aquella España...
Aquella España. No era una España africana, más que le pese al tal Giner. Era una España que se modernizaba. Con muchos problemas. Con poco dinero. Un país devastado por la ocupación francesa y en el que las familias del liberalismo no fueron capaces de llegar a acuerdos esenciales durante décadas. Pero una España que entraba en el mundo moderno. Una España, lo cuenta el profesor Ollero Vallés en el libro que he terminado, en la que los bilbaínos agradecían con homenajes multitudinarios a Espartero que los liberara de los carlistas. Una España en la que el Ayuntamiento de Barcelona homenajeaba en 1860 a los voluntarios catalanes que participaron en la toma de Tetuán durante la guerra de África.
Una España en la que las cosas pudieron haber sido de otro modo. Una España más civilizada, desde luego, que la de sus nietos, los que nos llevaron a todos a la tragedia del treintayseis. Y ahí va un ejemplo. A mediados de la década de los sesenta, la izquierda liberal había optado la insurrección como forma de llegar al poder. En junio de 1866 intenta un pronunciamiento que pasará a la historia como el del Cuartel de San Gil; pero el pronunciamiento sale mal. Lo interesante es que en aquella España aún había liberales. Ni las bestias fascistas ni los comunistas habían asomado aún por la arena pública y la política se hacía entre señores. El gobierno pacta con los cabecillas, de manera discreta, que salgan del país. Les entrega incluso salvoconductos. Cuando el último de ellos se ha ido, se pone en marcha un Consejo de Guerra contra ellos, en el que resultan condenados a morir por garrote vil.
Las condenas a muerte no se ejecutarán jamás…
Aquella España…
PS: El 21 de enero [de 1932] Azaña anunció al consejo de ministros, reunido con el presidente de la República, que se disponía a proceder "con toda rapidez y con la mayor violencia" a reprimir la rebelión y que se fusilaría a quien se cogiese con las armas en la mano.
Avilés Farré, Juan: La izquierda burguesa y la tragedia de la IIª República. Servicio de Documentación y Publicaciones de la Comunidad de Madrid, Madrid, 2006. Páginas 166-167
8.9.11
A vueltas con Sagasta
Ando acabando la biografía de Sagasta que ya comenté, escrita por el profesor Ollero Vallés. Termina cuando aquella fría mañana de invierno el general Martínez Campos se pronuncia en Sagunto a favor de la vuelta de los Borbones, mientras el General bonito está en el norte luchando contras los carlistas y el propio Sagasta, a la sazón presidente del Gobierno, decide no oponerse. La consulta de toda la documentación de la época, así como del magnífico catálogo de la Exposición que el gobierno de Aznar organizó en el año 2000 (y que recuerdo que fui a ver con Angeliello) me ha llevado a recordar viejas lecturas, como el fantástico libro de Varela Ortega sobre la Restauración.
Visto desde el siglo XXI, parece evidente que Sagasta y aquellos como él que optaron por el liberalismo transigente y pactista tras el fracaso de la Gloriosa tenían razón, frente a los radicales que con tanta pasión contribuyeron a la tragedia de 1936. En efecto, frente a las risas de Ortega sobre el “partido domesticado”, frente a las críticas de Azaña y frente a las bobadas africanas del tal Giner, hubo una izquierda liberal en España que optó, tras medio siglo de conflictos civiles, por pactar, por dejar fuera de la vida política al ejército y por asumir que entre el exilio o el gobierno, la vida política en un país moderno tiene sitio también para la oposición.
A Sagasta, por cierto, no lo ha reivindicado nadie (bueno, mi amigo Jesús en la transición…). Y todos lo odiaron. Si para la izquierda fue un vendido (colaboró con el régimen canovista después de haber sido condenado a muerte por el gobierno de la Reina en agosto de 1866), la derecha nunca le perdonó ni su condición de masón ni su lucha por los derechos individuales. Si los hunos ocuparon una finca suya en Jaén al inicio de la guerra y se dedicaron a fusilar su imagen y la de su mujer, los hotros descabezaron en 1941 la estatua que tenía en Logroño y la arrojaron al río.
El orgullo que supone que, en una guerra civil, los dos bandos vayan contra uno mismo.
PS: leyendo el proceso vital que experimentó Sagasta con los años, no puedo dejar de pensar en el que experimentó Indalecio Prieto, aquel socialista bilbaíno nacido en Asturias y que escribió una vez: “Los que somos liberales de corazón vemos aterrados que en una lucha probable se nos puede dejar sin bandera. [...] No se puede ser liberal y condenar el pensamiento discrepante reputándolo delito”.
18.2.09
¡Cuánto comedor!
Desocupado lector. Le he hablado poco de mi padre en esta bitácora. El Perdíu, pese a lo que piensen muchos de los que le conocen, es tímido hasta el extremo y pudoroso a más no poder. Por eso habla poco de sí mismo y menos todavía de sus cosas más íntimas. En cualquier caso, no podía evitar hoy citarlo con el título de este post. Es un hombre conservador por naturaleza y por contexto. Cuando uno nace en la periferia de un provincia pobre no puede ser mucho más. Gente de bien y gente de orden. De ahí por cierto viene mi liberalismo, aunque eso se lo contaré otro día.
Mi padre siempre ha desconfiado mucho de la política, y de los políticos. Como tantos otros españoles, vivió el cambio de régimen con inquietud, votando siempre a opciones de orden pero dentro de un orden, claro (de la ucedé a apé y de ahí al pepé). El caso es que siempre ha tenido una máxima al respecto, y viendo lo que sucede no puedo dejar de darle la razón.
Cuando uno ve a gente como López Viejo (todos los que hemos trabajado alguna vez para la Comunidad de Madrid sabíamos el inmenso poder que tenía como viceconsejero de presidencia), a gente como el tal Castellano este, que declara sin pudor que las obras son para sus amigos; a gente como el chulo de Bermejo o como el sultán Touriño uno no puede más que decir, ¡cuánto comedor!
Gentuza a la que se le llena la boca hablando del servicio público y del sacrificio y que nunca han entendido ni la ética ni la estética de la política. Pero, ya digo, quizá es que nuestros políticos son muy parecidos a nuestros conciudadanos.
En cualquier caso, ¡cuánto comedor!
PS: "El Conde de Romanones […] recomendaba desconfiar de quienes alardeaban de ocupar un alto cargo contra su voluntad y sólo en cumplimiento del deber. He visto muchos hombres –explicaba Romanones– conducidos a la cárcel entre dos guardias civiles; al Ministerio, a ninguno. Todos llegan en automóvil y algunos en cuarta velocidad".
Citado por Borràs Betriu, Rafael: La guerra de los Planetas. Memorias de un editor. Ediciones B, Barcelona, 2005. Página 524-525
PD: Por cierto, ¿Alguien sabe si puedo aprovechar las europeas para votar a Klaus? ¿Hay alguien, entre los socialistas españoles de todos los partidos que defienda todo lo que él defiende?
9.2.08
Rendición de cuentas...
31.1.08
A vueltas con PISA
El dinero no es la clave. Singapur, que año tras año está entre los que mejores resultados obtienen en PISA, es el vigésimo séptimo país de la OCDE en inversión en materia educativa. No es gastar más por gastar más. Es saber en qué se gasta. Tampoco es tener menos alumnos por clase.
El Informe apunta cuatro claves, bastante interesantes:
1. La importancia de la valoración social del profesorado. En Finlandia hay que formar parte del 10% de mejores alumnos para poder estudiar la carrera de magisterio. En Corea del Sur, hay que estar entre el 5% de los mejores. Igualito que en España, ¿eh?. Con ello se consigue formar auténticas élites y líderes sólidos lo que revierte en una valoración muy positiva por parte de la sociedad.
2. La segunda clave es mejorar, año a año, la formación del profesorado, de manera que no dejen nunca de aprender (vg. profesores recibiendo clases de gestión). Igualito que en España, ¿eh?
3. La tercera clave, tener claros los estándares de calidad. Saber dónde hay que intervenir y porqué. Clases de apoyo obligatorias para los estudiantes más atrasados. En España, innovando, vamos a por el aprobado automático, porque pa´cojones los míos y a mí el pelotón sabino que los arroyo. ¿Qué cosa fascista es esta de discriminar a los estudiantes en función de su rendimiento?
4. En fin, la última clave pasa por contar con líderes en la comunidad educativa. Aquí nos quedamos en delegados sindicales, pero ya se sabe que de donde no hay, no se puede sacar.
Con todo esto, ya verán como las propuestas de los socialistas de todos los partidos (PSOE, PP e IU) de cara a marzo pasan por incrementar el dinero que se destina a educación. ¿Se juegan algo conmigo?
PS: Lo de los políticos catalanes es una kermés sin fin. ¿Tan floja es la menestra de cuota Chacón que necesita apuntarse en la mano sus ideas? ¿No es capaz siquiera de memorizar sus profundísimas ideas de campaña, ya saben aquello de que el pp utilizará tu voto contra Cataluña y mensajes de tufillo neofranquista por el estilo? ¿No da para más?



