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21.12.12

Confesiones de un idiota...


Libros. Algunos de ellos nos sorprenden, son como esas mujeres hermosas que nos esperan emboscadas en cualquier recodo de la vida. Pasamos muchas veces de largo ante ellos, llenos de prejuicios como estamos, hasta que de pronto un día te detienes y te fijas. Me ha pasado con uno. Me pasa a menudo. Me alegra porque desmiente mis tópicos y me obliga a estar en guardia antes mis estúpidos prejuicios.
Esta vez fue un libro de Andrés Trapiello, y fue el Círculo, claro, quien me lo puso delante y me obligó a acercarme a él.

A Trapiello apenas lo había leído, algún artículo en el periódico, cositas en nosequé semanal y poco más… pero el idiota que vive en mí ya lo había estereotipado: de la quinta progre de los sesenta, no me interesa en absoluto. Es que a veces incluso yo soy así de gilipollas.

Pero el caso es que un día cayó en mis manos un ensayo sobre las armas y las letras en la terrible guerra de España… 

28.10.11

Autores y obras: el bien y el mal

Hubo polémica en Francia a cuenta del aniversario de Céline. La hubo en España, a otro nivel, claro, a cuenta de Agustín de Foxá, aquel hombre que decía: Soy aristócrata, soy conde, soy rico, soy embajador, soy gordo, y todavía me preguntan por qué soy de derechas.

La obra y el autor.

La posibilidad o imposibilidad ontológica de separar una cosa de la otra.

A mí, la verdad, no me ha dado nunca mayor problema. Debe ser por mi transversalidad. Fui capaz de leer en la carrera, recuerdas Hornuez, el protocolo de los sabios de Sión, morralla de la policía zarista y que todos los idiotas antisemitas se siguen tragando. Adoro la obra de Vallejo, un comunista de cuando ser comunista era ser un lacayo de Stalin, y no he dejado de leer nunca a García Márquez por más que me parezca un cretino integral. He disfrutado mucho, y ahí estaba mi obsesión beirutí dando vueltas a la noria, con algunas canciones de Kortatu. Y siempre he tenido muy claro qué eran los hermanos Muguruza y el carácter repugnante, criminal y asesino de algunos de sus letristas. Y de algunas de sus letras.

PS: hoy, a la Senabria. Como por aquellos sitios tan sano aire no hay...

19.8.10

Leyendo

Son pocos los libros que he leído más de una vez. El Quijote, ya van dos, Cien años de soledad, van tres. Son pocos los que sé que volveré a leer. El Danubio es uno de ellos. Lo tengo aquí, en la Sanabria, protegido. Llegó en agosto de 2001 y lo leí enseguida. Me fascinó, aunque yo por entonces no conocía ni El Acantilado, ni Andric, ni Zweig, ni Sebastian ni a Roth. Ahora que lo veo en perspectiva, mi primera década del siglo ha sido una década de recuperar la Europa central. Ha sido mi década de Mitteleuropa. Ahora lo hojeo y me doy cuenta de que, cuando vuelva a leerlo, muchas cosas me serán ya familiares. Estuve en Donaueschingen y ya conozco la Selva Negra. Soy amigo de Zweig, su mundo de ayer me abrió a una vida nueva. He estado tantas veces en Viena que ya ni me acuerdo: con Musil, con Roth… Hungría es para mí un territorio cercano, no sólo por las esplendorosas memorias de Sandor Marai, sino porque conocí a Klara y a más gente como ella después. Y qué decir de Yugoslavia, si ya he viajado por el tiempo con Andric y he leído, gracias Jesús, a Danilo Kis. Y Rumanía, país al que llegué de la mano de Kaplan, por quien brindé a su salud en la calle Victoria. Y las siete ciudades, y Brasov, y Braila, donde nació Sebastian, el hombre que muere atropellado de manera idiota, ¿hay alguna que no lo sea? al acabar la guerra. Y he oído a Canetti hablar en ladino allá donde casi desemboca el río, en Bulgaria

He viajado tanto por el Danubio que tengo que volver a leer el libro. Creo que lo interpretaré mejor ahora. Diez años de vida en común y lo único positivo que logro recordar mirando hacia atrás es un libro regalado el 5 de agosto de 2001. La vida está llena de paradojas.

PS: "Zweig siempre dijo que uno de los grandes males de la historia era el nacionalismo. Cosmopolita, pacifista, su pensamiento estaba enraizado en el idealismo alemán proveniente de Goethe o Schiller. […] El hombre estaba por encima de la raza o la nación. La idea del internacionalismo lo fascinaba: no estar únicamente vinculado a un solo país […]

Molina, Cesar Antonio: Lugares donde se calma el dolor. Barcelona, Destino, 2009. Página 384

16.6.10

Hoy que se debuta

Al hilo del debut de España hoy en el Mundial, y de la idiotez colectiva que se apropia de todos (incluyéndome, lógicamente, a mí) al hilo de La Roja y de todo eso, no puedo dejar de rescatar un texto de Juan Manuel de Prada publicado en el Blanco y Negro del ABC en agosto del año pasado (qué lejos queda, por dios), en el que trae a colación un pensamiento de Swann, uno de los personajes de En busca del tiempo perdido, ya saben, el de la magdalena de Proust, ese mediocre autor que sólo leen, a estas alturas, los niños y los esnobs:

"Lo que a mí me parece mal –inicia Swann su diatriba– en los periódicos es que soliciten todos los días nuestra atención para cosas insignificantes, mientras que los libros que contienen cosas esenciales no los leemos más que tres o cuatro veces en nuestra vida. En el momento ese en que rompemos febrilmente todas las mañanas la faja del periódico, las cosas debían cambiarse y aparecer en el periódico, yo no sé qué, los... pensamientos de Pascal, por ejemplo. Y, en cambio, en esos tomos de cantos dorados que no abrimos más que cada diez años es donde deberíamos leer que la reina de Grecia ha salido para Cannes, o que la duquesa de León ha dado un baile de trajes".

El artículo entero, pinchando aquí.

Pues eso


PS: Desde la Imperial Tarraco, Jordi Roca.

11.4.10

Andric

Andric. Los Balcanes. El libro que había leer, lo contó Jesús, que se lo oyó a Felipe, para entender lo de Bosnia. Un puente sobre el Drina, tan lejano ya, leído casi en otra vida. La crónica de Travnik, aquel invierno en el que me convertí, ¡oh lectura!, en cónsul de España en la Bosnia napoleónica. Ahora, antes de partir, Café Titanic. Siempre Acantilado. Los judíos sefarditas. La tierra maldita de Bosnia. Un conjunto de relatos. El odio, el amor, la vida. Tan eternas en aquella parte del mundo como en la mía. La niñez, tan cruel. El llegar tarde a una vida, o el llegar quizá demasiado pronto. Un imperio que no fue, como el mío. Un mundo que se perdió. La estupidez del nacionalismo. La imbecilidad de que haya gente que se proclame patriota. Miserables. Envolviendo en hermosos lenguajes sus intereses personales. Lo pensaba el otro día, qué mal negocio son las fronteras. Un libro para pensar, y para disfrutar de la prosa de Andric.

En cine, Intermission. Irlanda. La frustración de unas vidas que se consumen. De un reloj, inexorable, que no deja de avanzar hacia ningún sitio. Buena película. Dura y lluviosa.

Buen cine para esta tarde tan gris, en el fondo, de primavera.

PS: Ángel González escribió una vez: “Aquí, Madrid, mil novecientos / cincuenta y cuatro: un hombre solo. / Un hombre lleno de febrero, / ávido de domingos luminosos, / caminando hacia marzo paso a paso, / hacia el marzo del viento y de los rojos / horizontes –y la reciente primavera / ya en la frontera del abril lluvioso... […]

18.1.10

Privilegiado lector

Uno es un privilegiado. Por muchas razones. Aunque a veces uno no se de cuenta y crea que sus cuitas son las mayores penas del universo. Y uno es privilegiado por muchos motivos. Ahí va uno, más relevante de lo que parece: antes de que acabe el mes, dos amigos presentarán sendos libros. Por un lado, el amic Roger publica Vidas Rotas, el análisis más exhaustivo que se haya llevado a cabo nunca sobre las víctimas del terrorismo nacionalista vasco. De todas y cada una de las víctimas. El libro sale a la venta el 26 de enero y El Perdíu les mantendrá informados de la presentación, que espera no perderse por nada del mundo.

Por otro lado, y antes también de que acabe el mes, el amigo Manuel publicará Naciones de rebeldes, un ensayo sobre las independencias de los territorios americanos de la Monarquía Hispánica. Otra presentación que espero no perderme. Y a la que usted, desocupado lector, tampoco debería faltar.

PS: "Somos lo que pensamos, pero también lo que pensamos públicamente. Sobre todo si encontramos que lo que podemos decir sobre el mundo no lo dice mucha gente. Nos mueve a ello un imperativo ético, un impulso de orden moral."

Pericay, Xavier: Filología catalana. Memorias de un disidente. Barataria, Barcelona, 2009. Página 360