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16.7.07

El nombre de las cosas

- La misma izquierda que le pone el nombre de una diputada comunista que veraneaba en la Rumanía de Ceaucescu a un parque en San Fernando de Henares.-

- La misma izquierda que le pone el nombre del fundador del partido socialista a un Centro Cívico en Alcobendas.

- La misma izquierda que le pone el nombre de Karl Marx a una plaza de Coslada.

- La misma izquierda que le puso el nombre de un racista como Sabino Arana a una calle en Barcelona.

- La misma izquierda que le pone el nombre de un Centro Cultural en Rivas a la tal Pilar Bardem.



Esta misma izquierda, digo, se ha negado esta semana a que unas becas del Parlamento Europeo lleven el nombre de Loyola de Palacio, que fue ministra del gobierno Aznar y vicepresidenta de la Comisión europea antes de que un traicionero cáncer se la llevara por delante el verano pasado. Esta izquierda nuestra, tan molona, tan moderna y tan democrática, se ha negado argumentando que era un nombre “muy politizado”. Ya saben, lo de la paja en el ojo ajeno y la viga en el propio.


Habría que darle al partido socialista, y a la izquierda española en general, un par de raciones de nombres “muy politizados”. Para que supiera lo que han parecido a los que no somos de izquierdas su forma de actuar durantes estos años. Ocupando de manera sectaria el espacio público, que es de todos, ante la mirada acomplejada de la derecha. Pero los del pepé no se atreverán, no vaya a ser que les llamen fachas. Pues con dos cojones, a rebautizar ese Centro Cívico de Alcobendas con el nombre de Jean François Revel, por ejemplo, o haber cambiado el nombre de esa plaza en Coslada, que pasaría a llamarse Karl Popper. A ese teatro, Mario Vargas Llosa, a aquél auditorio, Carlos Alberto Montaner. A ese Instituto, llamarlo Friedrich Von Hayek, a aquel premio literario Jorge Luis Borges; a esa avenida, Alexis de Tocquville, a esas becas Raul Rivero; a aquel certamen, Ludwig Von Misses, a ese puente, Cánovas del Castillo; a esa sociedad pública, Laureano Figuerola.


En fin, quizá lo más divertido es saber que el encabezó la oposición es un tal Martínez, destacado puntal de la dictadura cubana en Estrasburgo. El típico idiota que le sigue llamando “revolución” a la corrupta cleptocracia cubana. Ver para creer. Eso sí, ¿adivinan de quien es hijo uno de sus asistentes?. Cómo me gustan estos socialistas que tanto ladran contra la monarquía y los derechos hereditarios…