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2.5.25

El paso del tiempo y la presencia del pasado

Los geólogos ven el mundo de otra manera, ya lo aprendí en el Territorio del vacío. El otro día venía en el periódico una entrevista muy interesante con una geóloga. Varias ideas:

1. Todos tememos nuestra mortalidad, pero las rocas nos reafirman en la idea de que el pasado no es menos real que el presente

2. Las escalas y nuestra mente. Las rocas que nos rodean, dice Bjornerud, nos dicen que el cambio ocurre a veces por violencia, pero sobre todo por paciencia; que la supervivencia implica la capacidad de resistir, y la sabiduría para reconocer que el mundo puede cambiar en un solo día. Uno de los muchos milagros de la mente humana es que puede representar escalas de existencia radicalmente diferentes a la suya: el interior de un átomo, la cara oculta de la Luna, los Pilares de la Creación, la era Paleozoica..

3. En fin, y olvídense de marte. Bueno, creo que podríamos aterrizar allí y explorar. Pero colonizarlo y convertirlo en algo parecido a la Tierra es irrelevante y peligroso. El peor día en la Tierra será mucho mejor que cualquier cosa en Marte. Y esto se debe a una falta de comprensión y respeto por los hábitos a largo plazo de la Tierra. No se pueden diseñar para que existan. Son producto de una evolución. La Tierra está llena de componentes móviles, muchos de los cuales ni siquiera entendemos. Los microbios realizan la mayor parte del ciclo geoquímico, y ni siquiera sabemos cuáles hay, como para exportarlos de repente, o en un par de generaciones humanas, a otro planeta. Me deja sin aliento. Es tan arrogante.


7.8.24

La playa, agotada como fenómeno cultural

La playa comenzó a existir en el XVIII y terminará algún día, porque nuestra relación con el mar siempre ha sido de temor. Estos siglos serán un espejismo. Lo aprendí de Alain Corbin, un maestro. Y para muchos "Hoy la idea de que no hay verano sin mar, que creí eterna, ha caducado", sostiene Bárbara Blasco en esta columna tan hermosa de El Mundo, que termina con una vindicación de la España olvidada...

11.11.23

Cambios en la manera de mirar…

Rescatado del libro de Corbin: y sin embargo, el cambio en la manera de mirar el mar está ya en el barroco. Muy influenciado por las escrituras. En 1628, nos recuerda Corbin, Girard de Saint-Amant se retira a la bretona  Belle-Ille: allí el espectáculo de la salida del sol le recuerda a la Resurrección… Hay un cambio en el segundo tercio del siglo, es el mundo del Barroco, con unas élites obsesionadas con la “vuelta a las fuentes” sostiene Corbin.

Y poco más adelante, entre 1690 y 1730 llegan los físicos-teóricos, la teología natural, que cambian la forma de ver la naturaleza. No hay decadencia, es un reflejo de Dios y la tierra es el más perfecto de los mundos posibles: “La belleza de la naturaleza demuestra el poder y bondad del creador”. Y si empieza a sistematizarse el conocimiento del mundo natural -ahí está Linneo- es para conocer mejor el plan y el resultado de la creación...  

29.9.23

La primera playa

Sostiene Corbin en El territorio del vacío que “El primer paseo atractivo para el turista es el que va desde La Haya hasta Scheveningen”. Señala Corbin que es “un paseo muy atractivo para el turista” […] Un trayecto de aproximadamente media legua a través de las dunas.

Son los autores flamencos los que empiezan a modificar, a mediados del siglo XVII, el sentido y alcance de la playa. La escena costumbrista se transforma en paisaje litoral, los pintores adoptan otro punto de vista, toman altura, con lo que cambia, en efecto, la significación social del cuadro. Y aunque la playa continúa siendo el área de trabajo de los pescadores, la prolongación del espacio público, representa también el ritual del paseo urbano. Son los años, no es casual, de la edad de oro de la Marina, holandesa.

23.9.23

Los románticos y el mar

Sostiene Corbin, ya mediado el libro, que los románticos no descubrieron el mar, porque mucho antes de finales del XVIII, las riberas del océano se habían convertido en lugares de gozo y contemplación. De hecho, a finales de la década de 1750 eran multitudes las que iban a Brighton a disfrutar de los placeres del baño. No obstante, son los románticos los primeros en desarrollar un discurso coherente sobre el mar, los que enriquecen las formas de gozo de la playa y los que agudizan el deseo inspirado por está indecisa frontera. Podría decirse, en cierto sentido, que los románticos amplían el alcance de prácticas ya sólidamente establecidas

Su gran aportación quizá es que los románticos hacen de la ribera un lugar privilegiado del descubrimiento de Yo. Señala Corbin que "el individuo no viene ya ahí para admirar los límites, impuestos por Dios, al poder del océano; va en busca de sí mismo, espera, descubrirse en él, más aún, reencontrarse.

22.9.23

De un mar a evitar a un destino soñado

A modo de conclusión, sostiene Corbin: "Durante la segunda mitad del siglo XVIII, la totalidad de las playas mediterráneas provocan tristeza e incluso repulsión. A los viajeros llegados del norte no le gustan las estériles y descarnadas rocas, las ocres y pedregosas pendientes aplastadas por el sol.."

Por eso, señala Corbin, "Tendrán que transcurrir varios decenios antes que esta fatigada visión sea sustituida por otro sistema de apreciación. Para lo cual será necesario, a su vez que la relación con el sol, la arena cálida, el relieve calcáreo se convierta en seo que hoy representa para nosotros la imagen de la playa y el club de vacaciones. Lo cierto es que el aflujo de turistas a orillas del Mediterráneo es resultado de un conjunto de atractivos donde se mezcla, en una combinación hoy olvidada, la nostalgia de los tiempos antiguos, el deseo del descubrimiento arqueológico, la búsqueda de los paisajes de Rosa y Lorena, la esperanza de una curación, las dulzuras de una estancia de vacaciones en las alturas litorales y los encantos del paseo marítimo a lo largo de los promontorios refrescados por la brisa marina. El lector poco atento que desdeñe comprender todo esto podría incurrir en anacronismo". 

21.9.23

Hipócrates y el mediterráneo

Avanza el tiempo, nos enseña Corbin, y vemos que, durante la última década del siglo XVIII, el análisis que hace de las playas está muy influido por el neohipocratismo y el análisis de los cuatro elementos. Este análisis ofrece un resultado desolador para las playas del Mediterráneo. Así, y de acuerdo con las tesis de Thouvenel, "para desentrañar la complejidad del mefitismo de las playas que bordean el Mediterráneo, conviene considerar cada uno de los elementos, y no solamente la naturaleza de las aguas. En estos lugares, demasiado expuestos al ardor solar, la sequedad estival impide la depuración de la atmósfera. Las brisas o vientos de la tierra, que se levantan por la noche, acumulan a lo largo de la Ribera nieblas bajas y blancuzcas, cuyo espeso aire, húmedo y miasmático, constituye por sí mismo, un terrible peligro. El ardiente soplo procedente del mar, el sol que asciende por el horizonte y cuyo valor reverbera través de la arena y el agua, hacen sofocante el aire del mediodía. Lo peor no es que el fluido alcance así una elevada temperatura, sino que se espesa haciéndose menos elástico y más fermentable." 


17.9.23

Una nueva manera de mirar

El cambio, sostiene Corbin, fue pasar a una manera diferente de mirar:

  "Entre 1775 y 1800, más resueltamente aun que en el pasado, las clases medias se entregan a ese conjunto de prácticas culturales, que el gusto por la naturaleza campestre y la aparición de un sentimiento de orgullo por la patria chica estimularán todavía más...

14.9.23

Geólogos, romanticismo y modernidad

Sostiene Corbin en su inencontrable El territorio del vacío que "En el curso de la década de 1830, mientras aumenta el interés que pintores, escritores y público prestan a las riveras, Charles Lyell, el fundador de la geología moderna, cada vez más asombrado del poder erosivo del mar, atribuye un poder esencial en el diseño de los valles. [...] Lo que lleva a resaltar hasta qué punto es artificial, excluir la investigación científica del campo de la estética. Hace ya mucho tiempo que los historiadores han detectado el carácter romántico de la aparición de la geología"

Y otra explicación, entre catastrofismo y continuismo: "La revolución francesa relanza el catastrofismo, que pensaba el curso de la historia del globo a través de episodios dramáticos. A la inversa, la geología moderna fija, sólidamente, el sentimiento de lo efímero, la conciencia de la relatividad de las cosas. Para las élites francesas de la monarquía censitaria, obsesionados por el deseo de regresar al momento anterior al cataclismo, la observación geológica se transforma fácilmente en meditación nostálgica. La ruina telúrica sugiere la del orden social quebrantado, minado por los inevitables asaltos del tiempo. Para el hombre de ciencia que comprueba el lento desgaste del móvil arrecife y prevé su lejana desaparición, en la playa está escrito el fin de los antiguos órdenes."

13.9.23

El mar y los baños

A mediados del siglo XVIII, sostiene Corbin en El territorio del vacío: “Médicos e higienistas, al tiempo que producen conocimiento científico, dan la alarma y crean el deseo; su discurso produce, asume o codifica prácticas que, posteriormente, se les escaparán". 

Los médicos prescriben el mar para curar la melancolía, el gran mal del siglo. Con anterioridad, y a mediados del XVII, la nobleza inglesa se retira al campo y crece el rechazo de la ciudad, una nobleza amenazada en aquel momento político. 

A partir de mediados del XVIII, del mar se espera que remedie los males de la civilización urbana, que corrija los efectos perniciosos del confort. Se empieza a recomendar el baño frío, que se ve como una clave de la longevidad de los pueblos del norte. Ahí está la Historia del baño frío, de John Floyer, publicado a principios del siglo en 1702, y durante todo el siglo serán muchos los tratados médicos que recomienden el agua de mar para sanar el cuerpo y la mente. 

La moda del baño en el mar nace por lo tanto como un proyecto terapéutico. Hay años de dudas entre el balneario y su agua caliente y el mar y su agua fría, pero ya está la playa ahí y lo esta para quedarse. También la manera de bañarse es diferente para el hombre, que se lanza viril a la ola, de la mujer, que la recibe lánguida. Son los baños de mar que ya se celebran de manera terapéutica en Brighton en 1797. Durante ese siglo y en el mediterráneo, los baños son casi siempre solo masculinos, no como en las costas inglesas en aquel momento....

9.9.23

Las élites y el mar

Unas idea clave en el libro de Corbin: el mar ya era apreciado por las élites europeas en los años ochenta del siglo XVIII. El imaginario, a este respecto, ya había cambiado...

8.9.23

Las edades de la vida

Le escuché a Carmen Iglesias en la facultad, o quizá se lo leí, que la infancia es una creación de la Ilustración. Incide en esto Corbin en El territorio del vacío, asegurando que es en el siglo XVIII, cuando se produce el proceso de especificación de las edades de la vida. Durante ese siglo está naciendo el narcisismo y se está consolidando individualidad 

Y otra nota interesante: en la católica Francia, los baños en el mar producen, a principios del siglo XX, resultados similares a los de los milagros, quizá para que los posibles clientes entiendan bien la narrativa de lo que se está produciendo...

4.9.23

La Campania (la segunda playa)

Corbin y El territorio del vacío. Sostiene el autor que, aunque las costas italianas generan rechazo entre los viajeros del Grand Tour, a partir de finales del XVII  los viajeros se entusiasman con la bahía de Nápoles. Es el mundo del neoclasicismo y de las primeras excavaciones arqueológicas con una cierta lógica moderna. En este sentido, a mayores, Campania es el punto final del viaje, el final de Europa en realidad para unas gentes que consideraban Sicilia o Calabria como territorio africano. Un mundo en el que las élites cultas leen a los clásicos romanos y conocen que para ellos, las riberas de Campania simbolizaban la belleza. A ello hay que , como digo, sumarle las excavaciones que comenzarán de manera pronto-científica en el XVIII de la mano de los borbones españoles en el territorio de las dos Sicilias.

Un mundo en cambio... 

1.9.23

El barco como horror.

Cita Alain Corbin en El territorio del vacío otra obra suya de 1982 (Le miasme et la jonquille) en la que analiza el barco como “el lugar maléfico por excelencia. En sus entrañas de húmeda madera se acumulan las fuentes de fermentación y putrefacción; en el fondo del negro y hediondo pozo de la cala, la sentina concentra todas las miasmas. Se piensa que de los navíos surge frecuentemente la infección, asciende la epidemia. El barco en el puerto amenaza la salud de la ciudad. En el mar, pudre a los marineros. La travesía impone el escorbuto... La mar misma está podrida.” 

31.8.23

¿De dónde venía la imagen del mar?

Sostiene Corbin en su libro -un espectáculo, y llevo treinta páginas- que, aunque es cierto que la imagen del mar y de las costas está influida por la navegación moderna, tampoco debemos venirnos demasiado arriba: “Hasta 1770, por lo menos, los recuerdos extraídos de la literatura antigua y la lectura de la Biblia influyen más en el imaginario que los relatos de viajes exóticos.

Algo que se comprende fácilmente, solo con pensar en el número de horas que un individuo culto dedica entonces a las lecturas edificantes y a las obras griegas y latinas, en comparación con las que puedes dedicar a los libros de viaje…”

30.8.23

¿Qué era el mar?

Sigo con El territorio del vacío. Algunas notas sobre la imagen que el hombre tenía del mar antes de la llegada del mundo moderno. 

En el siglo XVII y para el famoso teólogo inglés Thomas Burnet, (1635-1715), “La linea de la ribera no es de hecho más que es una ruina; lo que explica sus irregularidad y la incomprensible, disposición de los arrecifes que la bordean. Inútil buscar aquí ningún orden. Radicalmente inestéticos, en buena teología, el mar y su orillas, no pueden datar de la Creación; imposible que sean el resultado del trabajo original de la naturaleza. El océano es solo un recipiente abismal  de detritus…”

También en el siglo XVIII la visión del océano -líquida madriguera de los monstruos, es un mundo condenado en cuya oscuridad se devoran entre sí las criaturas malditas- sigue siendo negativa. Para los hombres de aquel tiempo “el caótico océano, desordenado envés del mundo, estancia de los monstruos, aparece como una de las insistentes figuras de la sinrazón…”. Un mundo -en fin- el que el mar se asocia con la locura.

Para los hombre del mundo previo a la modernidad “el gris océano invernal, lúgubre y frío, sintetiza las formas del miedo.” Incluso en las zonas ribereñas, sostiene Corbin: “las poblaciones que las habitan comparten esa imagen repelente [...] mejor que en cualquier otro lugar, es sobre todo en esa orilla donde el cristiano puede contemplar los vestigios del diluvio, meditar sobre el antiguo castigo…”.

29.8.23

Miradas al pasado

Consigo al fin, maravillas del préstamo interbibliotecario, El territorio del vacío, de Alain Corbin, publicado en España en 1993 por Mondadori. Esta reflexión del autor, en el prefacio, de hace ya más de treinta años: "[... ] lo más grave par mí sigue siendo el anacronismo psicológico. Lo peor, sí, es la tranquila, abusiva y ciega certeza de la comprensión del pasado. [...] No hay otro modo de conocer a los hombres del pasado que el de intentar apoderarse de sus miradas, vivir sus emociones...".