Mostrando entradas con la etiqueta expulsos. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta expulsos. Mostrar todas las entradas

9.1.15

¿Y si hubiera sido así?

Sigo con Toledo la despojada, la obra de Félix Urabayen rescatada por la Diputación homónima gracias al empuje del sabio toledano Jesús Fuentes. 


Hablando de la Puebla, la de Montalban, dice el narrador: "La expulsión de los judíos sólo fue aquí una simulación histórica. Acaso la orden de los Reyes Católicos llegar en papel de oficio, y ya se sabe lo que los municipios hacen con las circulares de los ministerios. 


La Puebla. 

Todas las pueblas, ¿verdad hermanu?

29.4.14

La epopeya marrana

Sostiene Gabriel Albiac en La Sinagoga vacía que Espinosa es la "cristalización teórica de una pérdida absoluta de identidad". Forzados a mantener una religión en secreto, fueron muchos los judíos peninsulares que se acabaron apartando no sólo de la suya, sino de cualquiera de las religiones. El descreimiento de los judíos españoles o su abierto escepticismo, como narra Albiac, estuvo también detrás de la expulsión. Una cosa es creer en el Dios de Abraham, y otra no creer en nada. Y no creer en nada era algo inconcebible en aquel mundo...

Por eso, en 1492 abandonarán los reinos de la Monarquía algo más que unas docenas de miles de súbditos. Algo más. Como asegura Albiac (Página 70) con maestría:

"En sus aspectos personales, la expulsión tiene caracteres de un dramatismo, las más de las veces, desgarrador. En su dimensión económica, social y cultural, constituye, sencillamente, una catástrofe en el proceso de formación de la España moderna. Las patéticas caravanas de judíos, que los cronistas de la época nos han descrito con minucia, se llevaban consigo algo más que cosas, familias y dinero producto de bienes malvendidos: la esperanza misma del nacimiento de un Estado moderno abandonaba con ellos el horizonte español, en el momento mismo en que el oro de América iba a apuntar los albores de la "acumulación originaria" sobre una castillo de guerreros y eclesiásticos. Se inicia la modernidad."

Aquella Castilla de las ciudades y el comercio. Aquella Castilla descreída. Aquella Castilla con la que quizá soñó Pedro I. Aquella Castilla que marchó a Portugal, aunque muchos quedaran emboscados en la mi tierra y en la suya Raya... 

18.5.13

En Lorca


Íbamos al Parador de Lorca, decía, aunque sería más exacto decir que íbamos en realidad a ver a un amigo. Así somos las personas que nos movemos, aún, con lógicas premodernas: las personas siempre antes que los lugares, el individuo siempre por encima de su identidad...
Un edificio magnífico este del Parador. Un recuerdo para el futuro de cuando fuimos un país rico. Un país de tonto el que estudie, con lo que se gana en la obra. 

El Parador se ubica  en el recinto amurallado de lo que un día fue la alcazaba de Lurqa. Integrado a la perfección en su entorno. Las obras de construcción, dilatadas en el tiempo, sacaron a la luz los restos de la Sinagoga mejor conservada de España, así como una parte de la vieja aljama lorquina. Emociona pasar por el recinto. Suelos que no se habían vuelto a pisar desde el siglo XV. Suelos originales. Una vez expulsos los judíos, nadie quedó a vivir allí, por miedo a ser tenido por marrano, y un manto de tierra y de silencio cubrió aquella parte del recinto. Y mientras paseo y le cuento a la ruinacha leyendas sobre lo que estamos viendo, pienso en mis queridos Lauru y Chisun. Habrá que venir algún día aquí, sólo por el placer de presentar nuestros respetos...

Almorzamos tras recorrer el Parador de la mano de un cicerone tan profesional como generoso. Un sitio hermoso, donde refugiarnos de estos días de incertidumbre convertida en miedo y que duran ya demasiado: una carta excelente, un buen servicio. 
Un buen almuerzo. 
Un buen día.

PS: (el año que viene, en Jerusalén...)