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5.4.10

Pero me busca y busca...

Hay una escena fantástica en Historia de un crimen, la película que recrea el proceso creativo de una de las mejores novelas del siglo XX. Truman Capote y Harper Lee están entrevistando a los amigos de los Clutter mientras recopilan material para lo que luego será A sangre fría. En medio de una enorme planicie cerealística de Kansas, un vecino hace reflexión brutal, magnífica y aterradora, las tres cosas a la vez:I´ve always believed that whenever you do something right it gives you a little bit of weight so that you come to feel rooted to this earth, you know?. Solid. Secure. Now what scares me is that well, sometimes, out of nowhere a bad wind blows up. Now it could be cancer, could be drink, could be some woman that don´t belong to you. And despite the weight that´s holding you to the ground, when that wind comes, it picks you up light as a leaf and it takes you where it wants. We´re in control until we´re not. Then we´re helpless."

Joder, qué identificado me he podido sentir. Y no sólo yo, que, como Vallejo, “La veo en las esquinas, se abre y cierra / su veste, antes palmera interrogante... / ¿Qué podrá hacer sino cambiar de llanto? / Pero me busca y busca. ¡Es una historia!

PS: En fin, lector, no haga demasiado caso de mis reflexiones. Ya sabe que todas las generalizaciones son falsas. Incluida esta.

23.3.10

Cine y literatura

Estuve viendo Historia de un crimen. Decía el otro día que siempre he sido un tipo bastante esnob, cuando se trata de la literatura norteamericana del XX. Ya ven, nadie es perfecto. Me fascinó A Sangre fría como me fascinó, ya lo dije, El guardián entre el centeno. La película cuenta cosas que Truman Capote no cuenta en su obra; básicamente su confusa relación con uno de los asesinos y el proceso de elaboración de la obra. Cómo este libro cambió a Capote. Aquello fue el final, en cierto modo, de su vida creativa. Un autor devorado por su obra. Una buena película para ver, en cualquier caso, después de haber leído el libro.

Me queda tanto por leer, tanto por ver, que temo no tener tiempo. Me da miedo olvidar las cosas hermosas que veo y que he leído. Me da miedo perderlas, como me da miedo no poder compartir. De hecho, tal vez, lo que más miedo me da es no tener con quien compartirlo. Igual el final de cualquier relación humana es eso, cuando ya no quieres o puedes compartir cosas. Quizá la soledad sea sólo eso: no compartir lo que quieres con la gente a la que quieres. Aunque quizá todo se me atenúa porque yo, como Vallejo, también sé, ya lo sé, que hay una persona / que me busca en su mano, día y noche, / encontrándome, a cada minuto, en su calzado.


PS: “I´ve always believed that whenever you do something right it gives you a little bit of weight so that you come to feel rooted to this earth, you know?. Solid. Secure. Now what scares me is that well, sometimes, out of nowhere a bad wind blows up. Now it could be cancer, could be drink, could be some woman that don´t belong to you. And despite the weight that´s holding you to the ground, when that wind comes, it picks you up light as a leaf and it takes you where it wants. We´re in control until we´re not. Then we´re helpless".

2.9.09

Lecturas agostiles (III)

Ya sabe el desocupado lector de esta columna lo que me cuesta leer novelas. Son algo menor; papelillos podría llamarles de manera despectiva. El entretenimiento de los vagos, si me apuran; la novela es al ensayo un poco lo que el folio holandés al folio normal, como decía Ramón de España: un entretenimiento que hace pensar a los escritores haraganes que escriben como fieras. Además, no es sencillo encontrar buena novela; de hecho creo que la última decente que he leído ha sido La piel fría, hace ya un par de años.
El caso es que Jimena llevaba tiempo recomendándome A sangre fría, de Truman Capote. Al final la metí a última hora en la maleta antes de partir para Finlandia. La novela, o lo que sea, es sencillamente magnífica. Todo un descubrimiento. Qué bien escrita. Y qué entretenida. El brutal asesinato acaecido en 1959 en Holcomb sirve al autor para trazar un magnífico relato / retrato sobre los asesinados, los Clutter, y los asesinos, dos psicópatas apellidados Smith y Hickock. Las dos caras no sólo del sueño americano, sino también del ser humano: la ética del trabajo frente a la ética del quinqui, tan celebrada por cierto por nuestras autoridades. Ustedes no dejen de leerla y yo no dejaré de revisar algunos de mis tópicos sobre la novela y sobre los novelistas norteamericanos; siempre he sido bastante despectivo con ellos, la típica postura, imagino, de erudito a la violeta.

Es lo malo de leer, que se te joden las certezas.

PS: […] "no cuesta mucho deducir de todo ello que el hombre dejaría de leer novelas con cuarenta años recién cumplidos. Es decir, como manda la tradición. La buena".
Pericay, Xavier: Filología catalana. Memorias de un disidente. Barataria, Barcelona, 2009. Página 40