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7.6.22

Impecable

Trapiello, ayer en El Mundo, a vueltas con la guerra y la memoria del rojerío estatal: "Al fin y al cabo, como tantos otros, Preston considera que las responsabilidades de los vencidos quedaron saldadas con la derrota. Explicar el terror franquista sin tener presente el terror rojo es igual de absurdo que contar el golpe del 36 sin tener en cuenta el del 34. No se trata de justificar, sino de entender, algo difícil. Tal como hicieron Chaves Nogales o Unamuno cuando les tocó hablar de hunos y hotros.

Corral y Junco tratan de entender. Preston, paradójicamente, solo quiere justificar a los hotros hablando perrerías de los hunos. "

La maldita guerra de España...

9.2.22

La tercera España

Me puse, en filmin, con El hombre que estaba allí, un corto sobre Chaves Nogales. Uno de los nuestros. Un tipo fascinante, cuya estatura gana -mucho- con los años. El corto es escaso, pero es que creo que sabemos poco de él. 



Con cuarenta y seis años escasos murió, víctima de una peritonitis.

25.8.14

Orgullosos de su historia

Son tremendos los comunistas españoles. Ahí está el tal Garzón, compitiendo ahora con Pablo Iglesias por ver quien es más joven. Y ofreciendo argumentos de peso en cada entrevista. Cada vez que le ponen un micro cerca, reivindicándose como comunista. El otro día en el pais decía el tío literalmente (he tenido que leerlo un par de veces, para ver que no era una errata, que no se ve dentro de Podemos ya que es más útil IU en tanto que ellos, y es literal, dice "tenemos una historia: la del PCE". 

Yo no sé si esta gente se cree lo que dice o es sólo para provocar. En el año 2014 hay gente con estudios que reivindica con orgullo la historia del Partido Comunista de España. Y no, no son viejecitos ya con la cabeza ida, no. Son gente de treinta años...

Leer para creer. 



25.6.13

El final de Sanz Briz

El final oscuro de Ángel Sanz Briz. Un hombre incómodo. Para todos. Asegura Arcadi Espada que cuando Israel se separó del franquismo, el régimen lo olvidó. No convenía airearlo airear sus hazañas en nombre de la “tradicional amistad de España con el mundo árabe”. Para la izquierda, era inverosímil que un régimen surgido de una guerra, ilegitimo y hasta fascista en algunos momentos, organizara una política de Estado para salvar ciudadanos judíos. 

Quizá ahí resida la clave de su olvido: esa España, que llaman tercera, capaz de incomodar a los tirios y a los troyanos.

Esa España.
Cercana.
Honrada.

Mi única patria, si es que tengo alguna.




PS: Manuel Chaves Nogales dijo: “Yo era eso que los sociólogos llaman un pequeño-burgués liberal, ciudadano de una república democrática y parlamentaria”.

3.1.13

Hombres buenos para empezar el año


Salen de refilón también en el libro de Andrés Trapiello los hombres decentes. Hubo muchos durante la guerra, aunque entre los intelectuales, me temo, hubo menos que entre el resto de la ciudadanía. Casi todos acabaron de una u otra manera cerca de la tercera España, la mía. Aquel Moreno Villa, autor de la vida en claro. Aquel Jiménez Fraud, director de la Residencia, que abandona Madrid en el verano de 1936 para no volver. Aquel Carlos Morla, diplomático chileno que tantas vidas salvó y a los que los vencedores trataron de olvidar enseguida y al que Neruda intentó chantajear cuando la guerra terminó. Aquel José María Chacón, otro diplomático que arriesgó su vida para salvar otras. Pero también aquel Chaves Nogales, del que ahora vamos sabiendo poco a poco, o de aquel Salazar Chapela, el hombre que decía la verdad....

Aquella España que en aquel horror ni encontró banderas bajo las que luchar ni refugio donde cobijarse.

Aquella España.

La única de la que sentirse compatriota. Incluso orgulloso compatriota.


PS: Escribe Carlos Morla en algún lugar que: “Recibo una llamada de Pablo Neruda y de Manolín Altolaguirre. Pablo es de un egoísmo y de un ensimismamiento abrumador, y si reconozco que es gran poeta, es persona no poética”. Citado por Trapiello, Andrés: Las armas y las letras. Literatura y guerra civil (1936-1939). Círculo de lectores, Barcelona,  2011. Página 116

18.6.12

Voces frente a los lugares comunes....



Hay una línea de lecturas, inmune a las fronteras del tiempo y del espacio, que me acompaña desde los años de la República.

Una línea que principia (no sé si las líneas comienzan, amigos ingenieros, pero en mi bitácora mando yo, con la complicidad de mis desocupados lectores) en Manuel Chaves Nogales, la tercera España, liberal por carácter, a la que llegué de la mano tanto de mis amigas de Fronda como del bueno de Jesús. Una línea que continúa en George Orwell, atraviesa como un rayo la oscuridad del franquismo y llega hasta Arcadi Espada, pasando primero por Savater y luego por Xavier Pericay.

Así que cuando Pericay, para homenajear a Savater y su “compromiso con la verdad”, escribe una Tercera en ABC titulada “A vueltas con la verdad”, en la que habla de Chaves Nogales y de Orwell, es evidente que la lectura es obligada.

Es de lo poco que vale la pena leer. El resto, lugares comunes  e indigencia.

De nada, desocupado lector.



PS: Pericay escribió: Al fin y al cabo, ese «pequeñoburgués liberal» —como se definía el propio Chaves Nogales en el prólogo del libro— era antes un demócrata que un republicano, por lo que no ignoraba que no encontraría acomodo en ninguno de los dos extremismos en liza, fuese cual fuese el que terminara por imponerse.

16.9.11

Un recorte de periódico suelto...

Andaba recogiendo la habitación antes de volver y tropecé con un recorte de periódico del verano pasado. Esa habitación con un pegote verde montado desde la indiferencia que da el saber que te estás yendo de un sitio y que asusta cuando estás llegando. Lo debí de apartar para leer y ahí se quedo, mudo y silencioso a lo largo del año. Lo recojo y salgo a la pradera, a sentarme un minuto y leerlo. Lo recuerdo bien. Los recuerdo bien. Dos exiliados en Inglaterra. Aquella tercera España. De Chaves Nogales ya he escrito aquí y acabé leyendo muchos artículos en un regalo misterioso del cumple de 2010 que permanece aún a la espera de firma en mi estantería. De Barea he de decir que sólo he leído la fantástica forja de un rebelde, que me ayudó a terminar de hacerme un mapa de la terrible guerra de España. Ellos dos, junto con Salazar Chapela, otro exiliado, forman parte de esa España que sufrió el exilio por parte de todos, por parte de los hunos y por parte de los hotros. Y que lo siguen sufriendo tantos años después, en forma de olvido, por parte de todos nosotros.
Dos autores. Gente honrada. Aquella España que no pudo ser.
Esa España de la que me siento ciudadano y de la única de la que permito, en los días de nostalgia, con una segrams en la mano, enorgulleceme. Todos tenemos nuestras debilidades.

PS: mañana a celebrar, ahora que andan con lo de cargarse las provincias, lo zamorano en nuestras vidas. Cómo entró de repente, quizá para quedarse. No se lo pierdan.

3.6.08

Cuando lo que unía era el espanto

Nueve historias. Narradas A sangre y fuego por Manuel Chaves Nogales. Nueve reflejos de un tiempo y de una vida en un país. Más de cien militares fusilados en el patio de una cárcel en Madrid para saciar la sed de venganza de las milicias republicanas. Un hijo fusilando a su padre. Rafael, un señorito andaluz, que sale de caza por el territorio liberado por el ejército franquista y que, acabada la misma, se exilia a Gibraltar. Muertos y más muertos en la búsqueda de la quinta columna en Madrid. Las milicias, auténticas bagaudas, sembrando el terror por la retaguardia republicana, frente al empeño de hombres buenos por mantener el orden. Arnal, un comisario experto en arte que intenta poner a salvo de la guerra los tesoros de los pequeños pueblos castellanos y acaba volviéndose loco ante los horrores de la guerra. Soldados moros luchando y muriendo en un largo camino que va de las tierras de Ávila a la Ciudad Universitaria. Tan lejos del monte Atlas. El estallido de la guerra, un día como otro cualquiera, en un pequeño hotel de la sierra madrileña: el rencor acumulado entre los clientes y el servicio. La cobardía de los hombres. De tantos hombres. De la izquierda y de la derecha. Bigornia, un gigantón anarquista, muerto conduciendo un tanque ruso; soñando con un mundo mejor para su prole. La dictadura, en fin, de un Consejo Obrero sobre una fábrica. La tiranía de disponer sobre la vida y la muerte de los otros.
Un “pequeño burgués liberal” escribió una vez un libro. En el año treinta y siete. En el exilio. Esa tercera España que a Zapatero y a tantos otros le parece imposible. Y que existió. La que no estuvo ni con los golpistas ni con aquella “República de trabajadores”. La España a la que no unía ni la Iglesia, ni el comunismo, sino el espanto.

PS: “Me fui cuando tuve la íntima convicción de que todo estaba perdido y ya no había nada que salvar […]. En mi deserción pesaba tanto la sangre derramada por las cuadrillas de asesinos que ejercían el terror rojo en Madrid como la que vertían los aviones de Franco […]”. Chaves Nogales, M:
A sangre y fuego. Espasa Relecturas, Madrid, 2001.Página 16.