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12.3.22

Magris, Pollack y la mi tierra

Una semana estoy tardando en acabar El Mundo del domingo. Creo que es el mejor periódico de España ese día. Esta conversación entre Claudio Magris y Martin Pollack, fantástica, a cuenta de la Europa intermedia, la Europa entre los vértices. O entre los vórtices. Y esta reflexión, aplicable también a la mi tierra hasta hace cuatro días en realidad: "Porque para la gente eran importantes las pequeñas y muy pequeñas comunidades de origen, el pueblo o el distrito. Por lo general, no sabían nada más del resto del mundo."

Nuestra Europa...


14.9.16

El verdadero libro del desasosiego

Tengo ya casi acabado los Fantasmas de piedra, de Mauro Corona. Un libro hermoso, y muy duro, sobre la melancolía que a algunos nos genera la pérdida del mundo rural. Corona, a quien no conocía de nada, fue descubierto por Claudio Magris recluido en su tierra natal, en los Alpes, y desde allí cuenta la desgracia que ocurrió en 1963, el desastre del Vajont, tan parecido en algunos aspectos a la tragedia de Ribadelago. Un libro para no perderse y para escuchar los últimos ecos de un mundo que ya no volverá...

5.4.13

Cómo viajar para no descubrir América...


El último libro de Arcadi Espada, by My Colonel. Recordando a aquellos que actuaron en nombre de Franco. Un viaje. Siempre hay un viaje. A la búsqueda del invierno de 1944 en Hungría. Hacia Budapest. En primer plano, el fantasma de Ángel Sanz Briz y al fondo, el de aquellos como Casimiro Florencio Granzow de La Cerda que no encontraron contradicción entre ser franquistas y despreciar a los nazis. Hablaremos largo y tendido del libro, cuando tenga un rato, que se me acumula el trabajo.

Una primera reflexión que avala de alguna manera mi prejuicio de que viajar sin haber leído antes es hacer el gilipollas. A cuántos conozco que viajan descubriendo América a cada paso...

Yo, que nunca hubiera acabado en Rumanía si no hubiera sido por Robert D. Kaplan, o que jamás hubiera ido a Alemania si me hubiera faltado Claudio Magris. Que no viajé de adolescente a Cuba porque, más allá de Fidel, a lo que estaba esperando era al magnífico libro de Jorge Moreta...

Disfrútela, desocupado lector.

 “Viajar, yendo en busca de algo: nada hay mejor en la vida. Viajar sin levantar huellas es tan excitante como la gimnasia sueca. No es imprescindible esta fiebre de ahora, ni la investigación ni el enigma; bastan las huellas que dejó cualquier escritor en el paisaje, y seguirlas. Ir por un lugar que no vio nadie es un viaje ciego. El viaje, primero, se lee; y luego se hace.  Todo lo demás es descubrir América
Espada, Arcadi: En nombre de Franco. 
Los héroes de la embajada de España en el Budapest nazi.  Barcelona, Espada, 2013. Página 31 

6.8.10

Un libro para viajar por el mundo conocido...

Acabo con el libro de César Antonio Molina. Irregular, al menos para mi corta erudición. Un viaje que en algunos tramos se hace fascinante. Ir recorriendo, por todo el globo, lugares míticos de autores o de la literatura universal. Arrancamos en el sur de Italia y ahí voy perdido, no soy capaz de comprender lo que dice, no conozco a los autores. Mi escasa cultura clásica, fruto de una educación ya convenientemente sindicalizada en democracia. La vida del príncipe de Lampedusa y los lugares del Gatopardo. Me siento más cercano en Trieste, con Joyce y los años allí pasados. Fantástico Los muertos, ya lo dije, esa nieve que empezaba a caer en Irlanda y que cubre le nefasto siglo XX. Aparece Magris en escena y me acuerdo de Jesús, claro. Vuelvo a perderme con Rilke y nos vamos a Rusia: San Petersburgo antes que Moscú, claro. Hubo una Rusia que pudo haber sido de otra manera. Se ve, ahora lo tengo claro, desde la Perspectiva Nevski. Hay que ir. El dolor de Ajmatova, la locura del comunismo. De repente, Ivo Andric. Al que yo conocí. Recuerdo un día, saliendo del Prado, el único día que lo vi. Iba con el libro de Andric que yo le había regalado. Supongo que ahí empezó la transferencia. Se empieza compartiendo un libro, a continuación se comparte la cama y, a poco que te descuides, acabas compartiendo la vida. Espero que sí. Me voy de Bosnia, recordando la frase de Jesús: para entender lo de los Balcanes hay que ir a Andric. Llego a Brasil. Acaba de morir Zweig. Es impresionante, esta parte del libro parece un índice de mis lecturas de los últimos años. Dónde murió, y cómo. Y las disputas póstumas con Arendt. Uno hombre que nunca quiso ser judío hasta que lo obligaron. La religión como una cárcel. Igual que la identidad. Yo no querría ser ni español, ni católico, ni siquiera, ya ven, sanabrés. La identidad limita. Y como ando leyendo a Espronceda, tengo claro que “yo aquí tengo por mío cuanto abarca el mar bravío”.
Ahora nos vamos a Nueva York. Donde murió Poe, Donde Lorca (me niego a llamarlo Federico) escribió algunos de sus más hermosos poemas). La capital del mundo. Auden, que tanto me enseñó en los oscuros meses de este otoño. Ahora nos vamos a Pequín. Aquí también he estado, le digo al autor. La Ciudad Prohibida. Ahora a Bombay, la ciudad más abierta del la India Los mazdeistas. Y finalmente Praga. Estos viajes acaban siempre en centro Europa. Kafka, pero no sólo. Hubo un mundo que pudo haber sido de otra manera, que no lo fue, es cierto, pero que lo pudo haber sido. Igual que mi vida, igual que otras vidas.
Un mundo sin naciones. Con lealtades éticas. Sin tribus, sin banderas.
Un libro magnífico, lector, aunque el autor no sea fácil de seguir en su agotador viaje.

PS: "Si la voluptas incita al tedio y provoca el somnus, la lectura invita al otro mundo. Leer es participar del áphatos, es decir, de los invisible. Leer es seguir con los ojos la presencia invisible, y con los oídos la voz o las voces que regresan del más allá del silencio del propio autor. Aquel cuya historia leemos está más cerca de uno mismo que uno mismo. Septimio pronunció una frase tremenda: “el que escribe sodomiza, el que lee es sodomizado
Molina, Cesar Antonio: Lugares donde se calma el dolor. Barcelona, Destino, 2009. Página 353

PD: En Burgos. Cabeza de Castilla

30.6.08

Quizá yo sólo sea un solo laz

Estoy rematando, lector, un libro fascinante. Fruto de los buenos consejos no sólo de la madre de Jimena, sino también de la insistencia de ese desocupado lector de estos lares que se llama Miquel Barceló. El libro, (El Mar Negro, cuna de la civilización y la barbarie), es una magnífica mezcla de los estilos de Magris y Kaplan, con un resultado sencillamente delicioso. El autor, Ascherson, elabora un libro hermoso que nos pone ante el espejo de nuestra propia ignorancia. Un recorrido por las riberas de un mar muerto desde hace siglos. Y con unas historias deslumbrantes, tan lejanas del campanario y de la aldea que pueblan hoy los medios españoles. Los jázaros, un pueblo turco que se convirtió nada menos que al judaísmo y allá por el siglo X desapareció de la zona y de la historia. Los caratíes de Crimea. La Hipótesis Varega como hipótesis de trabajo, según la cuál los rusos serían descendientes de esta tribu nórdica, mezcla de bandoleros y aventureros, que dieron origen al primer estado ruso-eslavo en la actual Ucrania en el siglo X. Hipotesis combatida por la historiografía rusa, ya fuera zarista o soviética. El impulso que Stalin dio a la partenogénesis como origen del pueblo ruso, según la cual las evoluciones de la cultura rusa se debían a movimientos internos, y no a aportaciones de otros pueblos, llegando a prohibir la historia: los godos de Crimea pasaron a ser habitantes autóctonos, así como los jázaros, que dejaron de ser turcos que llegaron del este, por no hablar de los tártaros, que pasaron a ser de la noche a la mañana oriundos del Volga. La llegada de los escitas. La legendaria ciudad de Olbia, destruida por los Getas y de la que tanto sabemos gracias a la certera descripción, casi un documental, que hizo Dion de Prusa. El proceso progresivo de aculturación de los griegos que vivían en las riberas del río. La construcción del otro como un bárbaro. 

Un recorrido lúcido y apasionante sobre los árboles genealógicos del Cáucaso del que espero poder hablarse estos días si tengo algo de tiempo… sobre todo porque creo que he encontrado un caso con el que poder identificarme. Quizá mi identidad sanabreso-zamorano-castellano-española-europea-occidental no sea más que una identidad
laz a este lado de Europa. Mañana sigo.

PS: Herodoto escribió una vez: “Todos sin excepción creen que las costumbres de su patria son las más excelentes y hay multitud de ejemplos que prueban que esta actitud ha arraigado en todas partes”. Citado por Ascherson, N. en
El mar negro, cuna de la civilización y la barbarie. Tusquets, Barcelona, 2001. Página 73

26.4.07

Un país entre dos mundos

Habrá observado el desocupado lector que últimamente he citado algunas frases de “El último territorio” libro a medio camino entre el ensayo y el divertimento del escritor ucraniano Yuri Andrujovich. El libro fue publicado por Acantilado, magnífica editorial catalana que nos está descubriendo infinidad de autores europeos.

Se trata de una suma de ensayos escritos en los años noventa y que reflexionan sobre temas diversos relacionados todos ellos con su país de origen: la historia de Ucrania, su compleja relación tanto con occidente como con oriente, la figura de Taras Shevchenko, el desastre de Chernobil, la lengua ucraniana, la emigración, Galitizia... El autor sigue un poco la línea de Magris y el resultado es un buen libro que sirve, creo yo, para realizar un primer acercamiento a la complejísima y (al menos para mí) desconocida realidad ucraniana. Nos permite llegar a dónde no llegan los periódicos, que suelen quedarse en que el país está dividido en dos mitades, una prooccidental y otra prorrusa, y que únicamente se interesa por el país cuando hay fútbol o cuando hay disturbios.

Me cae bien Andrujovich además, porque, siendo un escritor que escribe en ucraniano, se ha traducido él mismo al ruso y en el libro adopta en general una postura bastante respetuosa con los ucranianos que hablan ruso, lejana del nacionalismo ucraniano en el que ha sido encasillado alguna vez.

En fin, si les interesa conocer algo de Ucrania, un país fronterizo, no dejen de leerse este libro.

PS: todo el día llovío, toda la noche lloviendo, quiero estar donde tu estés...

28.9.06

Cena e Intelectuales

El miércoles, quizá aprovechando que había partido del Madrid en la tele, fuimos a cenar Rome, última esperanza de la izquierda de lo que ahora llaman Estado Español y Santi, ejemplar ex-consultor, hombre lúcido que, empero, se nos ha convertido al lamentable zapaterismo.

Hablamos y debatimos. Se siente uno a gusto discutiendo con gente inteligente, porque entonces ya no importa tanto la ideología, sino lo que te aportan. Claudio Magris, lúcido en tantas cosas, dice en algún libro que “no estamos más cerca de las personas que tienen las mismas respuestas que nosotros ante las últimas preguntas, sino de las personas que se hacen esas mismas preguntas”.

Como Rome y Santi son hombres de bien, no como yo, siguen metidos en la política activa. Y están tristes por cómo ven las cosas. La conclusión que vengo madurando es que la lógica de la política es estrictamente incompatible con la lógica de la reflexión intelectual. Al menos si esta reflexión es superior a la que haría un niño de cinco años, que es la que solemos verle hacer al presidente del gobierno cada vez que habla (guerra no, curas tontos, derecha mala…) . El drama de ellos, como el de Jesús y algún otro amigo, es que no es sencillo hacer política desde la reflexión intelectual. Al final, ha de romper por algún lado. La política postmoderna y pasada de vueltas, en las sociedades decadentes, exige posturas fugaces y simbología mediática. No busca la reflexión, el matiz o el destalle. Por eso lo que tenemos es gente que nunca habla de ideas (alguien le ha escuchado alguna a la vicepresidenta Fernández?) pero que se fotografía con la camisa de pana. El medio, en fin, es el mensaje.
Cuando la ética queda lejos, como pasa en nuestro mundo, los políticos se refugian en la estética.

PD: mañana, a predicar en Pozuelo por la mañana. Por la tarde, rumbo a Barcelona. Me espera un fin de semana en Cataluña. No sé bien qué hacer si se me acerca un niño con una camiseta catalana y un balón pidiéndome echar un partido...