Mostrando entradas con la etiqueta maestros. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta maestros. Mostrar todas las entradas

24.11.12

John Elliot nos habla de sí mismo...


Maestros. Pocos, pero brillantes. En Historia, tras un previo que sentó las bases, todo empezó con Sir John H. Elliot. Aquel libro de leyenda, con sus tapas azules, su olor a tinta, su carabela hacia el infinito. La España Imperial. Estábamos en segundo o tercero de carrera. Un libro que abrió una puerta que daba paso a múltiples laberintos. Después llegaron otros maestros, pero ninguno lo superó. Al Conde Duque comencé a entenderlo gracias a él. Y lo mismo me pasó con el Nuevo Mundo...
Ahora publica Haciendo historia, con crítica en el abecé cultural de Manolo Lucena, y tengo claro que es un libro que habrá que leer.
Como Chateaubriand, soy hombre amante de la tradición, así que le confieso, desocupado lector, que lo iniciaré, como homenaje al Maestro, una tarde de estas, sentado en la Sala 12 del Nacional del Prado, mientras el Conde Duque nos vigila…

23.6.12

Claridad, en La Montaña


Llegué a La Montaña. Como en un bucle. Un motivo similar, la UIMP, el mismo hotel, el mismo paseo. Pero esta vez las cosas eran verosímiles. Es lo más sano. Lo que es creíble se digiere bien. Lo que no, cuesta trabajarlo y el cuerpo te lo acaba cobrando. Luego en el curso, todo fue razonable. El placer no sólo de escuchar a viejos maestros, como el profesor Benigno Pendás, siempre lúcido, siempre inteligente, sino también de poder compartir con ellos un rato de charla y conversación, tanto en el Palacio como en el aeropuerto. De los escritos del profesor Pendás viene mi querencia por las frases secas, cortadas de manera abruptas por puntos seguidos imposibles. El estilo uno lo hace aprendiendo de los que saben.

La predicación, sobre la necesidad de la claridad. Me obsesiona, en el ámbito público, la claridad. Saber qué significa una cosa y qué significa otra. Un sintagma no puede significar quince cosas a la vez. Si perdemos el lenguaje, lo perderemos todo. Cuanto más embarullado sea todo, mejor para el poder, y peor para nosotros.

Francotirador, al fin y al cabo.



PS: ochenta años de padre. Qué privilegio. En todos los sentidos