Recuerda Víctor Munk en un artículo de opinión en Expansión que ahora no encuentro, que "Al comienzo de la aclamada película Interestelar, (Christopher Nolan, 2014, Estados Unidos) el personaje de Cooper recuerda una frase que su esposa le había dicho antes de morir: "estamos aquí para convertirnos en los recuerdos de nuestros hijos"
16.6.26
14.7.25
El hermano Gárate
Una hermana de mi abuelo fue monja en Vizcaya durante décadas el pasado siglo XX: debió de llegar allí a finales de los años diez y debió de fallecer a finales de los setenta. Que vidas. El caso es que mi abuelo tenía varios recordatorios y estampitas del hermano Francisco Gárate, el hermano finuras, natural de Azpeitia, fallecido en 1929 tras haber sido durante años el portero del colegio jesuita de Deusto.
Era siervo de dios cuando se hicieron varias de ellas, -luego son anteriores a 1950-, más tarde fue venerable (1981) y, por lo que encuentro en la web, Juan Pablo II lo decretó beato en 1985. La causa de su canonización sigue abierta y se está a la espera del segundo milagro que según la iglesia acredite su santidad.
Imagino que las estampitas se las daba -o se las enviaba, más bien- su hermana a mi abuelo, un hombre de fe recia, como lo era toda mi familia. Imagino, pero no puedo conocer ya, una historia de rezos y responsos, con el rosario quizá por la tarde y la imagen del hermano Gárate por la casa...
Que vidas, que afanes, que cosas...
20.6.25
Pasados
Faltaba un mes para el Andurlino. El título del número de La Revista prometía: “¿Será el futuro un país extraño?
Leo ahora una entrevista a Eduardo Lourenço, al que faltaban tres años para morir. Nacido en La Raya, cerca de Salamanca en 1923. Recuerda su infancia: “En esa tierra de frontera viví como si estuviera en un pequeño paraíso. Mi mujer, que era francesa, decía que yo mitificaba mucho mi aldea. Pero todos mitificamos la aldea en la que nacimos, aunque sea una capital. […] El país en el que estamos ahora es un país que tiene muy poco que ver con aquel. En ese país están todas mis raíces, todos mis pasados. Prácticamente todos mis hermanos nacieron en esa aldea."
Y hablando del paso del tiempo cuando uno envejece: "se está en una especie de pasado eterno. La mayoría de las personas que fueron importantes para nosotros ya no están aquí, de manera que, y voy a decir algo que es evidente, los muertos son más numerosos que los vivos".
28.6.23
El cielo
Jorge Santayana el otro día en La Lectura a vueltas con una recopilación de textos editados por el Santander. Descubro ahora no sólo que era español, sino que, además, era hijo del zamorano Agustín Ruiz de Santayana. Estos versos: "Yo fío en ese cielo, cuyos astros perennes / me envían sus mensajes como antes a mis padres". Todo ello referido al cielo castellano de Ávila, tierra en la que pasó parte de su infancia.
La vida y el cielo.
La vida.
31.5.21
Muchos textos en uno
Es un libro bonito la Feria de Ana Iris Simón, un recuerdo de una España que se va. Y una mirada crítica a un presente eterno que, lo veo en mis chavales, vive solo de festivales, sellos en el pasaporte y ocio como sustituto de la vida. La vida es la infancia, nos recuerda la autora, que se atreve con temas prohibidos para las mujeres de izquierdas. Su visión sobre la madre y su amor (La madre está siempre condenada al reproche porque es el amor primero coma el amor puro y el dolor sobrevenido de no poder ser el otro coma de no poder ser 1 con el otro coma imposible siempre de satisfacer. La decepción primigenia viene, como el amor primigenio, de la madre).
Su visión sobre la mujer y el feminismo (para gustar los hombres tienen que hacer pero a nosotras nos basta con ser) ya que, como dice en un párrafo memorable, el ideal de la belleza femenina, el de la novia cadáver, lo gestionan hombres homosexuales. Sus disquisiciones sobre la patria y el mito de la identidad internacionalista. Su desprecio sobre la izquierda divina (Nada nuevo bajo el sol: señoritos diciéndole al pueblo lo que el pueblo es), su crítica a lo que ve en su generación (No tener más identidad que la estupidez).
Y esa mirada sobre los mayores (Los abuelos no deberían morirse nunca) que comparto plenamente, porque soy quien soy porque soy nieto de quién soy y sigo cazando charrelas con el Ché en el sierro cien años después, ¿Verdad hermanu?), y sobre la paternidad (Uno es padre porque no podía no serlo).
En fin, que todos venimos de un linaje mítico, pero son muy pocos los que saben contarlo.
Un buen libro. Que vacuna contra el cinismo, el gran mal de nuestro tiempo.
25.2.21
Lucía y la infancia
Esta maravillosa pieza con la que Lucía Méndez nos premió a los lectores el sábado sobre la familia, la paternidad / maternidad y la infancia. Este párrafo: "El arrepentimiento de la soberbia llega el día que nacen los hijos y, de la noche a la mañana, se pasa de hijo a padre. Ya no pides la mano de tus padres. Ahora eres tú quien tiene que dar la mano y cuidar a la nueva familia. La orfandad es lo peor".
Y léanselo entero, porque la última frase es (para muchos) una verdad tan incómoda como lapidaria...
28.12.20
Los abuelos y su memoria
Este diciembre hizo ya treinta y cuatro años de la muerte del mi abuelo materno, el tío Manuel. Esta reflexión de Ignacio Peyró en su dietario, a propósito del suyo: Me aterra que el tiempo vaya limando lo poco que me queda de él: su olor, su voz. Esa figura castellana, lejana y digna ...
En octubre hizo también veinticuatro años de la muerte de la mi abuela paterna. Y vuelvo con Peyró y con su abuelo, y recuerdo que la mía, que murió como el suyo y cuya infancia fue también la de una huérfana de madre “Pasó los últimos meses una una inopia de demencia feliz, como un desquite de una vida en la que había abrazado todos los rigores, devuelto a esa infancia en la que no había tenido madre".
Como la mí abuela. Como la de tantos de nosotros.
29.4.16
Reflexiones de Grass
25.11.15
Ideas de negocio
La vi el otro día en algún periódico. Somos monos que fabulan. Hace años que pienso que hace falta una wikipedia para las vidas normales. Para que todos aquellos que quieran puedan dejar la huella de lo que fueron. Para que el olvido no consuma lo que fuimos.
Si lo único que nos separa del resto de la creación es que soñamos, la muerte no debería arrebatarnos lo que fuimos.
9.5.14
El Estrecho
Y mientras enfilamos Ceuta recuerdo aquellas conversaciones a la lumbre con mi abuelo: "me adelantaron la quinta por Annual" y allí marchó, a servir en la "Comandancia de Artillería de Montaña de Larache". Casi tres años en el Protectorado, sin volver por casa, asistiendo al capitán José Iglesias Varela. Deseando que lo hiriesen para poder volver a España. Tres años estuvo allí y volvió ileso "los muertos colgados de los árboles", eso no se olvida. Como tampoco olvidó nunca aquellos hechos de armas en los que participó, tal y como reza su expediente militar: "Fedan-Domi-Tarrarut, Fetel-Burhasem, Mederah y Dal el karía".
Llegamos al puerto...
15.3.13
Se reunieron los nietos, y fue para mirar hacia delante...
10.12.12
Los bisabuelos para el recuerdo
22.11.12
De la sociedad civil a la melancolía (I)
17.11.12
En días como hoy...
26.10.12
Melancolías...
25.10.12
Esponjas (una anécdota sin más trascendencia)
8.6.12
Hablar por hablar
2.4.12
En nombre de todos los míos...
Llego a la mi tierra. Me recibe el buen tiempo. Una constante. Me preguntan por mi padre. Tiene que cuidarse. Me lo dijo tal, que lo habían ingresado. Y viene, o qué va hacer. Dale un abrazo de mi parte. Nos alegramos. Nosotros ya no estamos para esfuerzos. Lo llamé el otro día y hablé con él. Los vi en Madrid. Es que es muy sanabrés, y claro, no se da cuenta.
Notar el calor de la comunidad. A veces es asfixiante. Pero algunas veces, como esta, reconforta.
Notar el calor de la comunidad. Notar el calor del mundo premoderno. Notar el abrazo de la gente que te conoce desde pequeño y que te ubica como ubicó hace sesenta años a tu abuelo y hace cuarenta a tu padre.
Es lunes. Me bajo al Mercado. Habrá que tomar unos vinos con los amigos y ver si le compro a Lauru las cuatro cajas de cartuchos que le debo desde aquella batida en el sierro, en el verano de 1925.
23.3.12
Volver a los orígenes
Acabé los Orígenes, de Maaolouf. Es la segunda vez en pocos meses que leo un libro que debería de haber escrito yo; ya me pasó con el libro de Uribe. Yo sólo tengo veneración por lo escrito, dice el autor al inicio. Cada familia tiene una historia. Todas, no sólo las ricas o las socialmente importantes. Hay que preguntar. Y para preguntar hay que tener cierta curiosidad intelectual. Cuando a uno le amueblan la mente sobre la base de cuadrículas, es posible que nunca sepa la cantidad de cosas que no ha llegado siquiera a vislumbrar. El proceso siempre es el mismo. Hay un origen mítico en nuestra vida. Un origen que intuimos de niños, a la luz de las brasas. Algunos lo olvidan para siempre. En otros, el origen permanece como una señal a la que volver. Una señal sobre la que interrogarse. Quiénes fueron mis padres. Aún más, quienes fueron mis abuelos. Y mis bisabuelos. De dónde llegaron, por qué se fueron. Cómo he llegado a ser. El proceso yo lo inicié hace años. Era un agosto tranquilo y Manoluá, nuestro franco más querido, me fue haciendo de cicerone por aquel viaje al pasado. Empecé por la Sanabria que luego Lauru me descubrió zanquilla. Y seguí por La Casa del Barrio. Entre medias, un viaje a la Argentina, otro a Huelva, con un jamón al hombro, un viaje del campo a la ciudad y una historia de maltratos. Historias alegres, trágicas, historias que son como la vida: complejas y enrevesadas.
El viaje no ha terminado, pero ya siento que me conozco algo mejor. O al menos algo más.
Un viaje.
PS: Joseph Pérez escribió en su libro “Los judíos en España”: "Los judíos solían llamar kahal a los barrios en los que vivían, y esta sería la etimología de la palabra catalana call, versión latina del original hebreo que encontramos más tarde en el castellano calle".
12.3.12
A vueltas con los orígenes
Historias. Me las cuenta Manoluá, nuestro franco más querido. La búsqueda de las orígenes, como en el libro de Maaolouf que ando devorando El tío Francisco. Uno de los cuatro hijos del Perdíu. El mayor. Marchó al País Vasco. Ahora suponemos porqué, aunque hayan pasado ya más de ciento veinte años. Padre ha muerto, y madre. Una tragedia de la que conviene no hablar. Toca a los dos varones trabajar. Paco se va a Somorrostro, probablemente a las minas, a trabajar duro. No se olvidó de la tierra. Ni de la familia, por dios, cómo iba a hacerlo, era el hermano mayor. Mandaba envases viejos y hojas de lata. Su hermano Pedro iba a buscar los envíos a León. Quizá ahí empezó el negocio de ferretero. Las dos mujeres acabaron vinculadas a la Iglesia. Había que comer. Josefa marchó de ama con cura. Carmen se fue de monja. Durante la terrible guerra civil la sacaron desnuda los milicianos a la calle. Era religiosa y aquello era un delito.
No conocí a ninguno de los cuatro, claro. A Paco se le perdió el rastro enseguida, en cuanto a la memoria familiar, me refiero. Quizá uno de sus hijos muriera en las portillas en un accidente de tráfico antes de la guerra, pero esto tampoco está claro. En la familia se perdió su pista. No sabemos nada de sus descendientes, a los que imagino alejados de sus orígenes. Quizá haciéndose perdonar, tantos años después, un apellido tan maqueto como de Barrio.




