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16.9.11

Un recorte de periódico suelto...

Andaba recogiendo la habitación antes de volver y tropecé con un recorte de periódico del verano pasado. Esa habitación con un pegote verde montado desde la indiferencia que da el saber que te estás yendo de un sitio y que asusta cuando estás llegando. Lo debí de apartar para leer y ahí se quedo, mudo y silencioso a lo largo del año. Lo recojo y salgo a la pradera, a sentarme un minuto y leerlo. Lo recuerdo bien. Los recuerdo bien. Dos exiliados en Inglaterra. Aquella tercera España. De Chaves Nogales ya he escrito aquí y acabé leyendo muchos artículos en un regalo misterioso del cumple de 2010 que permanece aún a la espera de firma en mi estantería. De Barea he de decir que sólo he leído la fantástica forja de un rebelde, que me ayudó a terminar de hacerme un mapa de la terrible guerra de España. Ellos dos, junto con Salazar Chapela, otro exiliado, forman parte de esa España que sufrió el exilio por parte de todos, por parte de los hunos y por parte de los hotros. Y que lo siguen sufriendo tantos años después, en forma de olvido, por parte de todos nosotros.
Dos autores. Gente honrada. Aquella España que no pudo ser.
Esa España de la que me siento ciudadano y de la única de la que permito, en los días de nostalgia, con una segrams en la mano, enorgulleceme. Todos tenemos nuestras debilidades.

PS: mañana a celebrar, ahora que andan con lo de cargarse las provincias, lo zamorano en nuestras vidas. Cómo entró de repente, quizá para quedarse. No se lo pierdan.

3.9.08

Lecturas agostiles (II)

Fue Kaplan el que me descubrió los libros de viajes. Permite conocer lugares a los que quizá uno no vaya nunca. Hace algunos meses Jimena me regaló, en un paseo que dimos por Blanquerna, la librería que el gobierno catalán ha abierto en Madrid, el viaje de Arcadi Espada por el Ebro y por el mediterráneo.

El libro es abrumador. Son tantas las claves y tantas las reflexiones que uno se ahoga, literalmente, entre sus páginas. Los pantanos, la llegada del siluro en los setenta. Belchite el viejo. El horror de una guerra. La compleja relación de Zaragoza con su río, con unos parques y unos paseos cuyos bancos están puestos de espaldas el agua. La obra de Marín Bagüés, las crecidas del río, las idioteces de Costa. El fantasma del regadío como solución a todos los males de Aragón. Las aventuras de mi paisano D. Alonso Quijano, el bueno. La política del Conde de Aranda. El canónigo Pignatelli. Cemento en Yesa. LA batalla de Clavijo. El fantasma del petróleo burgalés. Antoni Coch, el lúcido ingeniero que pergeñó el PHN. Un tal Arrojo, un demagogo que en España ha llegado a profesor de Universidad, hablando del turismo rural como alternativa económica al trasvase.


Las mejores reflexiones, creo yo, llegan cuando el autor se encamina hacia la ruta que hubiera seguido el trasvase. Da con muchas claves. Que la agricultura en España es absolutamente falsa es una de las primeras y más interesantes. Nos lo permitimos porque ahora somos ricos, pero es un auténtico despilfarro. La clave del éxito de Benidorm. La clave de Marina d´or. Las bobadas de aquel nacional-socialista valenciano llamado Fuster. La vida de Salazar Chapela. La reivindicación de Blasco y Sorolla como dos modernos frente a la vanguardia, considerando el nacionalismo como la vanguardia más extrema.
La lectura, pienso al acabar Ebro/Orbe, no es más que una conversación diferida entre dos personas que quizá no se conozcan. Ahí reside su encanto.

PS: Cuando las palabras no tienen la medida justa del concepto, ocultan más que evidencian. “Episodios de la vida de un hombre” en Espada, Arcadi: Quintacolumnismo: Págs. 184-186. Página 185.