Ahora que recuerdo a mi tío mientras escribo esta última entrada de mi cuaderno de verano hay algo que me parece enormemente bello en aquella escena. Hace ochenta años mi tío era aquellos niños que correteaban en la misma plaza; sus padres estaban en esa misma barandilla donde estaba yo tomando un zurito. Hace cincuenta años él era el padre en la barandilla que miraba a sus hijos y sobrinos en esa plaza donde yo jugaba, y también veía caminar a un tío ya anciano que, como él, se sentaría en la plaza a ver a los niños. Dentro de unos años mis primos y yo seremos los que estemos en ese banco, y quizás nuestros hijos estén en la barandilla y nuestros nietos jugando en la plaza. Quizás mi tío vio a los niños y recordó que él era esos niños, y los jóvenes de la barandilla, y todos los ancianos de los bancos.
Siempre es esa misma plaza, en las fotos ya centenarias que tengo de los álbumes familiares, siempre son los mismos niños, y siempre son los mismos padres con su vermú..."




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