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29.4.14

La epopeya marrana

Sostiene Gabriel Albiac en La Sinagoga vacía que Espinosa es la "cristalización teórica de una pérdida absoluta de identidad". Forzados a mantener una religión en secreto, fueron muchos los judíos peninsulares que se acabaron apartando no sólo de la suya, sino de cualquiera de las religiones. El descreimiento de los judíos españoles o su abierto escepticismo, como narra Albiac, estuvo también detrás de la expulsión. Una cosa es creer en el Dios de Abraham, y otra no creer en nada. Y no creer en nada era algo inconcebible en aquel mundo...

Por eso, en 1492 abandonarán los reinos de la Monarquía algo más que unas docenas de miles de súbditos. Algo más. Como asegura Albiac (Página 70) con maestría:

"En sus aspectos personales, la expulsión tiene caracteres de un dramatismo, las más de las veces, desgarrador. En su dimensión económica, social y cultural, constituye, sencillamente, una catástrofe en el proceso de formación de la España moderna. Las patéticas caravanas de judíos, que los cronistas de la época nos han descrito con minucia, se llevaban consigo algo más que cosas, familias y dinero producto de bienes malvendidos: la esperanza misma del nacimiento de un Estado moderno abandonaba con ellos el horizonte español, en el momento mismo en que el oro de América iba a apuntar los albores de la "acumulación originaria" sobre una castillo de guerreros y eclesiásticos. Se inicia la modernidad."

Aquella Castilla de las ciudades y el comercio. Aquella Castilla descreída. Aquella Castilla con la que quizá soñó Pedro I. Aquella Castilla que marchó a Portugal, aunque muchos quedaran emboscados en la mi tierra y en la suya Raya... 

29.8.10

Paseando por la Sanabria, en busca de las huellas de Men

Subimos hasta el pinar de Vigo. De Vigo de Sanabria, claro. Ahora hay allí una casa vieja, de los años cincuenta o así del siglo pasado. Pero el pinar de Vigo en uno de esos lugares mágicos que tanto abundan por la Sanabria. No sólo tiene la mejor vista sobre Nuestro Padre El Lago, sino que, además la leyenda sitúa allí la casa de Men Rodríguez de Sanabria.
Men Rodríguez. El primer sanabrés que apreció en la historia con datos claros. Leal vasallo de su rey Pedro el Justiciero, el amigo de los judíos. El hombre en torno al cual se arremolinaban los sectores más dinámicos de la Castilla del XIV. El último rey legítimo en estas tierras. Men Rodríguez, el hombre que no lo abandonó nunca. Jamás. El hombre que prefirió el exilio antes de ponerse al servicio de un rey no sólo bastardo sino también ilegítimo. El hombre que mantuvo la bandera del rey muerto en esta zona. El hombre que acabó en Portugal, amigo de los judíos, y que desapareció de la historia después de ver como un rey felón le arrebataba la Sanabria para entregársela a los arribistas Losada.

Men Rodríguez. Si uno fuera dado a la épica lo imaginaría pensativo, al oscurecer del otoño, desde donde ahora está el pinar de Vigo, mirando al lago, antes de partir a la llamada de su señor.

Hacía calor y eran casi las tres de la tarde, pero no pude dejar de cantar, en bajito y para mí mismo, aquella canción que a Men le hubiera gustado compartir con nosotros, tantos años después: “It was a long time coming – but / I knew I'd see a day / When you and I could sit down / And have a drink of Tanqueray”. No te apures, quizá, después de todo, también la cantemos algún día nosotros, sentados en un escaño, a la lumbre, mientras atardece.

PS: […] como escribió Paul Valéry, “la belleza convierte un objeto en un enigma”. Molina, Cesar Antonio: Lugares donde se calma el dolor. Barcelona, Destino, 2009. Página 467