Me puse con la Revista de Occidente de enero. La llevo con mucho retraso, pero no hay más. Irrelevante la parte de los espías, la verdad, pero bien interesante lo de Garrocho, a vueltas con la verdad.
Me quedo, de todo el número, con "El retorno de la verdad", de Garrocho, y algunas reflexiones de interés: La posverdad no es una mentira, sino que constituye una afrente a la posibilidad misma de distinguir entre verdad y mentira.
Más adelante sostiene el autor que "La posverdad es un fenómeno que solo se justifica si exacerbamos el construccionismo que, in nuce, puede reconocer en aquellos textos. Si la realidad es una construcción social, si todo cuanto existe es consecuencia de una interpretación política y si no existe ningún criterio independiente de nuestras creencias a la hora de entender qué cosas ocurren en el mundo, estaríamos condenados a naufragar en un mar de interpretaciones indistinguibles en su valora epistémica y democrático."
A vueltas con el italiano: Gianni Vattimo escribió en su Adiós a la verdad que la verdad es incompatible con la democracia. La tesis de Vattimo es que si existiera una verdad ésta no tendría por qué someterse a deliberación o refrendo (siguiendo un razonamiento que por cierto hicieron suyo no pocos regímenes totalitarios)
Más: Las democracias necesitan confiar en el juicio experto y distribuyen las capacidades de decisión y magistraturas en base a ciertas autoridades epistémicas. El prestigio de las universidades, la fiabilidad de las cabeceras de periódico o la credibilidad de quienes ostentan cargos públicos, como la judicatura, son ingredientes esenciales para la construcción de [un] espacio de opinión publica saludable...
Sobre las redes sociales y tal: "No es exagerado señalar que sin los sistemas de refuerzo del sonido ciertas formas de totalitarismo se habrían hecho imposibles. Es posible que sin micrófonos el fascismo no hubiera existido, ya que no se habrían dado las condiciones técnicas o materiales para celebrar encuentros en los que las malas pudieran enardecerse por miles..."
La coda: No tiene sentido añorar el mundo analógico, pero sería una imprudencia no hacernos cargo de los riesgos de la apuesta acrítica que se ha realizado por la innovación digital. Gran parte de los peligros políticos, sociales o relativos a la salud mental que hoy enfrentamos encuentran en la tecnología su condición de posibilidad.




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