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14.7.25

El hermano Gárate

Una hermana de mi abuelo fue monja en Vizcaya durante décadas el pasado siglo XX: debió de llegar allí a finales de los años diez y debió de fallecer a finales de los setenta. Que vidas. El caso es que mi abuelo tenía varios recordatorios y estampitas del hermano Francisco Gárate, el hermano finuras, natural de Azpeitia, fallecido en 1929 tras haber sido durante años el portero del colegio jesuita de Deusto. 



Era siervo de dios cuando se hicieron varias de ellas, -luego son anteriores a 1950-, más tarde fue venerable (1981) y, por lo que encuentro en la web, Juan Pablo II lo decretó beato en 1985. La causa de su canonización sigue abierta y se está a la espera del segundo milagro que según la iglesia acredite su santidad. 

Imagino que las estampitas se las daba -o se las enviaba, más bien- su hermana a mi abuelo, un hombre de fe recia, como lo era toda mi familia. Imagino, pero no puedo conocer ya, una historia de rezos y responsos, con el rosario quizá por la tarde y la imagen del hermano Gárate por la casa...

Que vidas, que afanes, que cosas...

20.6.25

Pasados

Faltaba un mes para el Andurlino. El título del número de La Revista prometía: “¿Será el futuro un país extraño?

Leo ahora una entrevista a Eduardo Lourenço, al que faltaban tres años para morir. Nacido en La Raya, cerca de Salamanca en 1923. Recuerda su infancia: “En esa tierra de frontera viví como si estuviera en un pequeño paraíso. Mi mujer, que era francesa, decía que yo mitificaba mucho mi aldea. Pero todos mitificamos la aldea en la que nacimos, aunque sea una capital. […] El país en el que estamos ahora es un país que tiene muy poco que ver con aquel. En ese país están todas mis raíces, todos mis pasados. Prácticamente todos mis hermanos nacieron en esa aldea."

Y hablando del paso del tiempo cuando uno envejece: "se está en una especie de pasado eterno. La mayoría de las personas que fueron importantes para nosotros ya no están aquí, de manera que, y voy a decir algo que es evidente, los muertos son más numerosos que los vivos".

28.6.23

El cielo

Jorge Santayana el otro día en La Lectura a vueltas con una recopilación de textos editados por el Santander. Descubro ahora no sólo que era español, sino que, además, era hijo del zamorano Agustín Ruiz de Santayana.  Estos versos: "Yo fío en ese cielo, cuyos astros perennes / me envían sus mensajes como antes a mis padres". Todo ello referido al cielo castellano de Ávila, tierra en la que pasó parte de su infancia.

La vida y el cielo. 

La vida. 

31.5.21

Muchos textos en uno

Es un libro bonito la Feria de Ana Iris Simón, un recuerdo de una España que se va. Y una mirada crítica a un presente eterno que, lo veo en mis chavales, vive solo de festivales, sellos en el pasaporte y ocio como sustituto de la vida. La vida es la infancia, nos recuerda la autora, que se atreve con temas prohibidos para las mujeres de izquierdas. Su visión sobre la madre y su amor (La madre está siempre condenada al reproche porque es el amor primero coma el amor puro y el dolor sobrevenido de no poder ser el otro coma de no poder ser 1 con el otro coma imposible siempre de satisfacer. La decepción primigenia viene, como el amor primigenio, de la madre). 

Su visión sobre la mujer y el feminismo (para gustar los hombres tienen que hacer pero a nosotras nos basta con ser) ya que, como dice en un párrafo memorable, el ideal de la belleza femenina, el de la novia cadáver, lo gestionan hombres homosexuales. Sus disquisiciones sobre la patria y el mito de la identidad internacionalista. Su desprecio sobre la izquierda divina (Nada nuevo bajo el sol: señoritos diciéndole al pueblo lo que el pueblo es), su crítica a lo que ve en su generación (No tener más identidad que la estupidez). 

Y esa mirada sobre los mayores (Los abuelos no deberían morirse nunca) que comparto plenamente, porque soy quien soy porque soy nieto de quién soy y sigo cazando charrelas con el Ché en el sierro cien años después, ¿Verdad hermanu?), y sobre la paternidad (Uno es padre porque no podía no serlo).

En fin, que todos venimos de un linaje mítico, pero son muy pocos los que saben contarlo.

Un buen libro. Que vacuna contra el cinismo, el gran mal de nuestro tiempo.


25.2.21

Lucía y la infancia

Esta maravillosa pieza con la que Lucía Méndez nos premió a los lectores el sábado sobre la familia, la paternidad / maternidad y la infancia. Este párrafo: "El arrepentimiento de la soberbia llega el día que nacen los hijos y, de la noche a la mañana, se pasa de hijo a padre. Ya no pides la mano de tus padres. Ahora eres tú quien tiene que dar la mano y cuidar a la nueva familia. La orfandad es lo peor"

Y léanselo entero, porque la última frase es (para muchos) una verdad tan incómoda como lapidaria... 

28.12.20

Los abuelos y su memoria

Este diciembre hizo ya treinta y cuatro  años de la muerte del mi abuelo materno, el tío Manuel. Esta reflexión de Ignacio Peyró en su dietario, a propósito del suyo: Me aterra que el tiempo vaya limando lo poco que me queda de él: su olor, su voz. Esa figura castellana, lejana y digna ...

En octubre hizo también veinticuatro años de la muerte de la mi abuela paterna. Y vuelvo con Peyró y con su abuelo, y recuerdo que la mía, que murió como el suyo y cuya infancia fue también la de una huérfana de madre “Pasó los últimos meses una una inopia de demencia feliz, como un desquite de una vida en la que había abrazado todos los rigores, devuelto a esa infancia en la que no había tenido madre"

Como la mí abuela. Como la de tantos de nosotros.

29.4.16

Reflexiones de Grass

Sostiene Günter Grass en El Tambor de Hojalata:  "Comienzo mucho antes de mí; porque nadie debería escribir su vida sin haber tenido la paciencia, antes de fecha su propia existencia, de recordar por lo menos a la mitad de sus abuelos"



25.11.15

Ideas de negocio

Una buena idea la de Memoralia

La vi el otro día en algún periódico. Somos monos que fabulan. Hace años que pienso que hace falta una wikipedia para las vidas normales. Para que todos aquellos que quieran puedan dejar la huella de lo que fueron. Para que el olvido no consuma lo que fuimos. 

Si lo único que nos separa del resto de la creación es que soñamos, la muerte no debería arrebatarnos lo que fuimos.

9.5.14

El Estrecho

Me emociona cruzar el Estrecho. Pasar por donde Hércules, con su maza, abrió un tajo de agua, entre el monte Calpe y el monte Abila. Nos tiramos el viaje en cubierta. Dos mundos separados por apenas quince quilómetros. Dos mares. Dos vidas. Es la primera vez en mi vida que voy a pisar tierra continental africana. La España africana: los restos de una política de seguridad de la Monarquía que pasaba por disponer de enclaves en el norte de África para defender al país del inquietante (y desconocido) vecino del sur.

Y mientras enfilamos Ceuta recuerdo aquellas conversaciones a la lumbre con mi abuelo: "me adelantaron la quinta por Annual" y allí marchó, a servir en la "Comandancia de Artillería de Montaña de Larache". Casi tres años en el Protectorado, sin volver por casa, asistiendo al capitán José Iglesias Varela. Deseando que lo hiriesen para poder volver a España. Tres años estuvo allí y volvió ileso "los muertos colgados de los árboles", eso no se olvida. Como tampoco olvidó nunca aquellos hechos de armas en los que participó, tal y como reza su expediente militar: "Fedan-Domi-Tarrarut, Fetel-Burhasem, Mederah y Dal el karía".

Llegamos al puerto...

15.3.13

Se reunieron los nietos, y fue para mirar hacia delante...


Crepitaba la madera en la chimenea.
El cielo estaba gris. 
Era el invierno en la Sanabria. 
Nuestro Padre el Lago presidía el salón. 
La nieve en las montañas. 
Los amigos a la mesa. 


Se nos fue la mañana, el mediodía, la sobremesa, la tarde y la noche poniéndonos al día. 
Hubo una foto. En la terraza. Allí se los ve. 
A mi hermano Reancho, libre como el buey suelto. 
Al hijo de Miguel el cepeiro de la cantina, pergeñando un almuerzo para la Pascua. 
A los nietos del ti Fernando, que volvió de Cuba. 
Al nieto del tío Federico, grande como su abuelo. 
Al nieto de Paco Perales, generoso anfitrión, como lo fue siempre su padre. 
Al nieto de Teodoro, senabrés de adopción aunque diera en nacer a 2.108 quilómetros de aquí. 
Al hijo de Alberto con el que me crucé una mañana de abril, y Arroyo resplandecía. 
Al nieto de Mariano, generoso como solo lo son los castellanos; sanabrés, de dónde iba a ser si un abuelo era gallego y el otro de Almenara.


Dentro había más, aunque no estén en la foto. El bisnieto de un Vallverdú, pintor y poeta. El padre de la Ruinacha. El padre de Lucía. El señor Feroz…

Algunos faltaron. El nieto de Angelote, que también rezó varios sanjuanes en el Lago-Mar. El hijo de Antonio Losada, tres generaciones ya de sanabreses expulsosEl nieto de Pachón, que por fin vuelve a casaEl hijo de Antonio Redoli, zamorano y cuidador ejemplar. El nieto de la ti Paula, que cura su nostalgia los sábados, entre abrazos, en una de nuestras embajadas en Madrid. 

Todos ellos gente heterodoxa.
Buenas personas.
Gente libre.
A wicked company.


La mejor compañía para un día como hoy, si es quince de marzo y, como siempre en la Sanabria desde 1899, el tí Manúel celebra su cumpleaños. 

Gracias a todos.

10.12.12

Los bisabuelos para el recuerdo


Otro recuerdo del libro de Maalouf. A vueltas con los Orígenes. Su reflexión sobre los bisabuelos:

Los bisabuelos son personajes lejanos; no hay una persona de cada mil que esté en condiciones de decir cómo se llamaban los suyos. Y, sin embargo, sus caminos condujeron a los nuestros y, en lo que a mí se refiere, no puede dejarme indiferente el hecho de que fue Tanus el primero que “me” dejó una señal escrita de su paso por este mundo, escrita con torpe mano, lo admito, pero el gesto es por ello más dolorosamente enternecedor”

Debo de ser un tío raro. Hace años que me sé sus nombres. Y hasta podría dibujarles el carácter. El bueno de Miguelán, siempre con una peseta para sus nietos; el tío Pedro Barrios, maldito seas, siempre, cómo lo dejé escapar. Manuel, el coscas, el del ti Torero, en aquel barrio refugio de  judíos. Y Antonio, quizá mala persona, quizá maltratador, aunque nunca he querido juzgarlo.

También ellas. Aquella Micaela muerta con sus tres niñas pequeñas en la pavorosa España rural de principios del XX. Aquella Manuela, la que sí se caso con Pedro, con aquella hermana en la Argentina; Paula, muerta de pena en la España de 1939, tras haber visto a un hijo asesinado en el horror de una guerra… y Dolores, la Dolores muerta en 1953 y que era hija de una de las mujeres más inteligentes de San Justo.

De aquellos ocho caminos vengo.

Aunque no tenga claro dónde voy…

22.11.12

De la sociedad civil a la melancolía (I)


Hay que participar. Hay que hacer sociedad civil. Hay que crecer. 

Ahí están mis amigos zamoranos, con el Museo Etnográfico al fondo. Un museo creado por el tesón de Antonio Redoli, y que recoge una parte de los que fuimos. Han puesto en marcha una tarjeta para hacerse amigo del mismo. Más allá del dinero, el compromiso de participar y colaborar. De ser parte de algo, desde la libertad.  Ser ciudadano no es sólo pagar impuestos o no robar, qué también. Ser ciudadano es generar capital social y participar de manera activa en las cosas que a todos nos importan. Y la preservación de lo que fuimos es una tarea de todos. Y no por que sea mejor ser lo que fuimos que haber sido otra cosa. Sino porque venimos de ese mundo. Y sin él, somos inexplicables.

Que me lo digan a mí, que a mi edad todavía soy, más que otra cosa, el nieto de un comerciante

17.11.12

En días como hoy...


Contradicciones. Nos hacen humanos: no creo que un tiburón o un rinoceronte las experimente. Las mías son muchas. Algunas estúpidas. Otras lamentables. Ahí voy yo, un día como hoy, sentado en la Bodega, con mi agnosticismo, con mi falta de fe en el más allá, con mi ciega defensa de la individualidad, con mi prevención ante el territorio, con mi desconfianza ante las identidades...

Ahí voy yo, con un liberalia en la mano, viendo disfrutar a la única mujer que seguirá de mi parte, seguro, cuando mi madre ya no esté. Y viéndola disfrutar pienso en lo fascinante que es el concepto de hermano, esa parte de tu vida que no eliges pero con la que te une un vínculo más fuerte de lo que quizá nunca hayas pensado.

Y viéndola disfrutar levanto mi copa para brindar por el ti Manuel y el ti José. Allá donde estén, brindarán conmigo porque una de sus nietas ha elegido celebrar uno de sus cumpleaños más importantes en la tierra donde ellos están enterrados.

Y recuerdo a Torga. Siempre Torga. Nosotros también venimos aquí a recibir sus órdenes, aunque en el fondo sepamos, con Joyce, que la historia es una pesadilla de la que llevamos décadas intentando despertarnos.

Apuro el vino;  disfruto mis contradicciones. 

26.10.12

Melancolías...


Ya dije que alguna vez que, al revés que el poeta, adoro “estos burgos fríos del norte en que demora / su partida el invierno”. En días como hoy, con la lluvia golpeando los cristales, y con el cielo gris hasta donde la vista alcanza,  la imaginación me lleva a pasear, de la mano, por la mi tierra, mientras el olor a la tierra mojada me embriaga a cada paso. Me veo entonces saludando a todos aquellos que ya no están, como un Chateaubriand que llegara de nuevo a la Bretaña, o quizá sólo como un Torga que nunca quiso ser Premio Nobel para no traicionar a los suyos. 

Y veo a mi abuelo, con veinte años, volver a casa con diez o doce charrelas al cinto, veo también a Don Blas arremangarse la sotana para llamar a misa en su capilla recién estrenada. Y recuerdo la historia, fatal, de aquel Perdíu que murió tan joven, de aquellos sus hijos cuya vida cambió para siempre y que fueron los primeros, quizá, en sentir en la cara el filo de la cuchilla de la emigración: “mi hermano marcha a Somorrostro, hay minas allí y dan jornal”. Y veo irse también, con un jamón al hombro como único alimento, a aquel Manuel, nacido en Valdespino y casado en San Justo en 1883; lo veo yéndose para Huelva, mientras deja atrás la Villa,  iniciando un viaje del que aún no sabe que  jamás regresará...

Llueve. Y la lluvia me trae el recuerdo de todos los míos mientras el cielo, plomizo, me susurra que soy lo que soy, en parte, gracias a que ellos existieron y a que ellos, también, fueron lo que fueron.

Me calzo las botas. Ajusto el chubasquero. 

Es hora de volver…

25.10.12

Esponjas (una anécdota sin más trascendencia)


Somos esponjas. Y lo somos durante toda nuestra vida, pero sobre todo lo somos en la infancia. Somos una parte nuestra, íntima, quizá genética, y somos también el ambiente que nos rodea…

Si yo no viniera de La Casa del Barrio, si no viniera de los comerciantes del Mercado, no sería lo que soy. Ni sería quien soy. El caso es que íbamos caminando por el Cosmocaixa el otro día. Tener de tío al Perdidaco tiene algunas ventajas y varios inconvenientes. Ir el sábado a un museo puede ser las dos cosas a la vez. Elicia caminaba detrás, hablando con su amiga, Little Burrull. Iban a entrar a una actividad sobre planetas para niños. Le dijo a su amiga  mientras entraban: “un museo es un lugar mágico”. La frase que le susurré al oído  el día que entró al Prado por vez primera.

El ejemplo nos construye.

8.6.12

Hablar por hablar


Hablar nos hace humanos. El relato

Elicia me pide que le cuente historias de cuando iba al cole, yo, que tan mal estudiante llegué a ser.

Juan de la Cuesta, el impresor de Puño en Rostro, me habla del Cordel que atravesaba Ruxinos y de los Zanquillas en que se convirtieron los Barrio de la Requeixada.

Le pido a mí tía que me cuente historias del Perdíu. También lo llamaban cachicán, me cuenta por teléfono. Pero en aquella Senabria de hace ciento treinta años, cachicán significaba algo así como lambrión. O goloso, en castellano normalizado. Así que fui cachicán. Además de la caza y el juego, los dulces. Todos los vicios. También, el de enamorar a la mujer más hermosa del pueblo, María, hija de un Rabanillo de Triufé pero criada con los Arias de Robleda. Estas mujeres que, como yo, tienen al padre en un pueblo y a la madre en otro. El Perdíu: cruzar el Sierro para ir con ella a Robleda. Todos los vicios: también, el de no entender que hay amores prohibidos.

¿Dónde vas, cachicán?
Todo es un relato.
Inacabado

Inacabable

2.4.12

En nombre de todos los míos...

Llego a la mi tierra. Me recibe el buen tiempo. Una constante. Me preguntan por mi padre. Tiene que cuidarse. Me lo dijo tal, que lo habían ingresado. Y viene, o qué va hacer. Dale un abrazo de mi parte. Nos alegramos. Nosotros ya no estamos para esfuerzos. Lo llamé el otro día y hablé con él. Los vi en Madrid. Es que es muy sanabrés, y claro, no se da cuenta.

Notar el calor de la comunidad. A veces es asfixiante. Pero algunas veces, como esta, reconforta.

Notar el calor de la comunidad. Notar el calor del mundo premoderno. Notar el abrazo de la gente que te conoce desde pequeño y que te ubica como ubicó hace sesenta años a tu abuelo y hace cuarenta a tu padre.

Es lunes. Me bajo al Mercado. Habrá que tomar unos vinos con los amigos y ver si le compro a Lauru las cuatro cajas de cartuchos que le debo desde aquella batida en el sierro, en el verano de 1925.

23.3.12

Volver a los orígenes

Acabé los Orígenes, de Maaolouf. Es la segunda vez en pocos meses que leo un libro que debería de haber escrito yo; ya me pasó con el libro de Uribe. Yo sólo tengo veneración por lo escrito, dice el autor al inicio. Cada familia tiene una historia. Todas, no sólo las ricas o las socialmente importantes. Hay que preguntar. Y para preguntar hay que tener cierta curiosidad intelectual. Cuando a uno le amueblan la mente sobre la base de cuadrículas, es posible que nunca sepa la cantidad de cosas que no ha llegado siquiera a vislumbrar. El proceso siempre es el mismo. Hay un origen mítico en nuestra vida. Un origen que intuimos de niños, a la luz de las brasas. Algunos lo olvidan para siempre. En otros, el origen permanece como una señal a la que volver. Una señal sobre la que interrogarse. Quiénes fueron mis padres. Aún más, quienes fueron mis abuelos. Y mis bisabuelos. De dónde llegaron, por qué se fueron. Cómo he llegado a ser. El proceso yo lo inicié hace años. Era un agosto tranquilo y Manoluá, nuestro franco más querido, me fue haciendo de cicerone por aquel viaje al pasado. Empecé por la Sanabria que luego Lauru me descubrió zanquilla. Y seguí por La Casa del Barrio. Entre medias, un viaje a la Argentina, otro a Huelva, con un jamón al hombro, un viaje del campo a la ciudad y una historia de maltratos. Historias alegres, trágicas, historias que son como la vida: complejas y enrevesadas.

El viaje no ha terminado, pero ya siento que me conozco algo mejor. O al menos algo más.

Un viaje.


PS: Joseph Pérez escribió en su libro “Los judíos en España”: "Los judíos solían llamar kahal a los barrios en los que vivían, y esta sería la etimología de la palabra catalana call, versión latina del original hebreo que encontramos más tarde en el castellano calle".

12.3.12

A vueltas con los orígenes

Historias. Me las cuenta Manoluá, nuestro franco más querido. La búsqueda de las orígenes, como en el libro de Maaolouf que ando devorando El tío Francisco. Uno de los cuatro hijos del Perdíu. El mayor. Marchó al País Vasco. Ahora suponemos porqué, aunque hayan pasado ya más de ciento veinte años. Padre ha muerto, y madre. Una tragedia de la que conviene no hablar. Toca a los dos varones trabajar. Paco se va a Somorrostro, probablemente a las minas, a trabajar duro. No se olvidó de la tierra. Ni de la familia, por dios, cómo iba a hacerlo, era el hermano mayor. Mandaba envases viejos y hojas de lata. Su hermano Pedro iba a buscar los envíos a León. Quizá ahí empezó el negocio de ferretero. Las dos mujeres acabaron vinculadas a la Iglesia. Había que comer. Josefa marchó de ama con cura. Carmen se fue de monja. Durante la terrible guerra civil la sacaron desnuda los milicianos a la calle. Era religiosa y aquello era un delito.

No conocí a ninguno de los cuatro, claro. A Paco se le perdió el rastro enseguida, en cuanto a la memoria familiar, me refiero. Quizá uno de sus hijos muriera en las portillas en un accidente de tráfico antes de la guerra, pero esto tampoco está claro. En la familia se perdió su pista. No sabemos nada de sus descendientes, a los que imagino alejados de sus orígenes. Quizá haciéndose perdonar, tantos años después, un apellido tan maqueto como de Barrio.

16.2.12

Algo de historia...

Algo de historia. Una gente de Santiago de la Requejada inauguraba una exposición en Huertas. Hasta allí nos acercamos. Santiago es un pueblo querido, aunque a mí, tantos años después, ya me queda lejano. Ahí nació El Perdíu. En relación a su vida, Miguel Torga, ese autor al que sólo leemos nosotros, no hubiera puesto en marcha una bitácora, sino que hubiera escrito un relato que hubiera empezado así: Cuéntame la historia del mundo como si fuera la historia de tu tierra, me dijo ella una tarde de otoño. Llovía y yo tenía apenas quince años. Llevo más de veinte años obedeciendo.

Verán, el padre del Perdíu, Pedro de Barrio de Prada, había nacido en Rozas, y se casó, quizá era febrero, con Manuela Losada, supongo que de Santiago, y marchó a vivir al pueblo de su mujer. Barrio, un apellido judío. Un zanquillas ¿verdad Juan de la Cuesta, impresor de Puñoenrostro?, Allí, en Santiago de la Requejada, nació Miguel de Barrio Losada. El Perdíu. El hombre que se casó en Robleda con María Rabanillo, de Triufé. “Lo único que le gustaba era cazar”, alcancé a oírle a alguien, una vez, a la luz de la lumbre, hace ya muchos años. Un final trágico. Uno de sus hijos, mi bisabuelo, quedó al cargo de un herrero, que fue quien le enseñó el oficio. Aún recuerdo a mi abuelo domando el hierro en la fragua. Repaso las fotos de la exposición y voy imaginando las cosas que debió de ver hará ya más de ciento cincuenta años Miguel de Barrio mientras se hacía un hombre: la fuente, la Iglesia, la fiesta del patrón... Las cosas han cambiado y la exposición muestra ese tránsito del mundo premoderno a la modernidad que tantos disgustos nos está dando. Aunque soy un tímido de libro, acabo presentándome y hablando con la gente de las Asociación. Aún me espera alguna sorpresa...


PS: [...] “lamentarse / es sólo comprender / la verdad demasiado tarde

Syjuco, Miguel: Ilustrado. Barcelona, Círculo de Lectores, 2011. Página 249.