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11.3.22

En la muerte de sir John

Cuatro notas sobre John Elliot:

Descansa en paz, maestro..

3.2.17

La capital

Devoro un Palacio para el Rey, libró que hojeé, fotocopiado, en los noventa en la facultad. Ahora lo acaba de reeditar Taurus en una edición fantástica para poder disfrutar del texto. El libro es un regalo para los sentidos que nos lleva hasta la corte del Rey Planeta y hasta las lógicas de la Monarquía Hispánica de los años veinte y treinta del siglo XVII, quizá el último momento de esplendor de las armas del Rey Católico. Hay muchos elementos de interés en el libro, aunque no sé si podré comentarlos aquí todos. Por ejemplo, la capitalidad. La tesis de los autores es que Felipe II se la trajo a Madrid porque el núcleo de herejes detectados en Valladolid en torno a 1559 contaminó a sus ojos la ciudad como para ser capital de la Monarquía. Toledo era otra opción, pero era una ciudad con demasiada humedad para la salud de la Reina. Finalmente, señalan los autores, Madrid tenía una ventaja para un rey tan cartesiano como el Prudente: su equidistancia entre los puertos del norte y Sevilla...

24.11.12

John Elliot nos habla de sí mismo...


Maestros. Pocos, pero brillantes. En Historia, tras un previo que sentó las bases, todo empezó con Sir John H. Elliot. Aquel libro de leyenda, con sus tapas azules, su olor a tinta, su carabela hacia el infinito. La España Imperial. Estábamos en segundo o tercero de carrera. Un libro que abrió una puerta que daba paso a múltiples laberintos. Después llegaron otros maestros, pero ninguno lo superó. Al Conde Duque comencé a entenderlo gracias a él. Y lo mismo me pasó con el Nuevo Mundo...
Ahora publica Haciendo historia, con crítica en el abecé cultural de Manolo Lucena, y tengo claro que es un libro que habrá que leer.
Como Chateaubriand, soy hombre amante de la tradición, así que le confieso, desocupado lector, que lo iniciaré, como homenaje al Maestro, una tarde de estas, sentado en la Sala 12 del Nacional del Prado, mientras el Conde Duque nos vigila