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3.5.25

El inicio de la Liga, desde La Montaña

Interesante, en el Panenka de abril, sobre la historia del Racing, el equipo montañés, a cargo de Raúl Gómez, descubro cómo se seleccionaron los clubes que participaron en la primera de las ligas, la del año 1929. El profesionalismo se aceptó en 1926, y por eso se necesitaba una Liga, para tener más ingresos, pero no había acuerdo y es que, sostiene Gómez Samperio "Las posiciones entre los denominados minimalistas (los seis clubes que hasta entonces habían ganado la Copa del Rey) y los maximalistas, que defendían un campeonato abierto y más numeroso, fue [sic] irreconciliable, hasta el punto de que se iniciaron dos campeonatos ligueros simultáneos que fueron un fracaso y quedaron inconclusos. Finalmente, los minimalistas (FC Barcelona, Real Madrid, Athletic Club de Bilbao, Real Sociedad, Arenas de Guecho y el Real Unión de Irún) aceptaron incluir a los tres que en alguna ocasión habían quedado finalistas de la Copa del Rey (Athletic de Madrid, Español y Europa), dejando un puesto para el vencedor de una fase de clasificación que quedó establecida entre diez equipos. El Racing fue el triunfador de esas eliminatorias, tras una emocionante final contra el Sevilla..." 

7.1.22

Al norte

Nos fuimos al norte.  A correr por las playas y pasear por las veredas. La ría de Suances, las calles de Santillana, los parques de la Magdalena... Días en familia, con algo de lectura -prensa local sobre todo- para empezar bien el año...

23.6.12

Claridad, en La Montaña


Llegué a La Montaña. Como en un bucle. Un motivo similar, la UIMP, el mismo hotel, el mismo paseo. Pero esta vez las cosas eran verosímiles. Es lo más sano. Lo que es creíble se digiere bien. Lo que no, cuesta trabajarlo y el cuerpo te lo acaba cobrando. Luego en el curso, todo fue razonable. El placer no sólo de escuchar a viejos maestros, como el profesor Benigno Pendás, siempre lúcido, siempre inteligente, sino también de poder compartir con ellos un rato de charla y conversación, tanto en el Palacio como en el aeropuerto. De los escritos del profesor Pendás viene mi querencia por las frases secas, cortadas de manera abruptas por puntos seguidos imposibles. El estilo uno lo hace aprendiendo de los que saben.

La predicación, sobre la necesidad de la claridad. Me obsesiona, en el ámbito público, la claridad. Saber qué significa una cosa y qué significa otra. Un sintagma no puede significar quince cosas a la vez. Si perdemos el lenguaje, lo perderemos todo. Cuanto más embarullado sea todo, mejor para el poder, y peor para nosotros.

Francotirador, al fin y al cabo.



PS: ochenta años de padre. Qué privilegio. En todos los sentidos

25.6.11

El víspera

“El víspera de San Juan”. Muchos años, nos cogió en Oriñón. Casi únicamente de ahí recuerdo hogueras una noche como esa. Íbamos la segunda quincena de junio. Allí estaba Mi General esperándome, siempre. Nuestro edificio, Capri, tenía un ring de boxeo en medio del patio. Cuántas batallas allí libradas. De frente, las dunas que anunciaban el mar. Cuando bajaba la marea, íbamos en busca de chirlas. A veces, incluso, a por navajas. Una playa enorme. El cantábrico (Kantauri da urrun). Yo tenía diez años, perdonen, pero ya intentaba que me compraran la prensa. El Correo con don celes al fondo. El Athletic se paseaba en la Liga y se hacía con las copas. Ahí me aprendí su himno. Me lo enseñó Mi General, claro.

Iban pasando los años. Nunca íbamos en invierno, siempre diez o quince días en junio. A veces íbamos dando un paseo a La Ballena. La Ballena nos perseguía desde cualquier lugar de la playa. Miraras donde miraras, allí estaba. Nunca logramos saltar a ella. Había, y sigue habiendo, un peligroso saliente de mar que no lo hace fácil. La Ballena es inconquistable, me dijo una vez Mi General, quizá tendríamos doce años. Quizá además el hecho de que estuviera en Sonabia la convertía en algo aún más mítico. Aquellos ecos de la Sanabria a la que íbamos unos días después a echar el resto del verano. Crecimos sanabreses porque allí creció nuestra memoria. Algunas tardes nos llevaban a Laredo y a Castro. Lugares señoriales para unas vacaciones con cierta clase en la playa. De noche hacíamos hogueras y asábamos salchichas. Y buscábamos en el horizonte las luces del buque mercante de Antón. Corríamos. Jugábamos. Soñábamos. La marea subía y defendíamos un fuerte contra el agua que todo lo inundaba. Yo me quemaba. Siempre. Apenas sabía nadar y a los dos días ya estaba quemado. Fuimos creciendo. Creo que el último año que fuimos para quedarnos debió de ser el ochenta y siete o el ochenta y ocho. Estuve muchos años sin volver. El año pasado, Mi General tomó el avión, vino a buscarme y me llevó allí, pasando antes por Lequeito, donde aún nos dio tiempo a conversar con Zita y oírle sus quejas por el mundo de ayer. Paseamos por la playa, tomamos unos vinos y fuimos hasta La Ballena. De nuevo. Lo que nos diferencia del resto de la creación es que somos animales que se construyen desde la memoria. Lo recordaba casi todo, veinte años después. Y Mi General también. Volvimos a juramentarnos. Retornaremos dentro de unos años. Seguro. Y sonreiremos al vernos gritando a los niños que tengan cuidado con el agua.

PS: Hacia dónde camina el mapa del mundo. Una fantástica reflexión de Lamo de Espinosa. No sea perezoso, desocupado lector, y léala. Pinchando aquí. De nada.