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14.9.23

Geólogos, romanticismo y modernidad

Sostiene Corbin en su inencontrable El territorio del vacío que "En el curso de la década de 1830, mientras aumenta el interés que pintores, escritores y público prestan a las riveras, Charles Lyell, el fundador de la geología moderna, cada vez más asombrado del poder erosivo del mar, atribuye un poder esencial en el diseño de los valles. [...] Lo que lleva a resaltar hasta qué punto es artificial, excluir la investigación científica del campo de la estética. Hace ya mucho tiempo que los historiadores han detectado el carácter romántico de la aparición de la geología". 

Y otra explicación, entre catastrofismo y continuismo: "La revolución francesa relanza el catastrofismo, que pensaba el curso de la historia del globo a través de episodios dramáticos. A la inversa, la geología moderna fija, sólidamente, el sentimiento de lo efímero, la conciencia de la relatividad de las cosas. Para las élites francesas de la monarquía censitaria, obsesionados por el deseo de regresar al momento anterior al cataclismo, la observación geológica se transforma fácilmente en meditación nostálgica. La ruina telúrica sugiere la del orden social quebrantado, minado por los inevitables asaltos del tiempo. Para el hombre de ciencia que comprueba el lento desgaste del móvil arrecife y prevé su lejana desaparición, en la playa está escrito el fin de los antiguos órdenes."

24.7.18

Senderos (V)

Alguna idea más del libro de los Senderos del mar, de María Belmonte. Casi como memoria: los mamíferos marcan el terreno con señales y los sapiens lo hacemos con piedras desde hace milenios. Con ellas marcábamos además los lugares sagrados y  las columnas a la entrada de los templos rememoran a los árboles que crecían en aquellos espacios.

El abismo del tiempo: gran parte de los procesos geológicos requieren eones de tiempo y nosotros apenas vivimos unas décadas. y apenas tenemos memoria de los últimos cinco mil años.

Los olvidados: aquellos caballeritos de Azcoitia, o gigantes olvidados como Charles Lyell, el creador de la geología moderna.

La caliza, en fin,  como roca poética

Por cierto, le debemos nuestro gusto por los bosques, los desiertos o los mares a los románticos. Antes de ellos, eran lugares a evitar. Y posiblemente vuelvan a serlo en breve...

PS: "La aparente inmovilidad de las montañas y las costas no es más que una ilusión creada por la brevedad de la vida humana"