Esto de Pablo Jarillo, el otro día en El País, explica bien el fracaso colectivo de la universidad española desde la Transición: "Muy pocas instituciones tienen interiorizada una meritocracia radical. En ninguno de los comités del MIT en los que he estado se le ha pasado a nadie por la cabeza no darle la plaza al mejor. Es inconcebible. Y es muy distinto decirlo que vivirlo, cuando tienes que analizar el caso de un colega tuyo. Conoces a su familia, a sus hijos, tienes amistad y, en una votación, te toca decir: “A esta persona hay que despedirla, porque, aunque es muy buena, no es extremadamente buena, que es el baremo que tenemos aquí en el MIT para quedarte como investigador”. Hay muy pocos sitios donde la gente esté dispuesta a hacer esto. Es muy incómodo."
Y no va a mejorar, con la izquierda dando la tabarra con que la meritocracia es una cosa franquista...




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