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23.6.12

Claridad, en La Montaña


Llegué a La Montaña. Como en un bucle. Un motivo similar, la UIMP, el mismo hotel, el mismo paseo. Pero esta vez las cosas eran verosímiles. Es lo más sano. Lo que es creíble se digiere bien. Lo que no, cuesta trabajarlo y el cuerpo te lo acaba cobrando. Luego en el curso, todo fue razonable. El placer no sólo de escuchar a viejos maestros, como el profesor Benigno Pendás, siempre lúcido, siempre inteligente, sino también de poder compartir con ellos un rato de charla y conversación, tanto en el Palacio como en el aeropuerto. De los escritos del profesor Pendás viene mi querencia por las frases secas, cortadas de manera abruptas por puntos seguidos imposibles. El estilo uno lo hace aprendiendo de los que saben.

La predicación, sobre la necesidad de la claridad. Me obsesiona, en el ámbito público, la claridad. Saber qué significa una cosa y qué significa otra. Un sintagma no puede significar quince cosas a la vez. Si perdemos el lenguaje, lo perderemos todo. Cuanto más embarullado sea todo, mejor para el poder, y peor para nosotros.

Francotirador, al fin y al cabo.



PS: ochenta años de padre. Qué privilegio. En todos los sentidos

19.4.12

El lenguaje y los blindajes de papel

El lenguaje crea realidades. Lo llaman copago. No lo es. No pagamos una parte nosotros y otra un ente extraño llamado Estado. No. Pagamos dos veces. El Bipago. Pagamos una parte en forma de impuestos, en forma de una disparatada deuda pública, y la otra si queremos usarlo. Pero nos lo venden como si fuéramos a medias. No, no vamos a medias. Pagamos nosotros. Enfrente lo que hay es una casta política semianalfabeta. Que se aprende una palabra como “blindar”, y ya no suelta ni a tiros. El único blindaje es una economía saneada, una cultura del esfuerzo y que muchos trabajen para que se pueda ser solidario con el que no puede.

Pero eso queda lejos. Aquí vivimos viendo a los constructores en yate, a los políticos enriquecidos a manos llenas. Pero con dos equipos en semifinales de la Champions, eh que se jodan los alemanes o los suecos.

La modernidad no era esto, no era esto.

Menos mal que queda alguien sensato en la Jefatura del Estado. O al menos eso espero. Porque si la Corona falla, ¿qué nos queda?