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27.2.14

Apuntes (los toros)

La consideración de los toros como fiesta nacional es motivo de análisis en el libro "Ser españoles". Es un buen ensayo este de Rafael Núñez Florencio, con varias pistas de interés no sólo sobre el mundo del toreo, sino también sobre las identidades. En relación a lo primero, es bueno saber que la fiesta, tal y como la conocemos hoy, es también de antes de ayer. Ahí cito, literal, de la página 436

[...] "la afirmación de Álvarez Insua cuando sostiene taxativamente que "el toreo tal y como lo conocemos nace y se desarrolla a lo largo del siglo XVIII"

Pero tiene otra parte muy interesante el artículo y que resume, quizá mejor que ningún otro parágrafo del texto, la idea del "atraso secular" y de la "expecionalidad española". Está en la página 456 del libro:


"La construcción de la moderna identidad nacional se realiza en España tomando como referencia los parámetros de los países más avanzados de Europa occidental, particularmente Francia e Inglaterra. Ello implica, como han argüido destacados historiadores, el reconocimiento de una situación de atraso en inferioridad, asumida explícitamente como tal incluso magnificada (recuérdese el tópico de la decadencia desde el XVIII). Dicho en otros términos, se generaba una situación -más o menos subjetiva, pero fácilmente detectable los escritos del período- de inseguridad, debilidad y dependencia de la valoración extranjera. Ahí se inserta el mito de la España romántica con toda su fuerza y ambivalencia: atraso, rudeza, violencia, ignorancia y fanatismo, por un lado; autenticidad, pasión, viveza, generosidad y valentía, por otro".

Todo un mito cultural, insertado dentro de otro mito cultural. El hombre es un mamífero que fabula.... 

11.8.10

Hacia el este

Marché hacia el este, hacia el valle del Vidriales. Un grupo de zamoranos se junta desde hace años a comer y a veces los acompaño. Esta vez almorzamos en Morales, a cuenta de la generosidad de la alcaldesa. El viaje es corto, y placentero, aunque un tanto irreal. Allí los amigos, Joao, ingeniero y presidente, y Juanantonio, bodeguero fino. Cada vida, una historia. A los postres sale la política, a cuenta del tema de los toros en Cataluña. Me da igual, la verdad, y ya no sé cómo decirlo. Estoy cansado de los nacionalistas catalanes. Estoy cansado de Cataluña como entidad. Estoy cansado de debatir con ellos, estoy cansado de intentar salvarlos. ¿Les prohíben los toros? Pues que se jodan y que voten otra cosa ¿No pueden escolarizar a sus niños en una lengua universal? Pues que se jodan y voten otra cosa. Esta es una democracia y la gente vota opciones. No votar es una opción, pero también tiene sus consecuencias. No estamos ya para salvar a nadie de sí mismos. Todos estos estúpidos conceptos culturales, nación española, nación catalana, son en realidad conceptos de aquel lejano planeta, Tlön, que Borges imaginó en su libro Ficciones. No sé cómo dejamos que nos consuman tanta energía. Una disputa de finales del XIX a inicios del siglo XX. El mundo girando hacia el oeste, como Toynbee pronosticó, y nosotros debatiendo payasadas. Estoy cansado, la verdad. Cansado de que se crean algo como colectivo. Cansado de que se consideren europeos y nos consideren a nosotros cavernícolas. Reivindico mi derecho a vivir en el postnacionalismo. No me interesan las naciones, ni la mía ni la de los otros, así de claro. Y si la nación española me resulta algo lejano, la vasca o la catalana me resultan, directamente, risibles. Tengo que intentar que mis lealtades sean éticas, no étnicas. No sé si voy a conseguirlo. Sólo las lealtades personales han de poder se premodernas. Ese es el reto.

Hace calor. Gran parte de la tarde leyendo.

PS: "En la mitología del catalanismo, Francia había sido siempre una aspiración. Es decir, una antítesis. De España, naturalmente. Francia eran las luces, la cultura, la modernidad, la república; España, todo lo contrario".

Pericay, Xavier: Filología catalana. Memorias de un disidente. Barataria, Barcelona, 2009. Página 74

24.2.09

El post que escribiría hoy si yo fuera un hombre consciente

Si fuera un hombre de izquierdas, políticamente consciente y no un alienado neoliberal, escribiría hoy un post cultural que dijera algo así como:

La semana pasada fuimos a ver Slumdog Millionaire. Buena película. Es duro ver reflejada tanta miseria.

El jueves nos acercamos al Ateneo a ver la presentación de Inventario, el último libro sobre la obra de Jesús Hilario Tundidor. Versos de la desolación (Todos / somos un viejo ejército, / un achacoso ejército vencido / un ejército triste sin banderas ni nombre).

El viernes, tras acompañar a Jimena a recoger un premio por su gestión profesional en la empresa que abandonó en enero, nos acercamos a ver el Carmen de  Sara Baras, el último regalo de navidad que nos quedaba por ejecutar. Un espectáculo absolutamente plástico. Hay algo inabarcable en la conjunción que forman el baile, el toro y el flamenco. Un par de escenas me pusieron los pelos de punta. Cada vez voy teniendo más claro que taurófilo es de las pocas cosas serias que se puede ser ya en España.

El domingo, en fin, me llevé a mis padres a ver El curioso caso de Benjamin Button. Otra buena película, aunque Jimena discrepe de mi valoración. Un cuento sobre la vida, su levedad el paso del tiempo.

En cualquier caso, como no soy hombre de izquierdas, y todos sabemos que la cultura es patrimonio exclusivo de la izquierda, paso del tema de puntillas y prefiero no escribir este post.

 

PS: "Los fondos para la educación eran ya de por sí mínimos.[…] El enfoque  de Mao consistía en no elevar el nivel de educación de la sociedad en general, sino centrarse en una reducida élite, principalmente en ciencias y en otras materias “útiles”, y dejar que el resto de la población no pasara de ser una mano de obra esclava analfabeta o semianalfabeta". Chang, Jung y Halliday, J: Mao. La historia desconocida. Taurus, Madrid, 2006.  Página 516