30.9.12
Llovía, aquella mañana también llovía (y II)
29.9.12
Llovía, aquella mañana también llovía (I)
Llueve, y me abandono al placer de sumergirme entre legajos que me acercan a otras vidas. Uno también necesita evasiones de vez en cuando. Llueve. Los papeles, melancólicos, me llevan lejos en el tiempo. Muy lejos. En mi tierra no había nada, sólo frontera. Estamos a principios del siglo XVI. Mire donde mire, sólo veo judíos, recién llegados algunos, viejos amigos otros, escondidos todos...
Llueve. Los papeles me hablan de un pleito. Viejo. María Pacheco y su hija doña Beatriz litigan con el poderoso Conde Alonso Pimentel, hijo de María y hermano de Beatriz. Herencias. Sus riñas son antiguas como el mundo. El cielo estaba gris, como hoy.
María era una Pacheco. Nada menos. Hija del poderoso marqués de Villena. Grandes en Castilla. La habían casado con Rodrigo Alonso Pimentel, primer Duque y IV Conde de Benavente en 1466. Un buen matrimonio. El marido había muerto en 1499. Los papeles del pleito me hablan. La Pacheco asegura que después de la boda “ganaron y adquirieron, mejoraron e multiplicaron entre ellos ciertos vasallos en Sanabria y asimismo labraron la fortaleza de Sanabria y cercaron la villa”.
Llueve. La lluvia se huele desde el pergamino. Su hijo el Conde Alonso se defiende. Aquellos vasallos no los ganaron sus padres; si llegaron a ser propiedad de los Benavente fue “por mercede que de ellos le hizo la católica reina doña Ysabel, porque estos vasallos fueron confiscados a su Real Corona, por crimen y delito de trayción, crimen Lesa Maiestatis, cometido por Diego de Losada”.
Levanto la vista y me parece estar viéndolos; aquellos Losada, aquel Diego…
PD: en recuerdo del padre del mi Maestro Lauru, que debió de llegar a la nuestra tierra con los suyos por aquellas fechas y cuyo hijo sabe, como yo, que las personas, cuando mueren, van al corazón de aquellos que los recuerdan...
22.9.12
Nere Etorrera lur maitera
16.2.12
Algo de historia...
Algo de historia. Una gente de Santiago de la Requejada inauguraba una exposición en Huertas. Hasta allí nos acercamos. Santiago es un pueblo querido, aunque a mí, tantos años después, ya me queda lejano. Ahí nació El Perdíu. En relación a su vida, Miguel Torga, ese autor al que sólo leemos nosotros, no hubiera puesto en marcha una bitácora, sino que hubiera escrito un relato que hubiera empezado así: Cuéntame la historia del mundo como si fuera la historia de tu tierra, me dijo ella una tarde de otoño. Llovía y yo tenía apenas quince años. Llevo más de veinte años obedeciendo.
Verán, el padre del Perdíu, Pedro de Barrio de Prada, había nacido en Rozas, y se casó, quizá era febrero, con Manuela Losada, supongo que de Santiago, y marchó a vivir al pueblo de su mujer. Barrio, un apellido judío. Un zanquillas ¿verdad Juan de la Cuesta, impresor de Puñoenrostro?, Allí, en Santiago de la Requejada, nació Miguel de Barrio Losada. El Perdíu. El hombre que se casó en Robleda con María Rabanillo, de Triufé. “Lo único que le gustaba era cazar”, alcancé a oírle a alguien, una vez, a la luz de la lumbre, hace ya muchos años. Un final trágico. Uno de sus hijos, mi bisabuelo, quedó al cargo de un herrero, que fue quien le enseñó el oficio. Aún recuerdo a mi abuelo domando el hierro en la fragua. Repaso las fotos de la exposición y voy imaginando las cosas que debió de ver hará ya más de ciento cincuenta años Miguel de Barrio mientras se hacía un hombre: la fuente, la Iglesia, la fiesta del patrón... Las cosas han cambiado y la exposición muestra ese tránsito del mundo premoderno a la modernidad que tantos disgustos nos está dando. Aunque soy un tímido de libro, acabo presentándome y hablando con la gente de las Asociación. Aún me espera alguna sorpresa...
PS: [...] “lamentarse / es sólo comprender / la verdad demasiado tarde”
Syjuco, Miguel: Ilustrado. Barcelona, Círculo de Lectores, 2011. Página 249.



