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25.3.21

Esto es el oeste

Al final, volvía a ver, tantos años después la de El hombre que mató a Liberty Valance

La alquilé, por cierto, ya no tiene sentido seguir guardando los cedés, y me animó mi querido Lord Chisun y una crítica magnífica al libro de Torres Dulce que sacó el maestro Lafuente. Es una obra magnífica, para ver ya en la edad madura, la historia de tres perdedores y ese amor que nunca fue, como en Los Muertos de Joyce. Doniphone Wayne traiciona sus ideales al matar a Valance sin cumplir la ley del oeste; el senador Stoddard, el personaje de Stewart es una farsa en sí mismo, que hace carrera sobre el equívoco de la muerte de Valance y Hallie -Vera Miles- se casó con el hombre equivocado. 

Un análisis de los temas básicos de la modernidad: el destino, el papel del individuo, el papel de la política, de la prensa como poder, de los mitos...

No sé a qué espera. 

20.4.13

Clásicos de cine...


Algo de cine.

Daban en televisión Dublineses, la última película que rodó en vida John Huston. Sigo sin entender la traducción del título al castellano. La película se titula Los Muertos en inglés, y está basada en el relato de Joyce, no en el libro en su conjunto. Una obra de arte, en la que se los sentimientos se mezclan en cascada. La cena. La insoportable Molly Ivors, que no cesa de llamar west briton a Gabriel Conroy al que reprocha que no conozca “su propio país”. La epifanía que supone “The Lass of Aughrim”, con esa magnífica escena de Gretta al pie de la escalera. La confesión melancólica del recuerdo de Michael Furey y de la que ya hemos hablado alguna vez, cuando Gabriel empieza darse cuenta de que no va a disfrutar de su primera noche a solas con su mujer en años, sin la pesadez de los niños. Cuando uno es Gabriel, ha de soportar resignado que en el corazón de su persona amada yace un Michael. Cuando uno es Michael, sospecha cada noche que en el corazón de la persona que ama pesa más su recuerdo que el del Gabriel con el que se casó.

Y la nieve. Una nieve  que lo va cubriendo todo.  No sólo una Irlanda cada vez más pacata por identitaria, sino también el corazón de Gretta en unos últimos minutos de la película demoledores, con el magnífico soliloquio de Gabriel.

Toda la película resumida en esa frase magnífica de Joyce, cuando confesaba que la historia es una pesadilla de la que estoy tratando de despertar…

6.8.10

Un libro para viajar por el mundo conocido...

Acabo con el libro de César Antonio Molina. Irregular, al menos para mi corta erudición. Un viaje que en algunos tramos se hace fascinante. Ir recorriendo, por todo el globo, lugares míticos de autores o de la literatura universal. Arrancamos en el sur de Italia y ahí voy perdido, no soy capaz de comprender lo que dice, no conozco a los autores. Mi escasa cultura clásica, fruto de una educación ya convenientemente sindicalizada en democracia. La vida del príncipe de Lampedusa y los lugares del Gatopardo. Me siento más cercano en Trieste, con Joyce y los años allí pasados. Fantástico Los muertos, ya lo dije, esa nieve que empezaba a caer en Irlanda y que cubre le nefasto siglo XX. Aparece Magris en escena y me acuerdo de Jesús, claro. Vuelvo a perderme con Rilke y nos vamos a Rusia: San Petersburgo antes que Moscú, claro. Hubo una Rusia que pudo haber sido de otra manera. Se ve, ahora lo tengo claro, desde la Perspectiva Nevski. Hay que ir. El dolor de Ajmatova, la locura del comunismo. De repente, Ivo Andric. Al que yo conocí. Recuerdo un día, saliendo del Prado, el único día que lo vi. Iba con el libro de Andric que yo le había regalado. Supongo que ahí empezó la transferencia. Se empieza compartiendo un libro, a continuación se comparte la cama y, a poco que te descuides, acabas compartiendo la vida. Espero que sí. Me voy de Bosnia, recordando la frase de Jesús: para entender lo de los Balcanes hay que ir a Andric. Llego a Brasil. Acaba de morir Zweig. Es impresionante, esta parte del libro parece un índice de mis lecturas de los últimos años. Dónde murió, y cómo. Y las disputas póstumas con Arendt. Uno hombre que nunca quiso ser judío hasta que lo obligaron. La religión como una cárcel. Igual que la identidad. Yo no querría ser ni español, ni católico, ni siquiera, ya ven, sanabrés. La identidad limita. Y como ando leyendo a Espronceda, tengo claro que “yo aquí tengo por mío cuanto abarca el mar bravío”.
Ahora nos vamos a Nueva York. Donde murió Poe, Donde Lorca (me niego a llamarlo Federico) escribió algunos de sus más hermosos poemas). La capital del mundo. Auden, que tanto me enseñó en los oscuros meses de este otoño. Ahora nos vamos a Pequín. Aquí también he estado, le digo al autor. La Ciudad Prohibida. Ahora a Bombay, la ciudad más abierta del la India Los mazdeistas. Y finalmente Praga. Estos viajes acaban siempre en centro Europa. Kafka, pero no sólo. Hubo un mundo que pudo haber sido de otra manera, que no lo fue, es cierto, pero que lo pudo haber sido. Igual que mi vida, igual que otras vidas.
Un mundo sin naciones. Con lealtades éticas. Sin tribus, sin banderas.
Un libro magnífico, lector, aunque el autor no sea fácil de seguir en su agotador viaje.

PS: "Si la voluptas incita al tedio y provoca el somnus, la lectura invita al otro mundo. Leer es participar del áphatos, es decir, de los invisible. Leer es seguir con los ojos la presencia invisible, y con los oídos la voz o las voces que regresan del más allá del silencio del propio autor. Aquel cuya historia leemos está más cerca de uno mismo que uno mismo. Septimio pronunció una frase tremenda: “el que escribe sodomiza, el que lee es sodomizado
Molina, Cesar Antonio: Lugares donde se calma el dolor. Barcelona, Destino, 2009. Página 353

PD: En Burgos. Cabeza de Castilla