El Perdíu era en realidad un oscuro nativo de Santiago de la Requejada, que se casa con Maria Rabanillo una viuda "rica" y al que una versión hace origen del hundimiento de esa "tan rica casa" (de ahí lo de ser “un perdíu”)" que se comió la fortuna de la familia dedicándose a su gran pasión, la caza. Pedro, el hijo, marchó en realidad a casa de un herrero de Ferreros a aprender el oficio, no de Cervantes, como yo decía. En realidad El Perdíu tuvo cuatro hijos, no los tres que yo tenía localizados: Francisco, el que se fue al País Vasco, Josefa, el abuelo Pedro y Carmen la monja, la más joven, que murió en Pamplona y a la que la unos piquetes izquierdistas, durante la Guerra Civil, echaron desnuda del convento, (cosas de la memoria histórica, que tiene para todos.)
Acaba su correo Manoluá diciéndome: “era impensable ir al Mercado y no pasar por casa de tu abuelo... aunque se fuese a comprar a otros sitios[…] En todo caso fue todo un PERSONAJE, digno de una interesante biografía y, estoy convencido: un SER BUENO”
Y yo, al leerlo, sonreía...
PS: “En el pueblo, su abuelo sabía dónde moriría, el cementerio en el que lo incinerarían, el río sobre el que esparcirían sus cenizas; sabía que los amigos y los primos con los que había crecido estarían cerca de él hasta que muriera. El urbanita no tiene tal confianza en la durabilidad de las relaciones".
Molina, Cesar Antonio: Lugares donde se calma el dolor. Barcelona, Destino, 2009. Página 552



