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2.2.24

Animales y misterios

Rematé el Evangelio de las anguilas. Una hermosa reflexión sobre lo que conocemos y lo que no podemos conocer. Con la excusa de ese animal misterioso, ligado a su cultura familiar, el autor desarrolla un ensayo sobre el paso del tiempo y los entornos culturales que le dan sentido. Pese al naufragio cuando habla del caso vasco -le sorprendería saber que en Orio gobernó la derecha españolaza durante años- el libro es bueno y la historia es fascinante...

No se lo pierda, lector.

30.8.23

¿Qué era el mar?

Sigo con El territorio del vacío. Algunas notas sobre la imagen que el hombre tenía del mar antes de la llegada del mundo moderno. 

En el siglo XVII y para el famoso teólogo inglés Thomas Burnet, (1635-1715), “La linea de la ribera no es de hecho más que es una ruina; lo que explica sus irregularidad y la incomprensible, disposición de los arrecifes que la bordean. Inútil buscar aquí ningún orden. Radicalmente inestéticos, en buena teología, el mar y su orillas, no pueden datar de la Creación; imposible que sean el resultado del trabajo original de la naturaleza. El océano es solo un recipiente abismal  de detritus…”

También en el siglo XVIII la visión del océano -líquida madriguera de los monstruos, es un mundo condenado en cuya oscuridad se devoran entre sí las criaturas malditas- sigue siendo negativa. Para los hombres de aquel tiempo “el caótico océano, desordenado envés del mundo, estancia de los monstruos, aparece como una de las insistentes figuras de la sinrazón…”. Un mundo -en fin- el que el mar se asocia con la locura.

Para los hombre del mundo previo a la modernidad “el gris océano invernal, lúgubre y frío, sintetiza las formas del miedo.” Incluso en las zonas ribereñas, sostiene Corbin: “las poblaciones que las habitan comparten esa imagen repelente [...] mejor que en cualquier otro lugar, es sobre todo en esa orilla donde el cristiano puede contemplar los vestigios del diluvio, meditar sobre el antiguo castigo…”.