Mostrando entradas con la etiqueta Elicia. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Elicia. Mostrar todas las entradas

25.10.12

Esponjas (una anécdota sin más trascendencia)


Somos esponjas. Y lo somos durante toda nuestra vida, pero sobre todo lo somos en la infancia. Somos una parte nuestra, íntima, quizá genética, y somos también el ambiente que nos rodea…

Si yo no viniera de La Casa del Barrio, si no viniera de los comerciantes del Mercado, no sería lo que soy. Ni sería quien soy. El caso es que íbamos caminando por el Cosmocaixa el otro día. Tener de tío al Perdidaco tiene algunas ventajas y varios inconvenientes. Ir el sábado a un museo puede ser las dos cosas a la vez. Elicia caminaba detrás, hablando con su amiga, Little Burrull. Iban a entrar a una actividad sobre planetas para niños. Le dijo a su amiga  mientras entraban: “un museo es un lugar mágico”. La frase que le susurré al oído  el día que entró al Prado por vez primera.

El ejemplo nos construye.

26.9.12

De los clásicos y de los modernos...


Fuimos a ver la Exposición de Blake. La modernidad de algunos autores es desconcertante. Algunas de las imágenes podrían ser de principios del XX. O de ayer mismo. Un autor desconocido para mí. Esos vacíos en la pintura. Una exposición bien organizada, que muestra me lleva de la mano para enseñarme la influencia que el autor ha tenido en el arte inglés desde su muerte.

Regresé, por cierto, al Nacional del Prado. Pero esta vez iba con una compañía especial. Intentamos nos ser pesados y que la visita no se hiciera larga. Sólo un paseo por la Sala 12, la que guarda la mirada del Conde Duque, la que te hace sentir que el espectador es la persona a la que está pintando D. Diego. Y acercarnos un momento a saludar a Goya. Acercarte a los maestros con sólo cinco años. Descubrir la magia, tan pronto. 
Bienvenida a este mundo Elicia…

4.6.07

Elicia

Vivir no es entrar por gusto en un sitio previamente elegido a sabor, como se elige el teatro después de cenar, sino que es encontrarse de pronto y sin saber cómo, caído, sumergido, proyectado en un mundo incanjeable: en este de ahora. Nuestra vida empieza por la perpetua sorpresa de existir, sin nuestra anuencia previa, náufragos en un orbe impremeditado. No nos hemos dado a nosotros la vida sino que nos la encontramos, justamente, al encontrarnos con nosotros. Un símil esclarecedor fuera el de alguien que dormido es llevado a los bastidores de un teatro y allí, de un empujón que lo despierta, es lanzado a las baterías, delante del público... Pues se halla sumido en una situación difícil sin saber cómo ni por qué, en una peripecia; la situación difícil consiste en resolver de algún modo decoroso aquella exposición ante el público, que él no ha buscado, ni preparado, ni previsto. En sus líneas radicales la vida es siempre imprevista. No nos la han anunciado antes de entrar en ella -en su escenario, que es siempre uno concreto y determinado-, no nos han preparado.

Ortega y Gasset, J.: “Meditación de nuestro tiempo” en Obras Completas, XII, pág. 35

(Ayer nació Elicia, mi primera sobrina. Sus ojos dibujaban ayer la sorpresa de existir de la que hablaba Ortega. Lógicamente, este post sólo puede estar dedicado a ella: ¡bienvenida!)