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25.3.21

Esto es el oeste

Al final, volvía a ver, tantos años después la de El hombre que mató a Liberty Valance

La alquilé, por cierto, ya no tiene sentido seguir guardando los cedés, y me animó mi querido Lord Chisun y una crítica magnífica al libro de Torres Dulce que sacó el maestro Lafuente. Es una obra magnífica, para ver ya en la edad madura, la historia de tres perdedores y ese amor que nunca fue, como en Los Muertos de Joyce. Doniphone Wayne traiciona sus ideales al matar a Valance sin cumplir la ley del oeste; el senador Stoddard, el personaje de Stewart es una farsa en sí mismo, que hace carrera sobre el equívoco de la muerte de Valance y Hallie -Vera Miles- se casó con el hombre equivocado. 

Un análisis de los temas básicos de la modernidad: el destino, el papel del individuo, el papel de la política, de la prensa como poder, de los mitos...

No sé a qué espera. 

8.10.18

Sobre los orígenes del populismo

Devoro, en el número de septiembre de la Revista de Occidente, un interesante ensayo sobre el populismo y sus orígenes. Al autor, el catedrático Juan Francisco Fuentes, no lo conocía de nada (otro motivo más para leer RdO) y por eso quizá me ha resultado aún más interesante. No se lo pierdan porque explica cómo el origen de la basura populista está ligado también a la propiedad, a las hipotecas y a los desahucios,pero hace más de cien años y al otro lado del atlántico. 

PS: y en el mismo número, pero no disponible en la web, una reflexión fantástica sobre los indios y el western a cargo de María Elvira Roca Barea.

16.10.17

Los mitos

La historia que nos enseñaron... Siempre la escribe alguien. Y la escribe para algo. Nuestra visión del pasada está marcada por los mitos. El cruel esclavista Jefferson, un wasp de manual, es hoy recordado como uno de los grandes, mientras que el católico Gerónimo Monteso, como un puto salvaje. Lo contaba el otro día María Elvira Roca en El Mundo...

No se lo pierda.


13.3.17

Los mitos

Una hermosa (re) elaboración sobre las pelis del oeste, o de vaqueros, de nuestra niñez, a cargo de Jesús Fuentes, el otro día en El hombre de palo. El relato de la conquista de la libertad para todos los emigrantes que iban llegando a América. Un relato, por cierto, construido en parte por los judíos. No se lo pierda, desocupado lector.

13.2.13

Aquel Mercado...



Me metí con los pozos de ambición, una película personal del siempre personal PT Anderson. Una película hermosa. Y dura. La ambición del hombre hecho a sí mismo, la necesidad de hacerse uno rico de manera rápida y a costa de lo que sea. La complejidad de las relaciones entre padres e hijos. Esa sensación de que uno nunca será suficientemente bueno para las personas que significan algo en nuestra vida, porque el reconocimiento sólo nos lo dan las personas cuyo juicio nos importa. No es difícil de entender.

Hace un papel magnífico Day Lewis, y le da buena réplica el fanático Paul Dano creador de una Iglesia sin fe, en la lucha por el dominio simbólico en la comunidad. Una música inquietante acompaña la obra, una obra de pioneros, de aquellos que llegaban los primeros y tenían que matar para no morir. Que tenían que engañar para sobrevivir. Un mundo en el que sólo sobrevivían los más fuertes. Aquel Mercado al que bajaba el Perdíu cada lunes…

Buen cine, ideal para un domingo cualquiera. 

12.2.13

La D es muda... (cine)


Estuvimos viendo Django. Ya conté que he tenido durante años un problema con Tarantino, pero al final me he reconciliado con él. Buen cine, con su estilo personal, buena música, mucha violencia y guiones inteligentes. Un magnífico Foxx, que no para de crecer (aún lo recuerdo de Collateral) y un Waltz elegante y, cosa extraña, bien doblado. De fondo, la esclavitud, un tema perverso del que por cierto el mundo anglosajón siempre sale bien parado. Ventajas de contar la historia. Los años sesenta del XIX son antes de ayer en términos históricos. El Perdíu, sin ir más lejos, ya iba buscando charrelas por la Sanabria en aquella época. Al otro lado del océano, entre tanto, seres humanos eran vendidos, y vejados. Sobre todo las mujeres. Hombres que eran tratados como bestias por parte de una élite orgullosamente blanca y protestante. Para que luego vengan tocando los güevos con la leyenda negra y con que los del sur somos unos tarados...

La película es un viaje bien narrado, un viaje hacia la libertad. Un viaje, en el fondo, de vuelta a casa…

¿Hay algo en la narración humana que no sean variaciones del viaje de Ulises?

21.7.12

Aquella Dakota...


Acabé la segunda temporada de Deadwood, cortesía de John Chisum. La serie gana en complejidad y se va haciendo cada vez más oscura conforme avanza la trama. Los personajes se hacen más profundos y eso se agradece. Sobre el contexto político de fondo, con la incorporación del territorio y sus minas a la Unión, la necesidad de defender los intereses de los pioneros… intereses que hoy serían todos ilegales: prostitución, juego, droga… pero que en aquel momento constituían la única sal de la vida. El carácter atormentado de Bullock, un hombre lastrado por su conciencia, por encima de su voluntad; la perspectiva para el negocio de Swearengen, quizá el más espabilado, en su brutalidad, de todos los habitantes de aquel Mercado del Puente al que llegó el Perdiu por aquellas fechas. Y las desgracias, como la muerte, que también forman parte de la vida. Se anima la serie en esta segunda temporada, así que en algún momento me haré con la tercera…

PS: en la Sanabria

9.6.12

Del oeste al parlamento...


Series. Sigo con ellas. No he encontrado aún mejor forma de mantener mi inglés.
Estoy con la segunda temporada de Deadwood, cortesía de Chisum. Aquellos años en los que el oeste no se había transformado aún en la mirada épica de John Ford a través de los ojos de John Wayne. Aquellos años en los que los Estados Unidos se iban ampliando hacia al oeste. La especulación. La prostitución. La ausencia de leyes. Y esos personajes trágicos, como Bullock el hombre de ley, o Swearengen el hombre cuya esencia consiste, precisamente, en mantenerse al margen de la ley. Ya le iré contando, desocupado lector.

Empiezo también, cortesía de Tino Batera, con el Castillo de Naipes (House of Cards), la serie de la bebecé de principios de los noventa que el amigo Batera rescató del olvido para mí. Intrigas políticas en un inglés delicioso, el legendario  Queen´s English. El muñidor Francis Urquhart,  un hombre similar al Fumador, pero en el seno del Partido Conservador, y sus intrigas para hacerse con el poder. De momento,  la serie promete.



PS: "Nothing lasts forever: even the longest, the most glittering reign must come to an end someday”

16.1.12

Vaqueros

Rematé la primera temporada de Deadwood. Comprada casi al azar en el cortinglés, la serie recrea la vida en un territorio aún no incorporado a la Unión, en los años setenta del siglo XIX. Un western sin aderezos, agrio; sin esas dos de azúcar en el café / la vida ya es bastante amarga. La historia de unos pioneros, la vida de personas que iban en busca ya no de una vida mejor, sino de una vida. Aquel Seth Bullock implacable, que huía de todo y no paraba de esconderse de sí mismo; ese Swearengen proxeneta, explotador de todos los vicios, profundo conocedor de la naturaleza humana, ese Wild caído que llega ya en retirada, o esa confusa Calamity, cuando aún no sabíamos que la identidad, también la sexual, es una cárcel. Y de fondo, la corrupción y un catálogo repleto de pasiones humanas y de vicios ocultos. Y, pese a todo, una moral: compleja, discutible, pero una moral: la necesidad de defenderse de los indios, de luchar contra las epidemias, de no robar demasiado como para atraer la codicia de los otros. La serie es buena y sigue, en cierta medida, la línea que inició la inolvidable Sin Perdón del maestro Eastwood, alejarse de esa manera algo naif de contar el oeste que nos mostró a todos el maestro Ford, para acercarnos a un mundo habitado por humanos como nosotros, no por esforzados vaqueros y amables señoritas.

Quizá me haga con la segunda parte, ya veremos.

11.12.11

Cine tranquilo

Me pasó Chis el hombre tranquilo. Una edad de oro. Es lo que todos buscamos, supongo, cuando nos ponemos a soñar: en el caso de John Ford es una Irlanda rural, noble y soleada. No sale un cielo gris hasta que no llevas casi una hora de película. Una Irlanda en la que nadie pasa hambre, idealizada y lejana de la que sus padres hubieron de abandonar antes de que él naciera. Ese mundo de bondad, donde todos son ingenuos y buenos a su manera. Para alguien como Ford, que vivía en el mundo más urbano de su época, realizar un canto a la nostalgia como aquel debió de ser, en cierta medida, un desahogo. Un John Wayne que llena toda la pantalla y una Mauren O´Hara que resume las virtudes de una mujer rural en aquel momento: carácter y sumisión a partes iguales. La película es entretenida, con esa escena final del combate eterno recorriendo el pueblo y todos apostando como si les fuera la vida en ello, sin una gota de sangre en las caras y con la alegría de dos vecinos honrados discutiendo como hombres a la vista de todos. Un tributo a la melancolía de un director en forma de película. Y entiendo porqué a Chis le gusta tanto. Es difícil no verse reflejado en muchas de sus escenas. Algún día volveremos a Irlanda, o quizá sigamos limitándonos a brindar, engañándonos mientras gritamos de manera anual aquello de “el año que viene, en Jerusalén...

30.9.11

Cine independiente y cine comercial...

Estuve viendo, gracias, Pequeña Miss Sunshine. Cine independiente, nacido en Sundance, el festival con nombre de leyenda, a la salud de Robert Redford. La vida como desestructura, la pérdida de los sueños. Ese lado amargo de lo que somos, de lo que tememos. Esas películas que, bajo el paraguas de una sonrisa, dejan detrás un regusto áspero, el paladar de una realidad que no es como soñábamos; un padre triunfador que no para de perder, un cuñado desengañado y depresivo, un hijo adolescente, con todo lo que ello conlleva. Y una niña que empieza a ver la vida desde los ojos de un abuelo pasado de vueltas mientras una vieja furgoneta los lleva hacia un destino impredecible. Cine interesante, para pensar en voz alta.

Fuimos a ver también, qué cosas, una de vaqueros contra extraterrestres. No es tan mala como apunta el título, sobre todo porque Craig y Ford son palabras mayores. Lo mejor es casi la parte de la historia en la que no hay alienígenas; una historia de vaqueros: un luchador que odia las guerras cabalga con un desconocido que quiere cambiar un oscuro pasado; y de fondo unos indios doblemente extraños en su tierra. Y el desierto, la poderosa metáfora del desierto. Siempre el desierto. Un país que se creó contra el desierto, frente a la Nueva España, que se creó contra el trópico. Así han ido unos y así acabaron los otros. Cine entretenido, para ver con palomitas y echar la tarde del domingo. Para nada más, pero tampoco para nada menos.

PS: Only two kinds of men get shot. Criminals and victims. Well, which one are you?

17.9.11

Cuando Butch y Sundance eran jóvenes

Y si Butch Cassidy no hubiera muerto en Bolivia. Ya conté aquí que vi la recreación que hizo, con buena nota, Mateo Gil en cine, con un fantástico Sephard. Así que tocaba recordar el original, Dos hombres y un destino, la película que acaba, quizá, con la muerte de Cassidy y de su amigo Sundance Kid. Una película de finales de los sesenta que alguna vez vi, aunque no recuerdo ni cuando, quizá en Peñafiel, quien sabe. Así que tocaba volver a verla, para ponerle cara a los dos de jóvenes, y tan jóvenes, con unos Newman y Redford trabajando por primera vez juntos ante las cámaras. Una película mítica que no ha envejecido mal del todo y en la que sigue destacando, por encima de todo, esa canción espléndida que pasó a la historia y que sigue emocionando cuando uno se enfrenta a la escena de la bicicleta en la pradera, toda una metáfora del mundo que llegaba. Esas gotas de agua cayendo y que suenan mientras los dos sueñan con la vida que pudieron haber llegado a vivir. De fondo, la leyenda del Adan americano, de una ciudad sobre la colina y de las vidas cruzadas. Si aún no han visto esa escena, no se la pierdan. Es, sencillamente, deliciosa. Butch y Etta en un viaje que empieza y que, más allá de la caída, no termina en realidad nunca.

13.7.11

Una del oeste en Bolivia...

Fuimos ver un western crepuscular. Hace mucho que vengo oyendo hablar de Mateo Gil. Vi su película, la de Nadie conoce a nadie. Correcta. Sólo correcta. Ahora se ha ido el tío a América a rodar una del oeste en inglés. De fondo, la leyenda de Butch Cassidy. ¿Qué fue de él? La épica del Adán americano, la época del Adán americano, no puede narrarse sin tener en cuenta la conquista del oeste y la creación de una sociedad sobre una base de la que estaba ausente el poder público, al menos como lo entendíamos aquí. Es buen cine. Sólo le falta un poco, sólo un poquito, de ritmo. El guión está bien articulado. Los indios, el paisaje. Un español. Bandidos. Una huída a través de un desierto de sal. Disparos. Un cónsul alcoholizado. La justicia de la miseria. Monumental Shepard: el hombre capaz de mirar atrás sin ira. Buen papel de Noriega, que parece escapar a la maldición de Jorge Sanz. Y de fondo, la fábula del escorpión y la rana. ¿Cambia uno con los años o ya somos muy parecidos a como seremos de anciamos? Y de fondo también, la posibilidad de que el engaño sea real y nos acompañe, aunque no nos demos cuenta mientras lo tenemos al lado. Buen cine este BlackThorn. Buena música. Buena imagen. Para echar un rato.


PS: Menudo follón que hay en el mi pueblo a cuenta de las elecciones. Con amenazas y todo. Como lo oyen.

3.7.11

Del oeste y del teatro

Estuve viendo Tombstone, quizá como un anticipo de la recién comprada Deadwood. Un western de la época, más o menos de Sin Perdón. A principios de los noventa, con el western crepuscular, cambió la forma de hacer películas del oeste, y empezamos a ver más emociones y más realidad, frente a los decorados de cartón piedra y mujeres bonitas y recatadas que esperaban al Duque en el quicio de la puerta. La película es buena, un territorio sin ley al que llega un hombre dispuesto a hacerse rico tras haberse pasado años sirviendo a la ley. Un jugador tísico. Una banda mafiosa. La lucha es inevitable. Y está bien narrada.

Volvía al teatro. Y esta vez fue una pena. Una bobada llamada un poco de ternura, o algo así. Creo que es la peor obra que he visto en muchos años. Una idiotez a la que soy incapaz de encontrarse sentido. No soy capaz, varios días después, ni siquiera de resumir el ¿argumento?. No sé si el director cree que escandaliza paseando actores desnudos en un país occidental. Si quiere escandalizar, que presente la obra en Arabia Saudí, a ver si tiene cojones y es tan rompedor. Una sucesión de llantos, gritos y lloros sin la menor gracia. En fin, para valorar el buen teatro, también hay que ver del malo.

Por cierto que muy honradas las cortesías de hoy. Y si no me cree, pinche aquí.


PS: No me da ninguna pena lo de que un duro tome el control de la Hacienda Provincial Guipuzcoana. Que hubieran votado otra cosa. Sólo lo siento por las víctimas. Ellas no merecen un final basado en el olvido.

14.3.11

De cines y de lealtades...

Fuimos al cine. A ver Valor de ley, la última de los Coen. Un western crepuscular. No sé cómo definiría el concepto, pero es lo que me pareció la película. Mundos lejanos, el de un viejo bebedor y una niña adulta de pronto; un mundo que termina, y que acaba ya en el siglo XX, con una mujer que parte en busca de su pasado, que quiere saldar cuentas con las cosas que le hicieron madurar de pronto con apenas quince años. Nieve, sol, desierto, tiros. Buenos y malos, como en las clásicas del oeste. Un circo ya para viejos, para alcohólicos. El valor de la lealtad. Muchas de las cosas más importantes que nos ocurren en la vida no quedan por escrito, ni uno necesita que se firmen, ni es necesario un seguro para ir a reclamar en caso de que fallen. No. Muchas de esas cosas, las que nos hacen humanos, suceden porque entendemos el concepto de lealtad; porque sabemos a quién debemos serles fiel y a quienes no. Porque entendemos, quizá de manera algo oscura, primaria incluso, quienes forman parte de nuestra vida y quienes son aves de paso. Aunque el paso dure muchos años.
Buena película, para ver antes de que se marche el invierno.

PS: Suena Victor Manuel en el Itunes: “Aunque soy un pobre diablo / sé dos o tres cosas nada más / sé con quién no debo andar / también sé guardar fidelidad / sé quiénes son amigos de verdad / sé bien dónde están / nunca piden nada y siempre dan”.

PD: al hilo del libro de mi amigo John, interesante reflexión en la prensa de la provincia.

28.2.11

La vida de John Chisum

Tantos años después, volví a ver Chisum. La vida de John Chisum, la leyenda de un hombre, el Duque, que se reencarnó, tantos años después en la mi tierra natal, en mi querido notario, al que cariñosamente llamamos Chisun. Esa épica de la pradera. Del valle. Esta ética del Adán americano, de un mundo que empezaba, con hombres siempre dispuestos a pelear por sí mismos por las cosas más elementales y con un sentido recto y cabal de la justicia. Esta estética, en fin, de los grandes ríos, la vida salvaje y las tardes junto al fuego que tantos años después hizo famoso el Marlboro Country.

De fondo, además, la Guerra del Condado de Lincoln, y las figuras de Billy el Niño y de Pat Garrett. Es buena película, no llega al nivel de los Centauros del Desierto, pero tenía que volver a verla.

La vi, con el dolor de muelas y, cuando acabé, no me quitaba la melodía de Kortatu de la cabeza, que tantas veces cantamos Mi General y yo en Oriñón, hace ya mil años: “Que nadie se olvide nunca / del Kid valiente y que guarde / cada cual en su recuerdo / Tu memoria venerable. / Que Dios y la Santa Virgen de Guadalupe, / te paguen los muchos bienes que hiciste / a las gentes que lo valen”.

PS: En Valladolid. On the road again.