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13.5.14

Un librazo, ya en la web

Un trabajo de autor. Un fino estilista, mi caro amigo. Recopilar, mientras los demás miran. Hacer, mientras todos sestean. Las canciones de Senabria. Aquellas canciones que cantaban los abuelos y que forman parte del patrimonio de una tierra pobre y olvidada. Septiembre en el serano. El libro puede comprarse también en edición digital en La Casa del Libro. De manera legal, porque los esfuerzos hay que pagarlos. No se lo pierda, desocupado lector. Alguna de estas canciones, como el Romance de la Pastora, son una magnífica metáfora del ciclo de la vida.

Más información sobre Manu Otero, sobre el proyecto de las canciones y sobre la música tradicional rayana.

Disfrútelo, desocupado lector...

12.1.13

Un secreto, este sábado, por ejemplo


Trabajos bien hechos, ya lo conté aquí. Los amigos de La Casa de Zamora editaron un disco con música popular zamorana. De manera secreta le confieso, desocupado lector, que me enamoré de una de las canciones: el romance de la pastora. Un romance recogido en Pedralba en 1986 y que mi padre recuerda de cuando era pequeño. Una historia sencilla, con el paso del tiempo como eje. Un romance que empieza con una pastora llegando al alba y termina con ella muriendo una vez que “florecieron los campos”.

La vida pasa, aunque nosotros no nos damos ni cuenta. Y todo seguirá existiendo igual el día que ya no estemos. Lo dijo el Tano hace muchos años. Al fin y al cabo, nadie hablará de nosotros cuando hayamos muerto.



Una delicia de canción

Escúchela con tranquilidad. 


PS: chocos y percebes, como si estuviéramos a la orilla del mar...

10.3.11

Un predicador en el Midwest cantado en eusquera a ritmo de rap...

Hacerse mayor es aprender a interpretar códigos de tu infancia. Ir resolviendo misterios: porqué suceden las mareas, qué es la regla, de dónde vienen los niños…

Uno no termina nunca de hacerse mayor. Jamás. Siempre hay códigos que volver a interpretar, o misterios que resolver. Así este pasado finde. De un lado, una película, La noche del cazador, dirigida en el cincuenta y cinco por Laughton y protagonizada por un estelar Robert Michum. De otro lado, un grupo vasco, Negu Gorriak, que fue donde acabaron los hermanos Muguruza tras disolverse Kortatu. Yo tenía, perdonen, dieciséis años. Un álbum sacado en 1990, el primero, que llevaba por título el mismo nombre que el grupo. Una canción, Radio Rahim. Una melodía pegadiza (pinche y oiga, no se corte…). Una letra que no dejó de impactarme durante años: “Tenía visto, / amor y odio, / tatuado en los nudillos. / Pero para liarte / a puñetazos tendrás / que revestirte los dedos. / Y algunas veces / golpear con el amor / y otras, en cambio, / hacerlo con el odio. […] / Así es la vida, / haz lo que debas…

Esa imagen del amor y el odio tatuados en los nudillos. Nunca supe de dónde venía, pero era tan poderosa que no dejé de pensar en ella durante años.

Este finde lo entendí. Ben Harper, el enloquecido predicador al que da vida Mitchum en La noche del cazador, recorre la traumática Norteamerica de la Depresión de los años treinta con las palabras Hate (odio) y Love (amor) tatuadas en los nudillos de sus manos izquierda y derecha respectivamente.

Por fin lo cuadré.

Así es la vida, lo he pensado tantas veces estos años. A veces hay que golpear con el amor y otras, en cambio, hay que hacerlo con el odio. Hacer lo que uno debe. El verso seco, amargo, de hacerse mayor. Saber que hay cosas que salen mal, y que no hay segundas vueltas para arreglarlo porque la vida, mítico Llorenç, es eso que pasa mientras haces otras cosas

Buena película. Cómprela o pídala prestada, pero no se la baje pirateando, desocupado lector.